Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

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Ante ella

(Jon narración)

Irvin no podía creer en mi presencia a pesar de verme tal cual ante él. Mantenía todos mis recuerdos, mis habilidades, en especial mi promesa de estar con ella y protegerla. Fue bastante fácil hacer retroceder a la oscuridad con esa luz que no era mía, mi cuerpo emanaba una energía que no podía controlar, una que se había impregnado en mí, al salir del hermoso lugar donde estuve con aquella doncella.

La hechicera, no pudo conjurar contra mí, menos deshacer el círculo mágico que había convocado, uno que protegía a todos los que luchaban contra ellos. Irvin se abalanzó contra mí, creyendo que era un truco por Nigromante. Mi energía era potente e ilimitada y en mi alma ardía el deseo de justicia por todas esas almas que Irvin retenía en sus encantos y perversidades con la magia oscura.

Lo sujeté de los hombros, deseando por fin terminar con el suplicio de mi familia, de mi pueblo, y el de mi adorada protegida como el propio.

—¿Qué esperas? Mátame. No me tengas compasión, ni piedad, ángelito…

—Hay cosas peores que dejar de existir. No te odio ni a ti, ni a ella. Pero esto es por golpearla y por sacrificar a muchos inocentes—no pude contener mi sed de justicia, y mis manos le dieron un puñetazo el cual fue dado con todas mis fuerzas—ahora paga lo que debes, encuentrate con aquellos que juraste no abandonar…

Con solo desearlo las grietas se unieron en una sola, la cual al clamar las aberturas a ese lugar, el abismo rugía deseando tragarse a Irvin, sin más lo envié, con él todos los aliados, excepto el hechicero que acaba de unirse a él y las criaturas que habían sido obligadas a servirle. Aunque la mayoría de su vitalidad se había absorvido por Irivn cuando el abismo se cerró.

La paz llenó el salón en cuanto los sellos volvieron a mí, al guardian de los abismos de los condenados. Marcándose en mi pecho en señal de que no era un humano en su totalidad sino un protector del balance entre los seres de la luz y la oscuridad.

Todos en aquel lugar estaban festejando el final de esa guerra a la que tanto habíamos temido. El Todopoderoso nos concedió ganar, y que su luz disipará la oscuridad. En cuanto noté su mirada me perdí en ella, y fue imposible no saludarla en cuanto mi corazón brincó de alegría al verla.

—Hola…

Parecía incrédula al verme, la dicha y la incertumbre se arremolinaban en su mirada fija en mí.

—Sé lo que piensa… Agregué al notar su confusión y sus deseos de gritar ante lo imposible.

—Pero no dude. Sí, soy yo. Y la verdad, no podía elegir entrar al cielo. Para mí el paraíso deja de serlo si eso implica tenerla lejos de mí. Así que aquí estoy, una promesa que me acompaña sin importar a donde vaya, mi deseo es protegerla y estar a su lado.

Quería consolar cualquier dolor en ella, quería protegerla y cuidar de ella siempre. Sus lágrimas resbalaban de sus mejillas y yo solo deseaba que su corazón ya no tuviera temor, la vida me daba una oportunidad, la mejor de todas, permanecer con ella sin infrigir nada.

—Al final de cuentas, Jon usted si es un ángel…

Le sonreí, quizá ella había visto algo en mi que ni yo pude ver. Además no tenía idea de cómo lucía en verdad. Recosté mi frente en la suya al notarla más tranquila.

—No. Soy algo así, los ángeles no tienen un cuerpo. Nosotros somos una especie distinta nos llaman Arcontes, hay varias especies pero al parecer me tocó una buena.

—Entonces, supongo que vino a despedirse de mí…

Tenia que encontrar una manera de hacerle ver que estaba unido a ella, quizá no del modo convencional pero lo estabamos, mi corazón y el suyo se empeñaban estar juntos dominados por el amor que lo consume todo.

—¿Despedirme? Princesa Alexia, no dejé el paraíso para venir a despedirme de usted. He vuelto para decirle que: el final, solo significa un nuevo comienzo. Además de que estoy seguro que nadie puede llegar a su corazón, creo que solo yo tengo la llave, usted me pertence solo a mí.

—¡Dios Santo!…

Le sonreí e hizo algo que a mí me encantaba acarició con sus manos mi rostro. La sensación de sus manos tocandome de un modo tan amoroso me hechizó.

—Esto es posible gracias a la interseción de Nigromante. Tengo un cuerpo soy real. Puede tocarme si quiere.

Sabía que quería abrazarme, pero no quería mostrarse muy animada con el asunto.

—Jon, lo sabía, si era un ángel…

La sostenía sintiendo que mi cielo estaba completo.

—Jon, su corazón… Susurró.

Hasta para mí era raro, oirlo cantar así, si eso hacia mi corazón dentro de mí. Ella no podría ni siquiera imaginar lo que significaba tenerla conmigo cerca de mi, y de mi piel.

—Descuide, siempre canta cuando la tiene cerca.

Era guiado por ese amor y mi corazón que danzaba al compas de toda mi dicha. La besé en la frente. Quería tenerla a mi lado, y no importaba lo que tuviera que pasar ella era mía.



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

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