Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

Tamaño de fuente: - +

Un simple combate

Sentí a alguien rodear mi cintura, se deslizó suavemente pude sentir su cuerpo tomar forma por detrás de mí, de soslayo observé sus piernas fuertes que descansarón en instantes una de cada lado de mi cuerpo. Abría los ojos con temor de que fuera alguien perverso. Pero Nigromante soltó una carcajada. Su manera de hacerlo me tranquilizó un poco pero no fui capaz de ver claramente hacia atras, seguí quieta y paralizada como un tronco.

—¡Te pasas Jon! El pobre nadrus, se quejó con tu peso.

En cuanto dijo eso, me volví para verlo y tal como lo había dicho. Jon estaba tras de mí y alzaba las cejas saludandome. Aquel susto se convirtió en una sonrisa.

—No exageres. Además no todos los días se puede volar sobre un fénix— Contestó sin gritar.

El animal soltó un graznido en señal de estar de acuerdo. Mientras podía ver la mano de Jon acariciarlo.

—Bueno, sí. Pero tienes alas…—De allí soltó Nigromante otra carcajada—… ¿No puedes volar?

—Pues, no lo sé. La verdad no he hecho la prueba, ya luego veremos para que sirven, o si soy yo el que sirve.

Nigromante reía como nunca. El cielo ya no estaba oscuro en su totalidad, los destellos de luz titilante acompañaban a una luna gigantezca, como nunca antes la había visto de un color rojo. (Por eso le decían Luna de Sangre, imaginé).

Siempre de niña, mi sueño fue volar. Nunca pensé que se me haría realidad. El viento acariciaba mi cabello, mi rostro, y me sentía parte por fin de esa libertad que tanto ansié. Además iba con mis dos amores, ambos eran ángeles para mí. ¿Volar con ellos? Qué más podía pedirle a la vida, había valido por todo cuanto había pasado para vivir algo que nunca imaginé.

El ave descendió, equilibrando su peso y el nuestro de un lado. A la distancia observaba como desde unas planicies se asomaban muchos seres armados marchando en la oscuridad hacia nosotros, seres con ropas oscuras y aterradores. Tal vez en mi alegría por estar al lado de ellos, pero no vi al Ejército del Alba. El ave aterrizó con suavidad y antes de desmontarnos, pude sentir el calor de una luz asomarse. Luego sus brazos fuertes me ayudarón a bajar, mientras que él momentos antes de un salto había aterrizado sin problema. Aun halo de luz lo rodeaba, al extinguirse, se veía precioso con el traje que ya le conocía, esa indumentaria en negro. Nigromante estaba a mi lado observandolo del mismo modo que yo lo hacía. Se llevó una mano a su barbilla rascandosela.

—¿Qué?

—¿Qué de qué? —Repitió Jon confundido al escuchar a Nigromante.

—Bueno, no crees que, ya sabes…

Jon esbozó una sonrisa.

—No, amigo. Recuerda que ahora tengo energía ilimitada. Prefiero lucir así. No solo tú puedes hacer trucos ahora.

Nigromante sonrió como Jon, alzandole las cejas de arriba a bajo. A veces sentía que eran niños pequeños con hermosos cuerpos de hombre. Lo cual amaba. Nigromante hizo aparecer un báculo, uno que tan solo vi una vez hacía años, en una playa. Con el tocó la punta en el suelo, una energía recorrió todo aquel campo absorviendose en su báculo. La energía subió en su cuerpo y al instante lucía con un traje dorado, con su espada envainada a sus espaldas. Sentí una energía poderosa recorrerme y al asomar mi vista a mi cuerpo, tenía un traje como el de ellos, el mío era en cuero normal con los mismos detalles de que las ropas de ambos. Sentí hasta la capa cubrir mi cabeza.

De pronto, sentí algo sacudir la tierra con cada paso. Pero no veía nada, por ningún lugar. Jon se asomó ante mí, y sujetó uno de mis brazos.

—Princesa sé que ha ahora ya puede ver la energía que nos rodea, eso, es la primera parte que confirma que se habilitó una parte importante en su mente. No tema, esa luna que usted ve concedé que una de las partes que no se usan en su mente, se active. La luz que atraviesa la luna es un fenómeno en el cual más que el sol está implicado, el tono se debe a la alineación de varios astros. La energía es muy productuva en alguien que empieza en este camino a lo oculto. Así que, no tema de cuanto pueda ver, no está sola.

Le sonreí.

—Le compartiré parte de mi energía, la cual podrá usar del modo que desee— Sus manos tocaron mis hombros y un calor me envolvía—No se cuestioné nada, ni tenga temor, deje que la energía se absorva por su cuerpo, y sienta cómo su alma la recibe, deje que ella le guié para usarla, igual estaré a su lado.

En ese instante, observé mis manos y tenían una luz celeste emanando. Lo cual hizo que casi me desmaye. Nigromante alzó ambas manos al cielo y mencionó un conjuro raro, Jon se acercó inclinado al suelo tocandolo, de pronto ante mis ojos todos los soldados aparecian, de uno a uno formando grandes filas quietos como piedras, eran muchísimos, legiones formandose en esa planicié. Uno de entre ellos apareció, corriendo a toda prisa, y se decubrió el rostro.

—Hola Jon…



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar