Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

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Exiliado

(Jon narración)

Mi lugar de escape había sido elegido por Nigromante, me había dicho que estaba demasiado lejos de Darrel y de todo lo que estuviera cerca de allí, me explicó que para regresar debía cruzar el oceano y que al hacerlo estaba a medio camino.

Se lo agradecía con todo el corazón, lo mejor había sido ser exiliado por bien de todos. Aquella casa era un salón inmenso de entrenamiento. Tenía algunas ropas, y algunas cosas para sobrevivir. Alrededor de la casa no había nadie más que habitará aquel bosque, excepto los animales y otras criaturas que lo tenían por hogar, ahora incluyendome a mí. Estaba ante un cristalino río que recorria la parte de enfrente de la casa, estaba a una distancia prudente.

—Es raro ver a alguien con su apariencia…

Su voz me distrajó.

—Hola… Saludé volviendome a sus voces. Sabía que sus espiritus puros pertenecían al bosque.

—¿Puedes vernos? — Susurró una acercandose a mí.

—Tambien las escucho.

Para mí era normal convivir con espiritus, en especial con aquellos que estan la naturaleza. Ellas eran espiritus con apariencias de mujeres, no hay otra forma de definirlo, sus voces tampoco son humanas, pero podía entenderles sin problema alguno.

—Eso es increíble, nunca antes habíamos notado a un hombre con el corazón tan roto…

Había olvidado que para ellas mi espiritu tambien era visible. Y no podía mentir, si me sentía roto por dentro.

—No soy tan humano, por eso puedo verlas y entender lo que dicen.

—El lenguaje del espiritu es igual para todos los seres vivos. Es raro que las personas no puedan vernos ni escucharnos…

—No todos, hay seres humanos que sí son capaces de oirlas.

—¿A qué se debe guerrero que tengas el corazón tan triste?

—No quería dejar ir a alguien especial para mí, pero si lo ven bien, tengo una marca en mi pecho, y eso significa que estoy bajo juramento.

La más curiosa se acercó a mí, y con suavidad deslicé la camisa para que notará aquella marca. Era una cicatris donde había sido rasgado pactando mi palabra. Era mi acuerdo con los herederos de Darrel. Su luminosidad tocó esa parte en mi pecho.

—¡Cuánto lo lamentamos guerrero! Es verdad. ¿Por qué lo hiciste así?

—Porque a veces hay hombres que no confian en la palabra de otros, al pactarla, saben que quien fallé tendrá grandes tormentos.

—El tormento y la tristeza que hay en tu ser, es muy grande. ¿Entonces fallaste a tu palabra?

Sonreí.

—No. No a mi palabra no, a mi corazón si.

El otro espiritu que la acompañaba se acercó a mí. Se veía acongojada al notar mi estado.

—Las aguas de este rio, han nacido del brote de un manantial en el cual una vez una mujer pidio ayuda a la naturaleza para calmar su tristeza, había perdido a quien amaba, había caminado mucho huyendo de su dolor parte de ella quería dejar de existir y estaba tan cansada que se quedó tendida en el suelo. Al elevar su tristeza al Divino Creador y pedirle una señal de que no estaba sola, las entrañas de la tierra se conmovieron y lloraron, cuando ella dejó de llorar notó que sus lagrimas se fusionaban con las lagrimas de la tierra, aquella mujer recordó que el hombre que ella amaba solía bañarse en los ríos y siempre le decía que si el hubiera podido convertirse en algo, él quería ser un río para calmar la sed de las criaturas y ser libre al recorrer la tierra, y deleitarse por siempre en la naturaleza. Sonrió al descubrir que aquel ser amado estaba serca del Divino Creador y que ambos escuchaban su tristeza, supo que nunca había estado sola, ella había decidido creer que lo estaba ese manantial se lo había confesado. Ese arroyo se conviritió en un río, el mismo que ahora ves corriento con libertad.

Sentí un profundo respeto, nadie creería que un río podía existir ante el sufrimiento de una mujer. Pero la naturaleza está en el corazón del ser humano, aunque suene raro, somos lo mismo.

—Es un signo de que no hay que sentirnos arrastrados ante la tristeza. Podrías sumergirte en el rio y dejar que su agua tranquilice tu corazón. Se nota que quien sea esa persona especial, te corresponde.

—Jon…

Aquella voz me sonó familiar, estaba seguro que se trataba de Nigromante, pero no podía ser verdad, el portal estaba sellado. Me desvestí y preferí no pensar en nada más. Aquellos espiritus se introdujeron al agua y los acompañé, me lancé en el agua. El río era profundo y con ellas me mantenía en el fondo tratando de dejar mi mente en silencio.



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

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