Renacer (luz de Medianoche)

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Luz después de la oscuridad

Capítulo 34: Luz después de la oscuridad

 

Las hojas secas acarician mis pies desnudos, giro la vista detrás de mí, temerosa de la compañía que pueda tener en este sueño. La última vez que estuve en este sendero, no estuve sola había tantas personas caminando a mi lado… pero luego se dispersaron. No hay nadie a mi espalda, todo se encuentra tan silencioso que ni siquiera el viento se siente presente.

Delante de mí solo se extiende el sendero, mis dos opciones son regresar o continuar. Ya sé lo que encontrare si continuo, ese lago atrapante que parece mostrar tus peores miedos, pero no sé lo que hay detrás. Mi instinto me inclina hacia lo que ya es conocido, y mi última experiencia antes de caer inconsciente hace más peso a ese lado de la balanza. La voz de ese ser lleno de maldad es como si se hubiera perdido en ese túnel oscuro y silencioso que está a mi espalda, y continuar es como si él no me pudiera alcanzar.

Hago caso a mi instinto así el lago remueva mis peores recuerdos y temores.

El vestido lavanda siempre cubre mi cuerpo cuando mi mente está dormida y experimento estos extraños e inexplicables momentos, los sueños y pesadillas es como un momento donde puedes conectarte a ese mundo oculto que nuestros cuerpos nos impiden ver. Este vestido es mi recordatorio de que ya estuve muerta, también es esa línea invisible que divide dos etapas de mi existencia. Pero en esta ocasión no solo el vestido es parte de mi atuendo, una espada colgando a mi espalda es el significado de un nuevo inicio, de un camino lleno de obstáculos que tengo por recorrer, un regalo que no permitirá que olvide la razón por la cual he renacido.

Las cristalinas aguas del lago parecen un espejo que refleja lo que se encuentra oculto en mi interior. Que tendrán estas pacificas aguas que mostrarme en esta ocasión, anteriormente mostro un momento de mi pasado, un estado escabroso de mi regreso. Me acerco a la orilla hasta que el agua alcanza mis pies, es tan cálida que provoca sumergirse en ellas, pero mis recuerdos me hacen permanecer a cierta distancia, mi reflejo putrefacto mi impide avanzar. Por más cálidas que sean sus aguas, las verdades que llega a mostrar son horrendas, por lo menos para mí lo fue en su momento.

Me armo de valor para mirar las aguas cristalinas, una hoja cae de lo alto formando pequeñas ondas sobre el agua y su vez comienza a formar un reflejo de mi pasado.

Una manera de avanzar es sanando las heridas que sangran por un pasado. Bajo la mirada despacio, detallando la tela de un vestido que me ha acompañado desde la muerte, hasta mis pies sumergido. El aire se queda atrapado en mis pulmones, hay momentos de mi pasado que aun cuando ya los he visto en mis pesadillas, digerir lo que paso no es nada fácil, y no es solo por observarlo, ni porque permanece en mi mente sino porque hay sensaciones que ni la misma muerte te puede arrebatar.

Sentir como el corazón se acelera por ver la muerte en el filo de un cuchillo, tan cerca de acabar con todo lo que conoces y al mismo tiempo tan cerca de enviarte a lo desconocido. La imagen que ha formado es de unos minutos antes de mi muerte, en ese reflejo no hay miedo en mi mirada, no existen titubeos en mis labios, una valentía que solo muestra mi exterior. Porque en ese momento estaba quebrada por dentro, aterrada ante la perspectiva de un final. El rostro de Leila indignado ante la derrota, mi muerte aun cuando mi alma fue llevada al infierno, para ellos fue una derrota inminente; mientras que otros optaron por unirse a ellos, en cambio preferí morir. Y no recuerdo haberlo hecho por valentía, todo lo contrario fue por miedo al monstruo en el que me iba a convertir. Jamás olvidare como el filo de ese cuchillo acaricio mi piel con suma lentitud. Como la sangre tibia se esparció por mi pecho, ni mucho menos esa sensación de pesadez que te hace abandonar todo, como las luces se apagan dejándote en completa oscuridad. Cuando mueres sientes como si te desprendieras de todo y caerás en un vacío.

Para cuando la luz volvió, no estaba sola y tampoco libre. Cadenas ataban mis manos y Leila era mi grui a un destino impuesto y lleno de sufrimiento. Revivir ese pasado dormido despierta mis lágrimas y abre de nuevo las heridas.

La imagen se desvanecen, y otra ocupa su lugar mostrando uno de mis tantos castigos. Siento esa cadena ardiente nuevamente contra mi espalda, cada azote por mi osadía de permanecer firme a mis creencias, mi fe. Mis rodillas contra el suelo, sosteniéndome, un alma cansada y lastimada, con heridas sangrantes que no se comparan a las terrenales. Ahora ver eso, me hace sentir libre y victoriosa, parece irreal haber dejado ese lugar. Sonrió mientras mis lágrimas limpian mi alma de tanto dolor, de tantos miedos. El reflejo cambia y mi yo dentro de un ataúd entra en mi campo de visión. Mi cuerpo inicia un proceso de retroceso donde la carne comienza a cubrir unos huesos ocultos bajo una tela lavanda, todo ocurre tan rápido e inexplicable. Mi pecho de un segundo a otro sube y baja a un ritmo casi que imperceptible, hasta que mis ojos se abren perdidos y desorientados, pero ese reflejo tiene algo diferente a como en realidad es, mis ojos no son gris pálido, en cambio son de un intenso azul, un azul recio y vivo.



Nomi Saez

Editado: 26.03.2018

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