Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

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Capítulo 2

Todo por ella

 

Estaba frente a ellas, pero de pronto, algo me aturdió tanto que tuve que quedarme pensando detenidamente. No era usual sentir esa opresión en mí, era una tristeza inefable algo que me hacía sentir muy mal, mucho más de lo normal.

De pronto una luz apareció frente mí y observé a Nigromante.

— ¿Jon, estas bien?

Pero al verlo frente a mí todo tuvo sentido.

— ¿Nigromante que haces aquí?

—He venido por ti, ya me di cuenta no hay portal de regreso, la única manera es que tu vengas conmigo.

— ¿Nigromante que pasa contigo? No debiste dejarla sola.

—Sí, pero igual, ya la conoces, si me hubiera quedado sería ella quien estaría intentando venir por ti.

Todas las chicas parecían muy aturdidas al vernos discutir. Le alcé la mano en señal de que ya no hablara más.

—Están encantadas, no pueden dejar el castillo.

—Bien, chicas véanme.

Todas se volvieron a él, Nigromante pasó por cada una de ellas, diciendo un conjuro y tocándoles la frente y en instantes de la nada varios grilletes cayeron al suelo.

—Hazlas aparecer en Darrel—. Ordené.

Obedientemente alzó el cetro irradiando una luz cegadora y al desaparecer ya no se encontraban frente a nosotras.

Nigromante se veía diferente, era algo usual en el cambiar de aspecto, tenía la apariencia de una mujer.

— ¿Te gusta el disfraz?

—No te lo niego, es raro. Pero ya te conozco.

Rió a carcajadas al verme un poco contrariado.

—Por un momento creí que me considerabas bella.

—Mejor cállate, debemos ir por Esteban igual esta conjurado, el problema es que, es una trampa, al ser liberado sabrán que fui yo. Algo conspira pero no sé si el daño es para nosotros o para alguien en el castillo, el ser de intercambio aún está allá. Me siento confundido.

—Creo que de eso se trata, eso pretenden. Si lo que te preocupa es Alexia, puedes estar tranquilo la dejé en tu habitación, nadie conoce ese lugar.

—No, no solo es ella, es el niño, Sarbelia, Alejandro.

—Igual están a salvo. Lo conveniente es rescatar a Esteban y devolver al ser de intercambio y dejarlo en lugar de Esteban.

—Sigues siendo brillante, muy raro, pero brillante.

Me sonrió de buena gana.

Nigromante y yo teníamos cierta sintonía, no era a veces necesarias las explicaciones. Tan sólo recordé el lugar cerrando mis ojos y en instantes estábamos en los calabozos frente a Esteban. Un signo de alivio fue precedido en su mirada en cuanto nos vio.

Nigromante tocó los barrotes y ambos vimos todo con detalles y hasta cómo había sido torturado Esteban.

—Es increíble, cuanto has tolerado, no es normal tu fuerza—. Exclamó Nigromante maravillado.

—No te enfades, Jon, pero que suerte tienes con las mujeres—. Mencionó Esteban al vernos frente a él.

Nigromante sonrió ampliamente.

Naturalmente no había reconocido a Nigromante. Un agudo dolor en la cabeza hizo que me estremeciera, me concentré cerrando los ojos. Como lo es un sueño, pasaban imágenes en mi mente, veía pasos en el bosque, su respiración era pausada por el frio, tenía unas zapatillas podía ver sus pies. Sentía mucho temor, y sabía que estaba en peligro.

Al abrir mis ojos, sentía en mí todo lo que ella sentía. Pero todo era tan falaz que creí que se debía a otro engaño. Traté de no ponerle importancia, aunque me preocupó mucho, porque dentro de mí sentía que todo lo bueno se apartaba de mí, pero para siempre.

Nigromante estaba junto a Esteban, revisando los grilletes y las cadenas. Mientras Esteban no podía quietarle la vista de encima. Nigromante era llamativo siendo hombre y cuando se convertía en mujer, podía ser muy atractivo, tanto que Esteban estaba muy contento viéndolo. En mi caso ya estaba acostumbrado a sus bufonadas.

—Bien, ¿Podrás hacerlo? — Pregunté impaciente.

—Sí, pero nos llevará tiempo. Esto es siniestro y muy bien hecho.

Nigromante se quedó en silencio fijamente viendo hacia la nada. Sabía que había visto lo mismo que yo.

Se volvió a mi muy preocupado.

—No puede ser posible—. Mencionó aun con el entrecejo fruncido. Pero trató de concentrarse de nuevo en lo que hacía.

— ¿Esteban fuiste tú quien pidió la ayuda de Nigromante? — Preguntó Nigromante viéndolo seriamente.

—Es que a veces puedo ver qué ocurre y tuve el valor de hablarle a Nigromante, pero lo malo es que quienes me controlan lo han de saber, al igual que saben que ya no estoy solo.

De pronto la vista de Esteban se fijó hacia un extremo de donde estábamos. Tanto Nigromante como yo nos volvimos. Inés estaba viéndonos fijamente.

—Es inaudito, creí que Nigromante estaría aquí en vez de esa mujer.

Nigromante tenía el cabello recogido con una capa que cubría su cabeza y el resto era como si no fuera él. Ella alzó su mano y en ese instante Esteban cambió su apariencia y muchas venas negras se enmarcaron en su rostro.



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

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