Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

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Capítulo 8

Sombreado

(Jon narración)

Justo cuando estaba convencido que no tenía corazón, había ocurrido lo que siempre había evitado. Para nosotros dos era una farza, pero para ella cada cosa era auténtica. Mi corazón se retorcía dentro de mí sin piedad, una angustía me abrazaba completamente. Irvin era un imortal como yo, con excelentes habilidades, él podría consumirla tal como me lo había dicho.

¡Cuánto le agradecía a Nigromante que me hubiera detenido! Lo habría arruinado todo. Hubo un instante donde nada era fingido en mí, sentí esa misma daga envenenada traspasarme cuando ella aceptó irse con él, tan segura, tan firme en su desición sin volverse atrás para vernos, simplemente deprimiendo su mirada dejandome entre la oscuridad de mi naturaleza y la penumbra de su ausencia.

Resoplaba observando el abismo que se había cerrrado hacia unos instantes.

—¡Nigromante manifíestate! —Clamé.

Tomó forma ante mí. Me acerqué a él muy enfadado.

—Ten en cuenta una cosa, si Irvin lográ convertirla en una criatura de la oscuridad, tú Nigromante serás el primero a quien de verdad le declare la guerra…

Nigromante me echó una mirada de angustia, luego tragó saliva.

—Jon, sé cómo te sientes. Me duele tanto como a ti, pero el plan está funcionando. Irvin cree que tiene la victoria en sus manos. Ella está a salvo, sé que ha descubierto en ella buenas habilidades, no le hará daño, si sabe lo que yo esperará hasta la luna de sangre. Ahora compárteme tu apariencia.

Sin más, me relajé no muy conforme. Le obedecí le extendí ambas manos, despues de un rato ambos nos mirabamos igual.

—Bien, Jon, ahora, te cambiaré la apariencia, la hechizaré con un disfraz de modificación física y ¡Déjate atrapar!

Sonreí ya más entusiasmado y ansioso, iria hacia ella, no la dejaría allí. El tiempo en Darrel aún seguía yendo de modo lento.

—Yo me encargaré de resguardar a las personas que hay en el pueblo de Darrel en el castillo del Alba. Con tu apariencia es más fácil hacer que Damían ceda al ejercito. Ahora ve, porque acá el tiempo pasa lento, pero allá, no. El hechizo sigue vigente en el tiempo y es para que no tengamos oportunidad de llegar antes de algo lamentable.

—De acuerdo.

—Seguiremos enlazados, solo no se lo hagas saber a Irvin hasta el momento indicado y no magia a menos que tengas a Alexia contigo. Sé un buen esclavo.

Reí.

—Tenías razón, quizá estoy a merced del amor desde hace mucho, sin saberlo.

Rió como yo.

—Asi es mi querido adefecio. Hasta pronto, si todo no sale como esperamos, entonces acepto que nuestro combate por fin tenga un desempate.

Nos estrechamos de brazos, y se marchó a toda prisa hacia el interior del castillo.

Respiré profundamente. No tenía idea de que apariencia tenía, pero tenía que llegar de prisa. Di un silbido y Bruno apareció ante mí. Me trepé en él. Para mí toda la energía era visible, y en el muro algo brillaba en un tono azul profundo, seguramente era el portal, uno que había sido creado a base de la energía de aquellas hechiceras, pero dominado por Nigromante. Logré traspasarlo con facilidad.

Aparecimos a las orillas de un pueblo lejano de Darrel. Cabalgué un rato entre la maleza, hasta que percibí la energía de varios seres sobrenaturales, unos guerreros del clan de Irvin para ser exacto. Me desmonté de prisa.

—Amigo, escóndente, te llamo luego— Exclamé lo más quedito que pude.

Bruno corrió entre la maleza, desapareciendose de mi vista. Caminé lentamente, me sentía mas liviano, y al buscar mis armas, no había ninguna, solo un hacha. Tenía el medallón y el anillo los cuales tuve que esconder usando un pequeño truco, despues de estar seguro de haber absorvido su magia correctamente.

Entre unos matorrales se asomaron varios de los guerreros sombríos, se acercaron a mí, me quedé quieto. Me rodearon e hice señas de querer combatir, hice por luchar para que no quedara en duda mi apariencia. En instantes, me habían sometido, estaba apresado, me subieron a un carretón junto con otras personas que no pertenecían a Darrel, entre esa gente iban más hombres, más golpeados que yo, con grilletes, los cuales les había lacerado la piel de tanto tiempo estar aprehendidos.

No pasó mucho para que nos condujeran a la guarida de Irvin. Tras un montículo de piedra, atravesamos un portal, y llegamos a ese horrible lugar que Irvin llamaba sus dominios. Una región oscura, con nieve por doquier. El frío helaba cualquier cosa. Nos transportaron en un camino enmarcado por tierra, mientras las copas de los árboles se mecian por el viento, despues de un rato viajando, nos asomamos a una vereda que conducía a un gran templo. La entrada estaba llena de guerreros y una mujer con un inmenso libro en las manos lideraba al batallón. Quien dirigía la carreta, pidió hacia donde llevarnos y ella le indicó hacia donde. El templo era muy amplio, y en sus cornizas estaban más de aquellas bestias aladas, seres nocturnos que protegian el templo, tenían garras afiladas y un rostro demoníaco o con denotación no humana. Al ser expuestos a la luz del sol se convierten en estatuas de piedra, esperando por la noche para volver a la vida.



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

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