Renacer (luz de Medianoche)

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Ataque

Capítulo 12: Ataque

 

Abandonamos el recinto principal de la academia para sumergirnos en las áreas boscosas.

—No me dirás a donde me llevas —digo.

—No. Ya lo veras con tus propios ojos.

Cada vez nos alejamos más de la academia en sí, yendo más al interior del bosque. Por momento siento la sensación de que soy observada, por lo que casi que de cada cinco minutos miro el camino que dejamos atrás, sin embargo, no hay nada que nos siga, y aun así esa sensación no desaparece. Es como ese día en el boulevard. Intento relajarme, si alguien estuviera siguiéndonos ya Romina se hubiera dado cuenta, pero eso no me calma. Y miro atrás de nuevo.

—¿Pasa algo? —la voz de Romina me sobresalta. Y de mis labios se escapa un grito ahogado.

No sé si es que estoy paranoica, o haya sido real, pero juraría que vi la sombra de alguien deslizarse entre los árboles. Respiro. Haber hablado de mis pesadillas me ha dejado un poco fuera de sí. Debe ser eso.

—Creo que vi a alguien que nos sigue —digo tratando de no demostrar el miedo que me ha dejado sin respirar.

Ella escudriña la zona con la mirada, y niega.

—No hay nadie, Dess. ¿Estas segura que viste a alguien?

—Eso creí, pero si tú dices que no hay nadie…

—Mejor nos apuramos, el combate ya va a comenzar y te lo vas a perder —de un segundo a otro, todo se vuelve un visaje, pero la sensación de que me observan sigue estando allí en alguna parte. Cuando la vampira me deja en suelo nuevamente, todo me da vueltas. Ella me ayuda a sentarme, mientras se me pasa el mareo.

—Ya ha comenzado —dice con euforia—¿ya te encuentras bien?

—Aun no —me sostengo la cabeza— solo veo como dos cuerpos se enfrentan… en el aire —obligo a mis ojos a ver claramente lo que ocurre. Romina ríe a mi lado, al principio pienso que es por la locura que he dicho pero cuando por fin mi visión es clara, me doy cuenta que no, el enfrentamiento se está llevando a cabo en el aire.

—No puede ser —digo impresionada, que digo, esto va más allá de la impresión.

—Son Gabriel y Dimas —dice la vampira sin quitar la mirada de las dos figuras que luchan en el aire.

—¿Esas cosas brillantes son alas? —aun no puedo creer lo que mis ojos ven.

—Si. Muy pocos argeles tienen alas, en realidad nadie sabe porque algunos las tienen y otros no, es un misterio —explica muy entretenida.

—¿Cuántos hay en la academia? —pregunto.

—Aquí en la academia solo están, ellos dos y una chica llamada Sandra. Los demás no poseen alas.

El rose de las espadas en el aire, me da escalofríos, ellos se mueven con destreza y los golpes que dan son de muerte… es impresionante. Ninguno de los dos cede ante el otro.

El lugar donde estamos es una especie de valle, hay algunas grandes rocas que rodean el lugar ocupadas por algunos centinelas, otros están de pie observando el combate, en cambio nosotras estamos ocultas detrás de unos árboles viendo como todo se desenvuelve. Mi atención está puesta en los chicos, pero mi mente sigue renuente a abandonar la idea de que alguien nos observa.

Miro por encima del hombro, y no hay nadie. Solo el imponente bosque a mis espaldas, silencioso…  demasiado silencioso, ni una brisa, nada.

—Romina —en segundos mi respiración se desboca, el miedo emerge… y la vampira no me escucha. Volteo con desesperación y la muevo, pero ella no reacciona su vista esta fija en la batalla.

¿Qué ocurre?

Ninguno de los argeles parece darse cuenta del cambio que presenta el bosque, del otro lado del claro se mueven sombras sin formas acercándose a los argeles. Sostengo a Romina por los hombros y la estremezco con fuerza, hasta que la veo parpadear… sus manos se mueven rápido a mi cuello, y comienza a cortar mi respiración, gruñe de una manera antinatural, sus colmillos sobresalen de sus labios y sus ojos se han vuelto dorados, llenos de ira… siento que el alma se desprende de mi cuerpo, y sus ojos cambian.

Respiro con ferocidad mientras ella me sostiene, sin poder creer lo que iba a hacer, me pide disculpas un par de veces, no sé cuántas, no le he prestado atención, me duele la cabeza y hay gritos alarmados por todo el lugar.

—¿Estas bien, Dess? —Me incorporo con cuidado, y asiento— no entiendo lo que me paso.

—No importa, sabía que algo andaba mal —mis palabras salen apresuradas.

—Salgan de aquí, ahora —escucho la voz recia de Gabriel romper en el aire.



Nomi Saez

Editado: 26.03.2018

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