Relatos de Muerte con Sabor a Vida

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EN LOS OJOS DE LA MUERTE (segunda parte)

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Deposito con delicadeza la llave en la vieja cerradura de su apartamento, el único deseo era llegar a su cuarto y enfundarse en las cálidas sabanas, pero para ello debía evitar encontrarse con su esposa con la que horas antes discutía por el móvil. La primera sensación que tuvo al ingresar fue la de una calma absoluta, tal vez ella había salido con sus amigas y tenía toda la caza para él. Atravesó la pequeña y ordenada sala y justo cuando se disponía a abrir su dormitorio la escucho salir de la cocina. Los inconfundibles y menudos pasos de la mujer con la compartía ya tres años de casados le causo un rotundo desasosiego.

— ¡tienes idea de cuantas veces te he llamado! Me cortaste de la nada y nunca me devolviste la llamada; Karen llamo y me dijo que había ocurrido un fuerte accidente cerca de tu trabajo y que por suerte solo un vagabundo había muerto, pero que había varios heridos. ¿Me estas escuchando?

Isaiah seguía de espaldas aun con la mano en el picaporte de su habitación. Por nada del mundo quería verla, vivir con el secreto de saber cuánto tiempo le queda a la persona que amas sería una enorme carga que algún día te aplastaría. Podía ser la más testaruda y berrinchosa de todas las mujeres con la que había estado, pero la amaba, amaba su sonrisa de consuelo cuando el metía la pata, amaba cuando a gritos y golpes lo animaba cada vez que quería rendirse, de verdad la amaba aun con todas las peleas que se arreglaban con suplicas, besos y regalos.

— ¡Mírame!— protesto ella cuando al darle vuelta percato que su esposo tenía los ojos cerrados— tenemos una pequeña pelea por el móvil y te pones así. Abre los malditos ojos o me voy de esta casa y no me veras en mucho tiempo ya que parece que eso es lo que quieres.

Palabras punzantes que debilitaron la resistencia de sus parpados.

— no puede ser

— ¿Qué no puede ser? hoy estas muy raro. Sé cuánto odias la casa de mis padres pero no es para que te pongas así, ha pasado años desde que no los veo y por nada en el mundo…

La mueca de susto en el rostro de su esposo la obligo a detener su monologo, pero rápidamente tomo la ofensiva

— Nada de lo que digas o hagas me detendrá en ir a visitar a mis padres, si tienes hambre hay asado en el microondas y sabanas limpias en la secadora, tienes todo el sofá para ti esta noche.

Lo dejo parado y casi petrificado, incluso el portazo detrás de él no lo perturbó.

— Un día, solo le queda un mísero día— pronuncio en su soledad.

Trato de comer y aunque el asado era la especialidad de su esposa no paso del segundo bocado. Pensó en la oscuridad de la noche pero no se le ocurría nada, sabia lo testaruda que era Azucena y el tratar de convencerla de quedarse en casa sería imposible. Ya no quedaba mucho tiempo y tenía que hacer algo. Pensó también en los eventos de esa tarde, en el vagabundo que desinteresadamente lo había salvado y que después posiblemente estaba muerto. Prendió su laptop ya que el móvil lo tenía estropeado y reviso las noticias de ese día hasta dar con el accidente; efectivamente relataban en un pequeño post la muerte de un vagabundo cuando un camión se había descarrilado por una falla en los frenos, lo que más le llamo la atención al seguir investigando fue la identidad del vagabundo, un importante abogado que tuvo una transformación repentina de la noche a la mañana y sus compañeros más alegados lo daban por loco, perdió a su esposa al poco tiempo de perder su trabajo y nadie lo había visto hasta ocurrido el accidente.

Siguió buscando información hasta la madrugada pero las noticias se repetían y los extraños números que veía sobre las personas solo eran nombrados en historias de terror creado por noveles escritores. Cansado y abatido por la angustia durmió un par de horas hasta escuchar el chirrido de la puerta contra el suelo, el sonido fue leve y pudo ver la sombra de su amada escabullirse en el baño.

Preparo un poco de café y se enfundo en su saco rojo. Tuvo que esperar un buen rato para que su esposa salga del servicio.

Se mordió el labio cuando vio el temporizador sobre la cabeza de su esposa, los segundos se esfumaban acortando las pocas horas que le quedaban.

¨ debo hacer algo, ¿pero qué?¨

Azucena lo miraba con frialdad y algo de compasión, suspiro largamente.

— no es necesario que vengas a la casa de mis padres llame a Karen y tiene libre la mañana, ella…

El beso en sus labios la sorprendió y aunque instintivamente trato de separar el contacto a medida que pasaba el tiempo fue cediendo. Fue un beso prolongado y apasionado, un beso que le recordó las primeras citas que tuvo con Isaiah, un beso que extrañamente le supo a despedida.



fenix azabache

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En el texto hay: desamor, amor, esperanza y conflictos

Editado: 30.09.2019

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