Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

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Apoyo sin medida

Se acercó a mí lo más que pudo. Y acarició mis manos que cubrían parte de mi cara. El llanto no me dejaba hablar.

—Sé lo que piensa…

Abrí los ojos a más no poder.

—Pero no dude. Sí, soy yo. Y la verdad, no podía elegir entrar al cielo. Para mí el paraíso deja de serlo si eso implica tenerla lejos de mí. Así que aquí estoy, una promesa que me acompaña sin importar a donde vaya, mi deseo es protegerla siempre.

Resoplaba mientras mi corazón danzaba en mi pecho. Me veía reflejando la verdad y nada más que la verdad ante sus palabras. Me acerqué a él maravillada, quedamos a una distancia miníma uno del otro. Secó con sus manos fuertes mis lágrimas, lo cual me dio valor para hablar.

—Al final de cuentas, Jon usted si es un ángel…

En sus preciosos labios se asomó esa sonrisa que tanto amaba. Recostó su frente con la mía mientras veía sus alas tan cerca. Su presencia me llenaba de paz y gozo.

—No. Soy algo así, los ángeles no tienen un cuerpo. Nosotros somos una especie distinta nos llaman Arcontes, hay varias especies pero al parecer me tocó una buena.

Le sonreí maravillada. Mientras ese nudo volvió aparecer en mi garganta.

—Entonces, supongo que vino a despedirse de mí…

Inclinó la mirada un momento, luego elevó su vista a mis ojos. Sus ojos añil representaban toda aquella bondad y misericoridia por una criatura como yo.

—¿Despedirme? Princesa Alexia, no dejé el paraíso para venir a despedirme de usted. He vuelto para decirle que: el final, solo significa un nuevo comienzo. Además de que estoy seguro que nadie puede llegar a su corazón, creo que solo yo tengo la llave.

Abrí la boca ante sus palabras. Estaba segura que solo había venido a protegerme de Irvin, y evitar que el todo el infierno se desatará sobre la faz de la tierra. Nunca habría creído que volvería para estar a mi lado.

—¡Dios Santo!… Admití en un murmullo.

Estaba confundida, habian tantos sentimientos revueltos en mi alma. Al ver mi reacción, sonrió de nuevo, acaricié su rostro maravillada. Cerró sus ojos al sentir mis manos tocarlo, una vez más parecía disfrutarlo más que yo.

—Esto es posible gracias a la interseción de Nigromante. Tengo un cuerpo soy real. Puede tocarme si quiere.

Lo abracé con todas mis fuerzas. Le debía mi dicha una vez más a Dios y a Nigromante.

—Jon, lo sabía, si era un ángel…

Soltó una risa. Me sujetaba con ternura. Mi rostro descanzaba debajo de su pecho fuerte y desnudo. Escuchaba su corazó latir con fuerza.

—Jon, su corazón…

—Descuide, siempre canta cuando la tiene cerca.

Pude sentir un beso suyo en mi frente. Y eso me sensibilizó a más no poder.

—Aun nos queda una batalla por enfrentar. ¿Quiere venir?

Alcé el rostro sonriendole ampliamente, asentí positivamente con la cabeza.

— ¡Hola! — En cuanto Jon lo escuchó se volvió a él con una sonrisa.

— Robín Blake.

Ambos se estrecharon con un abrazo que me llenó el alma de felicidad, sabía que ambos se amaban mucho, y a su manera, con sus propias reglas y lenguaje.

—¿Lloraste por mi? — Susurró Jon aún abrazado a él. Ambos estaban así bien sujetados uno del otro, dos hombres fuertes, igual de altos, mostrandose un inmenso amor uno por el otro.

—Bueno un poco. Pero lo compenza el hecho de que nunca había abrazado a un arconte.

Jon lo cargó con fuerza. Y lo hizo girar luego lo soltó. Jon pareciá tener la alegría de un niño pequeño.

—¡Tengo energía ilimitada! ¿Puedes creerlo?

Nigromante soltó una risa.

—¡Vaya! Genial. Ahora si que ya no eres un adefecio infernal. Te lucen las alas. ¿Qué se siente tenerlas?

—Pesan un poco, pero me acostumbraré.

Nigromante alzó una de sus manos hacia las preciosas alas que Jon tenía.

—Creo que es algo que provaré. Yo pensaba que todos los arcontes era demonios…

Jon se quedó serio en cuanto Nigromante mencionó eso.

—Pues no, no todos.

Nigromante lo tocó hasta satisfacer su curiosidad, lo palpaba por todos lados, girando alrededor de su cuerpo mientras a mi se me escapaba una sonrisita.

—Sabes, hubo un momento donde realmente dudé de volverte a ver. Nunca pensé que esto seria posible, al fin tuviste tu recompenza.

Nigromante se volvió a mi y ambos me observaban fijamente. Me sonrojé en cuanto los dos mi vieron así. Quizá adivinaron que yo tambien quería tocar.

—No es así del todo. Nigromante, sin ti esto no sería posible, sé lo que hiciste por mi, y no sé…

—Bueno, tienes razón. Mi querido idiota, solo vive, vive y sé felíz aprovecha la oportunidad que el Creador te dio. Haciendo lo que debes, tal vez obtengas lo que mereces. Ahora lo sé.

Jon soltó una risa.

—Pues gracias Robín. Sé que te va a gustar esto…



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

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