Nos pasó a nosotros

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Después de escribir (parte 2)

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Santo Domingo

8 de septiembre de 1971

Hoy se ha acercado nuestro vecino, el señor Miguel, y a cenado con nosotros. Se mostró muy cordial toda la velada. Apenas se fue mi mamá me advirtió que no dejaba de mirarme. Sospecha desde hace tiempo que el viudo gusta de mí, pero yo no comparto ese sentimiento. Es muy mayor para mí. No me importaría llegar a los veinticinco sin pretendiente, si estos llegasen a ser como el señor Miguel.

Se me acaba de ocurrir una historia: un hombre asesinó a su perro para callar los alaridos de su vejez, al reconocer lo excitante que fue maniobrar con el cuchillo y con la piel, comenzó con otros animales del corral. Incapaz de saciar su sed de sangre, el hombre atacó a su esposa. Ato sus manos a la espalda después de muerta (no tiene mucho sentido), la enterró en el patio e inventó que se escapó con otro.

Nunca había escrito nada tan osado, pero podría funcionar.

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Santo Domingo

11 de Septimbre de 1971

Miguelina, la muchacha de servicio de mi casa, me hizo una pregunta (tanto incómoda como desagradable). Me preguntó sí me casaría con el señor Miguel en caso de no haber ningún otro pretendiente. Yo le contesté que por mi parte no me casaría con ese señor, no soportaría ni una mirada de deseo venida de su parte.

Me hizo pensar en si sería posible quedarme solterona como mis dos tías, Clarisa y Cristina. Nunca tuvieron hijos y en parte culpan a la tía mayor, porque se volvió una amargada y se negaba a que un hombre la alejara de sus niñas.

La tía Clarisa tuvo peor suerte. Se fue con un hombre dueño de un conuco, le prometía un hogar y una vida alejada del yugo de su hermana mayor; pero, después de años de un matrimonio conformista, se dio cuenta de que no podía concebir y el tipejo la dejó por otra. Como no estaban casados legalmente fue cuestión de devolverla a su casa.

El tío Raúl tampoco cortejó a ninguna mujer con planes matrimoniales. Si era por él, probablemente jamás se hubiera casado. Tampoco es que fuera la mejor compañía para una mujer. Es trabajador, eso sí, pero muy bruto, y esa bruteza fue lo que ocasionó su condena. Lo obligaron a comprometerse con una jovencita de dieciséis años, a la cual embarazó... Por lo menos fue responsable.

Fue la tía Patricia quién tomó la iniciativa de mandarles construir una casita, justo en el patio, para que ellos dos pudieran vivir con privacidad, aunque no lejos de la familia.

Retomando. Como venganza, obligué a Miguelina a compartirme sus pensamientos sobre la tía. Me dijo que le parecía una mujer con muchos demonios. Yo ni me inmuté, tenía algo de verdad, la tía fue muy generosa con unos y una bruja con otros. De todos modos, la quería... O al menos eso creo, considerando que no podía jugar en donde ella estuviera. O la vez que me dio en el trasero con una vara sólo por sostenerle la mirada. Era una bruja realmente.

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Santo Domingo

13 de septiembre de 1971

Hoy fue un día difícil. Miguelina me ayudó a cambiarle la caja a Lucila. La gatita está muy barrigona y ya comienza a molestar. Miguelina me dijo que le extrañaba mi actitud odiosa, si quería tanto a mi gata. Yo no supe qué contestarle.

¿Yo, odiosa? Exageraciones de ella. Sólo no me sentía en condiciones de atenderla, me sentí de mal humor.

«Una mujer casada, en ocupación de criada, se enamora de su señor y se convierte en su amante. De esa manera planea como va a deshacerse de un matrimonio sin placer ni amor, mientras copula con su amante en la casa, en ausencia de los señores, y en la tranquilidad de la oscuridad».

Esa premisa se me acaba de ocurrir en este mismo instante. Creo que esta libreta es la de la suerte. Cada vez que escribo en ella siento inspiración y se me ocurren muchas historias.

Por lo demás, es una noche tranquila. Yo voy a apreciar la velada mientras desarrollo la historia.

Las palabras de Miguelina me dejaron muy triste. Pensándolo bien, hoy traté con brusquedad a mi bella gatita. La quiero tanto, no entiendo como pude apartarla así, y más sabiendo que está preñada.

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Santo Domingo

14 de septiembre de 1971

No puedo separarme de esta libreta; en tan poco tiempo que llevo con ella se me han ocurrido tantas ideas para escribir, que no me decido por ninguna. La llevo conmigo a donde quiera que voy: en el bolso, al parque, a la calle; en cualquier sitio se me puede ocurrir una historia.



Clem

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En el texto hay: misterio, antologia, cuentos

Editado: 22.08.2019

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