Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

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En busca del pequeño Andrés

(Jon narración)

Mi cuerpo pedía absorver el suministro de energía de los objetos encantados que Nigromante me había entregado. Me concentré y la absorví en mi interior. Todo mi cuerpo se llenó de vitalidad, clamé el estado demoniaco y solo así pude aparecer muy cerca de donde esa mujer y el otro inmortal se dirigian. Una vez más atravesaron un portal al lado de unas cavernas. Me asomé tomando forma humana. El portal se negaba hacer traspasado por mí, y la lluvía no se detenía, sus torrentes seguían empapando todo sin clemencia. Cerré los ojos dejando que la misma energía me revelará que clase de portal era.

Cambié mi vestimenta de inmendiato usando un truco de hechizo y con mi ropa todo lo que podía servirme. Lo bueno de ser aprendiz de alguien como Nigromante tiene sus beneficios.

Antes de que intentara enlazarme en pensamientos a Nigromante, escuché sus gritos. Tan claros como tenerla a mi lado, mis músculos se tensaron. Sabía que esos gritos eran de mi dulce Princesa. Cada vez sus gritos denotaban más angustia, sus gritos de auxilio clamandome me desconcentraban de cualquier cosa que quisiera hacer.

Temía del pequeño Andrés, estaban contra la espada y la pared una vez más. Me enlacé a Nigromante, pensando en él. Y lo ví luchando con el Ejército impiendole ingresar al territorio de Darrel desde el embarcadero y no sentí la presencia de Alexia a su lado. No había pasado mucho tiempo desde que me había ido, no podía ser real. Quizá era un engaño de Irvin para que no fuera por el pequeño Andrés.

Me concentré en clamar toda esa energía en mi interior, y en instantes mi apariencia humana se había modificado, podía ver todo con claridad y el portal no se negó a dejarme pasar, estaba poseído por toda esa oscuridad, sintiendome con una sed insaciable por asesinar, por darle paso a cualquier cosa que corrompiera a otros.

Del otro lado, había un inmenso bosque, con toda clase de criaturas, la mayoria de aquellas que se asoman en las pesadillas. Fue inevitable que mis recuerdos volvieran a mí, no pude seguir. Un fuerte dolor en mi cabeza me hizo pegar un gruñido, el dolor me sumío, tanto que no podía dejar de quejarme, apretaba los ojos intentando ignorarlo. Al abrirlos, un fuerte mareo me dejó con la mente colpsada, y no podía creer lo que veía ante mí. El sol ilumanaba un claro en el bosque, uno ancho que yo que conocía bien.

—Hijo, pareces estar pensativo hoy.

Al salir de mi mareo lo observé a mi lado. Sonreía abiertamente. Habían pasado tantos años, tantos, que no tenía tan clara la idea de su rostro, realmente nos parecíamos mucho. Mi corazón se apretó contra mi pecho, la alegría se apoderó de mí al verlo claramente.

—¿Padre?

—¡Ay! Hijo mío. ¡Cuán afectado te tiene ya el sol!

él sostenía su espada sin parar de reír, al notar mi reacción, estaba completamente desconcertado.

—Lo siento, es que no me parece verdad verte ante mí. Quizá esto es un sueño.

Verlo una vez más ante mí sonriendo lleno de vida, me llenó de un sentimiento que no sabía que dentro de mí aún había.

—Jajajaja. Lo tomaré como un halago, no nos hemos visto hace un par de días y ya me extrañabas, gracias hijo.

Sonreí ampliamente, contenía muchos sentimientos al verlo.

—Has mejorado mucho, Jon. Cada vez te vuelves un verdadero guerrero, lo traes en tu sangre.

—Gracias, padre.

Mis ojos seguían observandolo, aquellos sentimientos atorados en mi pecho se convirtieron en uno solo: Alegría. Nada más me importaba más que estar a su lado y disfrutar de su presencia. Había pasado demasiados años sin él.

—¿Ya has pensado en una sugerencia, ya sabes tener una hermosa esposa? — Preguntó sin dejar de sonreír.

Me di cuenta que tenía mi espada en manos. La envainé de inmediato.

—No he pensado mucho en eso, padre.

Él tambien evainó su espada, y me tocó un hombro.

—Sabes, no es fácil encontrar a esa persona que te haga dar ese salto de compromiso, te entiendo. Solo el dulce amor te hace saber que quieres unirte a alguien y complacerte en su amor lo mucho que duré la eternidad. Eres muy joven aún Jon, pero algún descubrirás que amar y entregarse no es lo mismo que el solo tener placer. No me has dado muchos dolores de cabeza como pensé. Creí por un momento que cometerías algunos impulsos míos, pero creo que tienes el mismo corazón de tu madre, lo cual agradezco profundamente a Dios.

—Padre, ¿impulsos? — Pregunté con el deseo de que me lo explicará.

La risa lo ahogó por un momento.

—Ya eres un hombre Jonah. Verás hace mucho tiempo, mucho antes de conocer a tu madre, era un poco irracional en cuanto a mis pasiones, y acostumbraba a no dormir solo, siempre pedía a las mujeres más bellas para que me hicieran compañía, a veces me aburría un poco de dormir solo con una, a veces dormía con dos o tres, siempre era sincero en cuanto a mis deseos, nunca prometía más de lo que da una noche de placer y pasión, nunca tuve problemas hasta que conocí a Adamis, ella era una bruja escepcional y logró esclavisarme por mucho tiempo, mis propias pasiones fueran mi perdición. Cuando conocí a tu madre, descubrí que el placer que había gozado antes, era límitado, corto, efímero y vacío. El amor que me une a ella, no tiene palabras Jon, la amo, la adoro, es mi Reina y nada se compara a eso. Por esa razón, quiero que si te deseas comprometer, no sea por una obligación quiero que un día disfrutes de ese amor sin medida entre dos personas. Creo que al momento no te ha atraído ninguna, sabes, no me importa si ella no es de la nobleza o algo así, solo quiero que escuches a tu corazón, sabrás que es la indicada porque despertará en ti cosas que nunca supiste que habían en ti, en especial el hecho de protegerla, de verlar por su porvenir, la desearas siempre y querras siempre estar cerca de ella, no podrás evitar entregarte y pertenecerle.



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

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