Residentes Eternos © (libro 3 Reina Efímera)

Tamaño de fuente: - +

Capítulos Extras

Ambos capitulos son excentos del libro general. Pueden contener material erótico, lenguaje un tanto lascivo y contenido no apto para menores de edad. Se recomienda discreción.

¡Qué descenso!

(Alexia Narración)

Lo tengo ante mi, hemos aparecido en su habitación. Sus brazos fuertes me sostienen con una ternura ingente. Mi pecho brinca por la alegría, la emoción y los nervios. ¿Qué se esconde en esa entrega? Tanto que haya preferido efectuarlo antes de explicarme.

—Princesa, ¿Se siente bien? ¿Está temblando o son ideas mías?

Sonreí antes sus palabras. Era evidente, me mecía como una hoja ante el viento.

—Sí, Jon. Es solo que…

Una amplia sonrisa se asomó a su rostro.

—¿No es cómo usted pensaba?

Aún tiritando de pies a cabeza, me esforcé por alcanzar sus labios. Sellé sus labios con un beso antes de que siguiera hablando.

—Es mejor aún—Susurré.

Mi cuerpo entero hormigueaba de igual modo que momentos atrás, sabía que era propicio, podría conocer lo que tanto anhelaba de él, pero la verdad mi alma como que si tenía un poco de temor, y no por mí, sino por él, era consciente de lo que Jon entregaría en mí y por mis caprichos y a su vez yo en él.

—Creo que pierde un poco de sentido para usted, si no estoy aferrado a unas cadenas, y con un taparrabo…

Me arrebató una carcajada. Quizá tenía un poco de razón. Un beso se posó en uno de mis hombros, lo cual me erizó. Ni siquiera lo había dicho, tan solo había pasado como idea en mi mente y Jon sonrió maléficamente.

—¡Concedido!

Mis ojos se perdían en su exquisita figura en cuanto él se desvestía sin dejar de sonreír. Se había apartado unos pasos hacia atrás. No creí que mi corazón pudiera latir tan a prisa o más de lo que estaba acostumbrada. Mi mente parecía a punto de explotar de dicha y exitación.

—Lo hace demasiado rápido Jon. Más despación, por favor—Fue una orden que ni yo misma comprendí de donde saqué el valor para decirlo así. Tragué saliva apenada al oirme decir mis pensamientos en voz alta, Jon parecía complacido con mis palabras.

Sus dedos se movían lentamente, desabotonando los últimos broches de sus ropas que lo cubrían por el torso. Me había obedecido fielmente. Mi cuerpo experimentaba un hormigueo y un calor que me envolvía completamente, en especial mis sentidos. Mis ojos deseaban verlo completamente descubierto.

—¿Sabe, que es lo gracioso de esto? —Admitió viendome seriamente.

Abrí los ojos a más no poder.

—¿Qué, Jon?

—Que desde que le confesé mi amor, me siento desnudo ante sus ojos.

Suspiré. Me acerqué a él en cuanto no tenía nada cubriendo por su torso. Sus ojos me lo decían todo, mientras sus labios me llamaban, había sido así desde que los había probado, tenía ese toque seductor en su mirada, en cada gesto, creo que hasta en cada respiración.

—Siempre he creído que es el hombre con más empatía por parte del Creador.

Para mi suerte, esa preciosa sonrisa se asomó a sus labios.

—Una alabanza al Creador, ¿Por mí?

—Es lo minímo que puedo hacer, cuando sé que sus perfectas manos lo crearon para mí.

Sus manos fuertes tocaron mi rostro y sentí caer acostada a sus pies. Esa ternura celestial imposible de no querer derramar alguanas lágrimas, tenía el alma profundamente sensibilizada por tan sincero cariño, amor y belleza.

—Si ahora, estoy aquí, deseando ser un humano lo más normal posible es por usted, sabe que mi deleite es tenerla cerca de mí. Que no me falte nunca esa sonrisa suya, ssu arrebatos, su terquedad y su loca manera de amarme. La adoro, mi princesa, tal como es, si acepté esta entrega suya es porque usted la anhela de un modo que no puedo decir no.

Ni siquiera lo pensé, sin temor mientras él besaba mi frente, me aferré a sus manos y besé su pecho, en la parte donde está su corazón, escuché a su corazón revolotear a la misma velocidad que el mío. Mis labios sedientos sin poder contenerse ante el instinto natural de querer comermelo a besos. Anhelaba seguir recorriendo con mis labios su torso completo y perderme por debajo de su ombligo. Quería hacer verdad cada capricho que mi corazón y mi mente me dictaban. Podía de pronto entender muy bien todo en mí y en él sin necesidad de palabras. Él ese sueño que había tenido desde hacía años, pero la realidad lo había superado todo incluso a mi imaginación.



Sunny Black

Editado: 01.12.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar