Relatos de Muerte con Sabor a Vida

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Corazon de plastico (segunda parte)

3

 

Despertó cuando un intenso olor a desinfectante se coló por sus fosas nasales, quiso levantar los brazos pero apenas logro mover sus dedos. La extraña sensación de estar prisionera en tu propio cuerpo invadió su mente y sin darse cuenta comenzó a hiperventilarse. Moviendo la cabeza de un lado a otro se dio cuenta de todas las agujas y cables alrededor suyo.

Una enfermera con una libreta en la mano cumplía su turno visitando las habitaciones de los internados, dejo caer la libreta al piso causando un ruido seco observando anonadada como en la última habitación  una pequeña niña se quitaba las intravenosas y forzaba a su cuerpo a ponerse de pie.

“no, no, no, no, aún está demasiado débil”

Cogió una inyección de morfina que siempre guardaba en uno de los bolsillos para casos de emergencia, inyectándola en el cuello de la paciente. El efecto fue casi inmediato.

— Mi abuelo, ¿Dónde está mi abuelito?

Susurro la pequeña antes de cerrar por completo los ojos. La enfermera se puso unos anteojos especiales inspeccionando cada parte del pequeño cuerpo, en especial el corazón.

Horas antes en ese mismo hospital Aurora llego en estado de emergencia. Después de un breve chequeo en una enorme maquina la enviaron de inmediato al quirófano. Todos los médicos estaban de acuerdo, se trataba de una cardiopatía isquémica en el corazón. El trasplante debía realizarse inmediatamente.

Uno de los médicos alcanzo a la familia en la sala de espera informándoles la situación y agregando que la operación era un trabajo sencillo y algo común en niños de su edad, resaltando principalmente los costos, comenzando desde el más caro (una impresión 3D del órgano producido de las células madres del paciente), el doctor no termino de enlistar los precios ya que fue interrumpido por el padre de Aurora — deme el más barato— dijo, sin una pisca de duda.

El doctor asintió.

Toda la rabia de Gustavo Espinoza se transmitió en un golpe duro contra la mejilla de su yerno, lo siguió golpeando incluso cuando este estaba en el piso. Apenas se defendía.

Algunas enfermeras y guardias lograron separarlos con dificultad, el anciano era más vigoroso que muchos de ellos.

— Yo pagare el mejor corazón posible, no le hagan caso a ese estúpido sin sentimientos. ¡Tú no te mereces el ser padre!

Gritaba mientas era sujetado.

— ¿con que dinero piensas pagarlo?

— venderé la casa si es necesario, ya sabré de donde sacar el dinero.

— Esa casa ya no te pertenece, desde esta mañana paso a las manos de tu hija. Solo necesitábamos tu firma y nos las distes cuando firmaste los papeles del seguro de Aurora.

— ¡me engañaron!

Miro primero a su hija con ojos suplicantes, pero ella no mostraba ni una pisca de arrepentimiento. Por primera vez en su vida era capaz de odiarla.

— Al menos denle un corazón decente. ¡No se dan cuenta que es su única hija!

— Es nuestra responsabilidad y como madre apoyo a mi esposo.

— Tú no sabes lo que significa ser madre— dirigió su mirada al doctor— que tan compatible será ese nuevo corazón y de que materiales está hecho.

— posee un sesenta por ciento de compatibilidad y está hecho de un polímero de alta masa de polieteretercetona.

— en simples palabras es un corazón de plástico, no me venga con palabras rimbombantes. En el pasado fui químico, aun si el cuerpo de mi nieta aceptara el trasplante moriría a los pocos años por la contaminación en su sangre. Qué clase de médicos envenenan a sus pacientes.

— Lo que usted dice no está comprobado científicamente— el doctor dirigio una fría mirada a los familiares antes de agregar— si eso es todo hare el papeleo para el nuevo corazón. Por favor escolten al anciano a la salida no podemos tener personas violentas dentro del hospital.

Los guardias y enfermeras lo sacaron a rastras ante la sonrisa de su yerno.

Las calles estaban desiertas, olvidadas del calor humano. El viento emitía un suspiro putrefacto. El mundo que había conocido en su niñez ya era un lejano recuerdo. Podría morir tirado en algún lugar y a nadie le importaría sin embargo el dulce néctar de la muerte debía esperar un poco más.

Después de la operación el trasplante fue aceptado por el cuerpo de Aurora, a los dos meses fue dada de alta. En todo ese tiempo no recibió la visita de su abuelo pero aun sabía que el la quería ya que le dejo su libro favorito “Moby-Dick” con una nota escrita dentro.

Mejórate pequeña y cuando lo hagas podremos terminar de leer la historia juntos.

Cada noche la tentación de agarrar el libro y leerlo era fuerte, no obstante solo le echaba una ojeada y lo dejaba reposar en su mesita de noche.

La impaciencia la domino el último día que pasó en el hospital, aun le dolía el pecho pero ya podía caminar, al abandonar lo que ella nombro como “la prisión blanca” se dirigió hacia su casa dejando de lado a sus padres.



fenix azabache

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En el texto hay: desamor, amor, esperanza y conflictos

Editado: 30.09.2019

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