Renacer (luz de Medianoche)

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Mi tumba

Capítulo 28: Mi tumba

 

—Sigo pensando que es muy mala idea —dice Ronald.

Él y Dimas, van delante. Después de unas cuantas horas en carretera, caminamos por las destrozadas calles de la zona donde viví hace veinte años, este lugar está casi abandonado. Las pocas personas que hemos vistos se ocultan en las ruinas que dejo el cambio, o el fin del mundo como se conocía. Es increíble ver como todos los logros del hombre, por tantos siglos se derrumbó con un nuevo amanecer.

Este lugar ha traído recuerdos hermosos a mi mente, aunque nada es como antes.

—Y aun así estas aquí—replica Dimas con diversión.

Solo Dimas y Santiago comprendieron mi necesidad de ver el lugar donde mis huesos estuvieron descansando, los demás se reusaron a aceptar mi decisión. Mas, Ronald decidió acompañarnos.

—Solo porque no quería estar más tiempo rodeado de tantos vampiros, todos están como locos —gira la vista con culpabilidad. Santiago entorna los ojos con desagrado.

Rodeo su cintura, y dejo un beso en su mejilla. Ronald, tiene razón. La tensión entre los vampiros aterra a cualquiera, la traición del chico ha puesto a la defensiva a todos y es como esperaran que los apuñalaran por la espalda en cualquier momento.

—Pues no has logrado tu cometido —expresa Dimas sin poder dejar de reír. Eso enfurece un poco a más a Santiago, si no fuera porque estoy a su lado estoy segura de que ya se lele hubiera lanzado encima a esos dos.

Me muerdo el labio para no reír, el rostro de los tres causa mucha gracia, y me distrae de la verdadera razón por la que estamos caminando hacia un viejo y abandonado cementerio.

—No es gracioso —susurra el vampiro en mi oído. Su aliento me hace cosquillas sobre la piel.

—Quizás para ti no, pero para mí si —él suspira, dándose por vencido. Su brazo esta sobre mis hombros, y me acerca más a él.

No hemos hablado mucho, solo un par de bromas para alivianar la tensión que se respira. Sé que todo lo que paso, le ha afectado de tal manera que ha estado distante e inseguro conmigo, y de igual manera ha estado Romina. Ha sido un golpe fuerte la muerte inesperada de Diana, todos esperaban que pudiera luchar contra la transición de su cuerpo, contra la pérdida de su propia alma, peor ya no había existía ninguna lucha que ganar, y espero que ellos lo puedan entender. Ninguno me ha reclamado, solo a Dimas. Supongo que de alguna manera necesitan dejar salir tanto dolor y frustración. Aunque Dimas de alguna manera se culpe por no haber podido hacer nada, ellos están igual o peor. Diana era como una hermana menor de Santiago, no me consta del todo, no ha sido de él de quien lo he oído. Sino de unos comentarios entre otros vampiros.

Tanto Romina como Santiago, cuidaron de ella desde muy pequeña, y yo termine arrebatándoselas.

La entrada al cementerio me hace estremecer, y como si fuera un flas una imagen se apodera de mi mente, por unos escasos segundos pero lo suficiente para observarme. Solo fue un recuerdo, yo cruzando esa entrada con determinación, el vestido lavanda sujeto a mi cuerpo, y un pequeño sobre en mis manos, pero no estuve sola, un señor mayor camina a mi lado.

—¿Te encuentras bien? —la voz de Santiago me trae devuelta a la realidad. Nos hemos detenido, y sin darme cuenta mi respiración se vuelto agitada.

Dimas y Ronald han abierto las rejas oscuras y oxidadas, pero se han detenido a la espera de que avance, o retroceda.

—Sí, es solo que recordé algo —mi voz sale distorsionada.

—¿Segura que quieres continuar?

Mi cuerpo y mi mente gritan que no, volver a la seguridad del desconocimiento de mi pasado. Pero me obligo avanzar, en ese pequeño destello de recuerdo, me veo muy segura como si supiera exactamente mi situación, y si fuera así, ¿Por qué perdí la memoria?, y ¿Quién es ese hombre?

—Sigamos.

Santiago sigue sin estar de acuerdo, pero asiente.

Las tumbas están cubiertas por una alta hierba, muchas ya ni se pueden ver. Este lugar hace mucho tiempo que han dejado de visitarlo, sin embargo hace unas pocas semanas salí de aquí. ¿Dónde estará mi tumba?, sin darme cuenta mis pies se mueven en una dirección que mi mente no logra reconocer. Es un cementerio pequeño, no es tan extenso el terreno así que me muevo por el centro del lugar con cuidado de no caerme, hay muy poco espacio entre las tumbas, además es difícil ver los estrechos pasillos con la hierba. Santiago camina detrás de mí, sosteniéndome la mano.

—¿Sabes a dónde vas? —susurra cerca de mi oído.



Nomi Saez

Editado: 26.03.2018

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