Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

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Capítulo 7

Primer encuentro (Jon narración)

 

Nigromante se alejó de la habitación. Percibí una presencia no conocida muy cerca de mí. Me asomé al barandal de marmol. Allí flotando estaba ese Príncipe. Al verme sonrió.

—Cariño, ¿Cómo lograste ponerte tan fea?

Había notado mi disfraz, corroboró mis sospechas. Me reí.

—¿Qué esperabas?

—Eres muy hábil, General. No esperaba menos de alguien como tú, un inmortal escondido entre los fatídicos mortales.

Le fruncí el ceño. Nigromante se había enlazado hacia a mí y me había pedido no atacarlo y no hacer nada imprudente, él me cubriría la espalda.

—¿Te largas por tu propia voluntad o te ayudo?

Rió a carcajadas.

—¡Qué mal carácter General! Solo quería ver a mi dulce Princesa, pero me encontré con su esbirro, con su perro fiel.

Con imponencia se acercó a mí, retrocedí unos pasos. Sabía que Nigromante estaba cerca.

—Ninguna pretención tuya con ella funcionará, deberías de saberlo…

Sonrió abiertamente, mientras flotaba en el aire, su presencia parecía desafiar a la lógica común.

—Lo quieras o no, ella terminará en mis brazos, General. Será mi Reina por la eternidad.

Alcé una ceja y le mostré una risa burlona.

—Adelantas tus palabras sinuosas, Irvin.

Esbozó una sonrisa amplia al notar mis gestos.

—Un ser como yo puede darle tanto, déjala lejos de tu azarosa presencia y oscuridad.

—¡Interesante escuchar quien habla de insidioso albedrío y oscuridad! Alguien como tú desconoce la bondad, el amor y la verdadera manumisión.

Me clavó la vista mientras reía burlonamente.

—No hay razón para dudar de mi amor por esa mortal. Permití que volviera a ustedes ¿Acaso eso no es bastante prueba de amor? La habría consumido en mi calor, sin que pudieras haber hecho algo. Creo que la respuesta es directa, ¿Está celoso, General?

Con sutileza se sobó los dedos.

—¡Qué absurdo! No, es necesario sentir recelo cuando sé bien que esta disputa ya tiene un vencedor.

Soltó una carcajada sonora. Parecía divertido.

—¿Sí? Ahora soy yo quien te cree interesante, admito que te has ganado mi atención.

—Te devolveré al abismo de donde perteneces.

Mantuvo una sonrisa jovial en su semblante. Se precipitó con fuerza contra mí en el momento que menos lo habría imaginado. Por reacción lo sostuve con fuerza de los hombros mientras caímos al suelo, sentí algo que logró atravesarme en el abdomen en cuanto dimos contra la superficie, ambos soltamos un bufido.

—¡Apartate, Jon! — Escuché en mi mente su voz.

“Sí hubieras sido más listo sabrías que una lanza nos atravesaría a ambos”

Irvin daba de movimientos bruscos mientras la lanza y el peso se iban con más fuerza sobre mí. A cómo pude sujeté la lanza y con ambas manos la partí en dos. Irvin se liberó de inmediato. Me puse de pie y desacomodé el resto de la lanza incrustada en mi abdomen. En ese instante al verme sangrar sus ojos se agrandaron poniéndose brillantes, cambió su apariencia de humano en una bestía horripilenta, que extendió la mandibula a una altura que a cualquiera se le habría quebrado, desenvainé mi espada, pero fue más rápido que yo, me estrelló contra el muro e hizo por atacarme. Dejé caer mi espada mientras mi fuerza era medida en la manera que evitaba una mordedura en mi garganta.

—Esta guerra, Gabriel, solo empieza…

Su amenaza fue en una voz aspera, grave y profunda. Lo empujé con fuerza, al apartarse tan solo noté que su presencia se transformó en una sombra que me traspasó. Lo cual me hizo sentir muy débil, caí al suelo de rodillas. Nigromante ingresó a la alcoba y me ayudó a ponerme de pie.

—¿Jon, estás bien?

Asentí con la cabeza, aún con vértigo.

—Sí. ¡Qué puntería Robín! — Me quejé.

—Lo siento, se movían mucho. Además tuve un poco de ayuda. Y si de quejas hablamos, mira Jon, quebraste mi espada.

Me mostró una parte de la lanza. Le fruncí el ceño. Detrás de él estaba mi dulce tormento, me observaba preocupada y muy asustada. En cuanto la vi solo pude sonreír, al verme animado corrió a mí, y se inclinó, Nigromante recogía el otro pedazo.

—Jon, ¡Dios mío! Perdóneme, casi lo mato.

—Descuide, estoy bien, se ve peor de como se siente.

No pude resisitirme a acariciar su rostro. Se quedó reclinada quieta como una estatua.

—Nigromante, ¿Cómo pudiste permitir que ella estuviera tan cerca? Dijiste que estaba dormida.

Se encogió de hombros, apenado.

—Se despertó rápido.

—Bueno Jon, Nigromante la hechizó para que tuviera mucha energía, pero nunca pensé que él caería sobre usted.



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

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