Renacer (luz de Medianoche)

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Un celestial de ojos amarillos

Capítulo 13: Un celestial de ojos amarillos

 

Desperté casi a medio día, y tuvimos prácticamente que rogar para que me dejaran volver a mi habitación. Los chicos no me han dejado sola ni un solo segundo, están muy preocupados por mis pesadillas, sobre todo por lo que paso anoche. He intentado de mil maneras explicarles que estoy bien, y que la pesadilla no me ha torturado como las anteriores. No es que sea verdad, porque la tortura fue muy dolorosa sin embargo los estoy manejando muy bien. No estoy llorando como una histérica.

Como ellos desconocen los detalles de mis escasos recuerdos que se han convertido en mis pesadillas, y yo quiero saber que son esas extrañas sombras. Llegamos a un trato: yo expongo la maraña de eventos que circulan en mi cabeza y ellos me iluminan con la información que quiero.

De alguna manera ahora es un poco más fácil hablar de todo ello, con Romina me costó mucho expresar todo.

Aun no tenemos noticia de ella.

Decido comenzar por la primera pesadilla, el bosque la persecución. Todo lo que he visto que se relaciona al bosque parece mucho más real y acorde a una vida. Así que me esmero en contar cada detalle, cada sensación de miedo que me abriga. Y termino por contar lo que podría ser una mezcla entre mis miedos y la realidad, las rejas, el fuego, los látigos… sin embargo esta parte en especial se siente mío, se siente más cercano como si hubiera encajado en alguna parte de mi rompecabezas pero aún no lo consigo comprender. Suena ilógico y un verdadero desastre pero es así como lo siento.

A diferencia de Romina que tomo sus apuntes e intento buscarle un poco de sentido a todo el desastre. Ellos permanecieron en silencio unos eternos minutos para luego cambiar el tema de una manera muy sutil.

Son alrededor de las dos de la tarde. La situación en la academia es de alerta máxima, debido a que nunca había sido atacada. Ronald ha decidido que debo conocer primero el origen de los argeles para luego saber que son las sombras.

Existen siete arcángeles principales, por así decirlo.

Zadquiel: es el ángel de la alegría y trasformación, algo así, como la libertad, felicidad, misericordia y justicia.

Uriel: es el ángel de la paz, resuelve situaciones desfavorables, problemas y crea armonía.

Rafael: el ángel de la sanación, a esta casa pertenece Dimas.

Gabriel: es el ángel de la dirección y la anunciación, el argel Gabriel fue elegido por este arcángel.

Chamuel: es el ángel de amor y la identidad.

Jophiel: es el ángel de la iluminación, es decir, sabiduría, claridad mental y toma de decisiones, la chica con las alas brillante que me saco del bosque fue elegida por este arcángel, su nombre es Sandra. Y la última vez que la vi sus alas eran un desastre.

Miguel, el jefe del ejército celestial y por ende encargado de la protección y de vencer el mal. Geraldine pertenece a esta casa, junto a otros tres chicos que no se encuentran en la academia en estos momentos.

Según Ronald, existen muy pocos argeles en el mundo que son elegidos por él, no se sabe porque. Pero a diferencia de los demás, la cantidad de argeles que representan a Miguel son muy pocos. Los que pertenecen a esta academia la mayor parte del tiempo se encuentran fuera con Geraldine. Razón por la cual no he visto a ninguno. La pregunta que ahora ronza mi cabeza es: ¿Dónde encajo yo? pero como es algo que se supone debo resolver en mi propia cabeza, y sigo estando igual de desorientada que cuando llegue a la academia. Me voy por la razón de esta conversación en primer lugar.

—Bien, pasemos a las sombras que nos atacaron —insisto.

—En cuanto a las sombras…

Tocan la puerta interrumpiendo las palabras de Anastasia. Los tres nos levantamos de un salto.

Ronald abre la puerta.

En todo lo que puedo pensar es que Romina ha vuelto, pero no es así. La decepción toma nuestros rostros.

—Quisiera hablar con Dessire—la chica que esta parada en el umbral es Sandra.

—Claro —digo cohibida. No puedo creer que este aquí, y sin ninguna herida. Claro que tampoco es como si llevara sus alas expuestas.

—Acompáñame —su voz es delicada pero autoritaria.

No hay frialdad en ella, como en Gabriel el día que se acercó a mí.

—Tenemos una conversación pendiente —digo antes de salir.

—Quizás ella pueda aclarar tus dudas mejor que nosotros —. Es lo último que escucho al cerrar la puerta.

Su cabello es dorado, liso pero ondeado en las puntas y llega por debajo de sus hombros. Es delgada y alta. Creo que de 1,75. Nos mantenemos en silencio mientras bajamos las escaleras. Nos cruzamos con un par de chicas mientras bajamos a la planta baja. La presencia de Sandra en la residencia nos ha hecho foco de todas las miradas. Nos apresuramos a salir antes de que salten comentarios al respecto. Nos hacemos camino hacia la plaza en medio del bosque. Los pequeños senderos están enmarcado por piedras de colores que brillan con la luz del sol, y todos se unen en un solo lugar, una fuente. La rodeamos y tomamos uno de los senderos que va directo al bosque, ella se detiene al pie de un árbol y se sienta con las piernas cruzadas. Hago lo mismo.



Nomi Saez

Editado: 26.03.2018

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