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Capitulo Seis - M.L Bradley

Autora: M.L Bradley

Se despertó sudorosa, con el corazón acelerado, respirando agitadamente y con una presión en el pecho muy dolorosa. Esa sensación la recordaba como pánico. Sabía que había tenido un sueño atroz, pero no recordaba absolutamente nada. Sólo tenía una leve impresión de sangre y negro. Dolor y traición. Pérdida y muerte. Pero no sabía a qué venía todo eso.

Lo que más le preocupaba era que, para ella y su familia, soñar con muerte significa eso mismo.  Venía de una familia muy supersticiosa y aunque había tenido un largo camino de estudios, nada de esos pensamientos la habían dejado. Y después de esta pesadilla sólo se habían acentuado.

Se levantó tambaleante, un fuerte dolor de cabeza empezó a surgir desde la parte trasera de su cerebro, como si se hubiese dado un golpe muy fuerte en ese punto. Acompañado de un mareo que le nublo la vista, como pudo alcanzó a llegar al baño y vaciar en el inodoro el poco contenido que había en su estómago. Se sentía fatal, era muy extraño. Siempre de jactaba de tener una salud de primera Calidad. No podía estar embarazada, hace meses que no había química sexual entre ella y Daniel. Y Eso la estaba matando.

-Estas bien? -había preguntado Daniel, acercándose y acariciando la espalda de su esposa.

- Si, es solo dolor de cabeza- le dedicó una sonrisa fingida para evitar su preocupación.

- Estaré preparando el desayuno –anunció su esposo- si necesitas algo solo llámame, ¿vale?

- Gracia amor.

Se quedó en el baño, pensativa, muy confundida. Eran solo las 5 de la mañana, pero ambos ya estaban despiertos, empezando un nuevo día… “Nuevo día”, esas palabras se le hacían extrañas, como si ya hubiese vivido este día antes, no solo una, sino dos o tres, en realidad no entendía bien sus sentimiento y emociones. Pero tendría que obligarse a controlarlos, hoy tenía una reunión muy importante que podría costarle el ascenso que tanto había esperado en sus 4 años trabajando en el buffet de abogados, y una simple pesadilla no echaría a perder todos sus esfuerzos.

Se alistó tranquilamente sabiendo que tenía tiempo de sobra, se arregló como de costumbre, formalmente: falda hasta las rodillas color azul turquí, blusa de botones blanca con un cómodo chaleco a juego. Su sedoso cabello largo y suelto, tal y como a su esposo le encantaba.

Bajo suavemente las escaleras, para desayunar con él, en pareja. Hace tiempo que no se daban ese pequeño gusto, de compartir una comida, o un rato sin tener que correr por toda la casa alistando las cosas para salir, o tener que llegar para simplemente acostarse y quedarse dormidos.

Al llegar a la cocina encontró a su querido esposo tomando una taza de café, totalmente absorto en sus pensamientos. Él, por su parte, no podía dejar de pensar en la cesación con la que despertó. El olor a pólvora le había invadido las fosas nasales y la garganta, sentía un dolor punzante desde la barbilla, el interior de la boca, subiendo por el paladar hasta llegar al cerebro. Una palabra le cruzo por la mente, suicidio. ¿Pero porque haría algo así? Se consideraba un hombre demasiado religioso para como para perpetrar un acto tan vil y cobarde.

Al ver llegar a su esposa, ya vestida con su traje formal de abogada, le vino una imagen devastadora a la mente: su esbelto cuerpo desnudo boca abajo con un agujero en la parte posterior de la cabeza, encima del cuerpo también sin vida de un hombre al que no le ve bien definido el rostro, pero claramente con un agujero de bala en la frente. Se vio a si mismo sosteniendo un arma, apuntándose a la barbilla y apretando el gatillo.

Retiro de su mente esa imagen y trato de calmar su atolondrado corazón, no podía ir a trabajar de esa manera, no en la situación en la que se encontraba. Su jefe estaba a punto de despedirlo si volvía a cometer el más mínimo error. No podía darse ese lujo, no ahora con una enorme deuda en el banco. Ya ni recordaba con qué fin hizo ese préstamo, tal vez compara la casa en la que están viviendo, ya tampoco importaba. En realidad, si no pagaba la perderían y con ella él sabía perfectamente que su esposa también se iría. Porque sencillamente se enteraría que le mintió.

Cuando se casaron él le prometió darle la vida que ella se merecía, que ya tenía una casa a su nombre que compro con sus ahorros, un trabajo y estabilidad económica. Pero todo era mentira, había hecho el prestamos con el banco para pagar la casa, y aunque si tenía trabajo era muy mal pagado. Además, tenía un pequeño problema con el juego. Cuando le iba bien, su salario era grande, y más de la mitad la perdía en el casino. Pero eso, ella no lo sabía.

Desayunaron ambos en silencio, al terminar ella limpio los trastes y la cocina mientras él se alistaba para ir a su trabajo. Cuando ya estuvieron listos, él la llevo hasta el buffet en el carro de ambos. Se despidieron con un beso apasionado en los labios, y se marchó.

Al llegar a su trabajo, por primera vez en meses su jefe lo felicitó.

-Daniel, que sorpresa, llegas temprano –vociferó un hombre regordete y bigotón- así debe ser todos los días y te aseguro que te iría mejor.

-Gracias señor Gonzales –fingió una sonrisa- daré mi mejor esfuerzo.

-Eso espero caballero.

Se encerró en su oficina donde, dos pilas de carpetas que superaban en tamaño a la gran mole del monitor de su arcaico computador de trabajo, lo esperaban para ser diligenciadas. Este sería un día bastante largo.



SrOrtega, Litnet Clubs Oficial

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En el texto hay: enigmas, romance y traicion, magia sutil

Editado: 16.04.2019

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