Relatos de un hombre incoherente

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Un narrador narrado

Me ha ocurrido algo muy extraño. Voy a comenzar por contar quién soy. Mi nombre es Román y tengo una compulsión por la escritura. Escribo cuentos más que nada pero también me gusta la música y escribo canciones. Trabajo de lo que puedo para subsistir. Mi vida consiste en pasar por crisis y salir de esas crisis. Creo que es lo que le da sentido. Sufro y hago que sufra la gente que tengo cerca. No soy un ser muy lúcido, y si lo soy, no actúo como tal. Hay momentos en los que soy muy sociable y muchos en los que no quiero hablar con nadie en el mundo.

Con esa pequeña descripción creo poder arrancar el relato de lo ocurrido.

Siempre escribo, siempre tengo algo en mente para escribir, lo que voy a contar ahora me pasó cuando escribía un cuento. Es probable que cuando lo lean piensen que mi obsesión por escribir pasó el límite de la realidad y quizás tengan razón, pero para mí fue real.

Comencé a sentir que las cosas que hacía ya las había vivido. Como si mi vida de un momento para otro fuera un déjà vu casi constante. Había algo que hacía que me diera cuenta de lo que ocurriría en un futuro próximo, podía anticipar algunos sucesos de mi vida cotidiana pero no era consciente del cómo. Empecé a sospechar que podía predecir el futuro inmediato. Unos segundos, a lo sumo un minuto antes de que pasasen las cosas, yo ya sabía qué pasaría

Una vez, llegaba tarde a un lugar que para mí era muy importante. En la parada había esperado media hora un colectivo que normalmente pasa cada cinco o diez minutos, y vi venir uno, el que tenía que tomar, pero cuando lo vi sabía que no pararía, que seguiría de largo. No es que lo creyera, estaba seguro, ya lo había vivido, el colectivo siguió de largo. Al final, como estaba demorado, decidí no ir. Tiempo después, al pensar en esa secuencia, me di cuenta de que ese lugar al que iba en realidad no tenía por qué ir, había anticipado el futuro, pero también algo raro para sumar es que estaba confundiendo mi vida. O sea, que iba a ir a un lugar y llegaba tarde pero nada tenía que hacer ahí. Las cosas se me estaban mezclando y la confusión se adueñaba de mis ideas.

Algo estaba cambiando en mí, y como mi imaginación puede llegar a los extremos más absurdos, en la ficción o en la vida real, comencé a pensar que estaba experimentando sensaciones de otra persona. Mi vida se mezclaba con la vida de otro. Lo que no me daba cuenta era que la respuesta la tenía a la vista.

Así que pasaron días de pura confusión, sabiendo lo que iba a pasar y averiguando las cosas que tenían que hacer los demás para ver si mi vida y mis sensaciones no estaban mezclándose con la vida de algún conocido. Nada, toda mi búsqueda era en vano. Seguía sintiendo que algo grande se apoderaba de mí, como si mi vida ya no fuera totalmente mi vida y con el tiempo sentía esa fuerza más grande y más real.

Mientras tanto seguía con un cuento que había empezado hacía unos días y algo extraño me pasaba también cuando escribía. En el momento en que me ponía a escribir tenía conciencia de lo que escribía, pero cuando terminaba la idea y decidía no escribir más, todo lo que había escrito se me borraba de la cabeza. Pero al momento de volver a escribir, todo volvía, ni siquiera tenía que volver a leer. En los momentos que escribía olvidaba que había una vida que no era fantástica alrededor.

Así transcurrían mis días en plena confusión. Olvidaba lo que tenía que hacer o lo cambiaba por algo que nunca había hecho, algo extraño y fascinante. Otra persona crecía adentro. Hasta que un día pasó lo que nunca me hubiese imaginado.

Estaba sentado en una plaza, la verdad que no sé qué plaza y no sé por qué estaba sentado ahí. Y se me cruzó por la cabeza que en ese momento aparecería una persona. Que aunque estaba en otro cuerpo, sabía y entendía que esa persona sería yo. Así que traté de borrarme esa idea de la cabeza porque, con todo lo que me estaba pasando, me daba miedo de sólo pensarlo. Aunque traté de borrarla no pude, cada segundo que pasaba se me hacía más claro. Habrán pasado alrededor de uno o dos minutos cuando miré para mi derecha y vi que una persona caminaba hacia donde estaba yo. Cada paso que daba, mi cuerpo se estremecía, intenté salir corriendo pero mis piernas no respondieron, intenté gritar pero mi voz no salió.

Cuando estaba a unos diez metros tuve una sensación que dudo que alguien vivo, alguien con los sentidos normales, lo haya sentido alguna vez. Algo tan espeluznante como hermoso. Sentí que era yo, que las dos personas eran yo pero en dos cuerpos diferentes. Estaba casi en el mismo lugar pero con dos perspectivas distintas. Llegué adonde yo estaba y me miraba y me miraba, o sea me miraba con ambos cuerpos, podía ver, escuchar y todo lo que puede hacer una persona pero desde dos ópticas. Así que decidí hablarme, y me hablé. Dije algo que no recuerdo, algo de muy poca importancia. Me quedé parado delante de mí unos minutos, con ninguno de los dos cuerpos podía prestar atención a lo que pasaba alrededor.



Román Criscione

#4350 en Joven Adulto

En el texto hay: relatos

Editado: 16.11.2018

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