Resiliencia

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VII. Consecuencias

23 de Junio

Aún después de parpadear vi todo color naranjo. La luz quemaba, pero estaba tan cálida y cómoda...

Abrí los ojos de golpe. Había algo aferrado a mí.

El rostro de Samuel estaba a centímetros del mío, su respiración tranquila contra mi frente. Pinché su mejilla con mi dedo, estaba muy dormido.

Me senté sobre la cama, concentrándome en los momentos antes de caer dormida. Comencé a golpear mi cabeza contra el cabecero sintiéndome estúpida; había lloriqueado frente a él.

Me detuve y desenredé el brazo de Samuel de mi cintura y lo empujé para sacarme su pierna de encima. Asomé mi cabeza por la puerta: papá aún estaba dormido. Quizá si nos apresurábamos...

-Abby - balbuceó Samuel un poco demasiado alto. Corrí para taparle el hocico con ambas manos.

-Silencio - siseé con los ojos muy abiertos. Samuel trató de hablar nuevamente pero pareció entender al ver mi expresión de horror.

Rodé hasta el otro lado de la cama, mirando el techo.

-Creo que tienes que irte - susurré, mirándolo de reojo. Sonrió y se apoyó sobre un codo, mirándome desde arriba.

-¿Crees que tengo? - negó con la cabeza, aún sonriendo - Parece que no estás segura... una parte de ti quiere que me quede, ¿no? - alzó lascejas.

Me reí, la perra en mí no lo pudo evitar.

-¿Abby? - llamó papá del otro lado de la puerta. Mi sonrisa se borró.

-¿S... sí?

-¿Estás bien? - preguntó.

-¡Claro! - dije como si me hubieran pellizcado. Samuel soltó una risita.

-Eh... ¿quieres cenar? - preguntó papá indeciso.

Cerré los ojos y suspiré; papá había preparado la cena. Incluso estaba medianamente sobrio, tal vez.

-No - respondí con la voz estrangulada.

-Bueno - murmuró papá luego del otro lado de la puerta - Te dejaré lasaña en el horno, ¿está bien?

-Gracias papá.

Escuché sus pasos bajando lentamente las escaleras. Samuel seguía mirándome:

-Te tienes que ir ahora - susurré antes de ponerme en pie. Él seguía mirándome fijamente. Casi sin darme cuenta, me descubrí echando un vistazo al espejo a un lado de la cama, comprobando si no me veía tan fatal. No tuve tanta suerte, casi segura de que hasta lagañas tenía. Me amarré rápidamente el cabello y le di la espalda al idiota.

-Tienes que irte - repetí con mucha más determinación.

-Bueno - dijo poniéndose en pie antes de dirigirse hacia la puerta. Idiota. En dos zancadas me puse en su camino:

-Ventana - gruñí mientras apuntaba a la misma con el índice.

Abrió los ojos como platos y negó con la cabeza.

-¡Estás loca! - siseó - Son casi ¡tres pisos!

Me encogí de hombros:

-Tú te quedaste dormido.

-¿Yo? - bufó indignado. Sus ojos eran como chispas verdes - ¡Tú te dormiste primero!

-Te pudiste ir - desafié alzando la barbilla - Pervertido.

Se sonrojó hasta las orejas:

-¡Tú, degenerado! - siseé empujándolo - ¡¿Qué me hiciste cuando me dormí?!

-¡Nada! - Samuel se pasó ambas manos por su cabello desordenado. Cuán bien se veía el imbécil recién levantado.

-Ven-ta-na - repetí andando hasta ella y abriéndola de un tirón. Miré hacia abajo, no era una caída tan dolorosa...

-Jamás en la vida - susurró Sam justo detrás de mí. Lo miré y le sonreí 'dulcemente':

-No seas así - siseé entrecerrando los ojos - Supongo que tienes claro que si no vas por tu cuenta, yo te aventaré.

Samuel se rió, una risa ronca del tipo recién-me-levanté.

-Y supongo que tú sabes, Abigail, que me importa una mierda que tu papá me vea en tu habitación - mi mandíbula llegó hasta el piso - Y si quisiera, también le diría que dormimos juntos.

Agarré su camiseta en puños y lo miré con furia.

-Atrévete, imbécil y yo...

-¿Tu qué? ¿Me vas a besar? - acercó su rostro al mío y yo lo solté. Samuel aferró mis muñecas con sus manos y yo forcejeé para apartarlo - No puedes hacer nada y lo sabes. Soy más fuerte e inteligente que tú.

Quizá también más maduro. Le pegué un cabezazo sin pensarlo.

-¡¿Qué fue eso?! - casi chilló Sam. Me puse un dedo sobre los labios e indiqué con el mentón la ventana.

-Está bien - refunfuñó.

-¿En serio?

-¿Me arrepiento? - amenazó antes de pasar una pierna por el marco de la ventana. Me dio un escalofrío:

-Espera.

-¿Qué?

-Eh - me sequé las palmas en mis jeans - Creo fue una mala idea.

Samuel me dio su mejor cara de póker.

-Definitivamente estás loca.

-Bueno, si tu intención es regar tus sesos por el pavimento, bien - me froté los brazos - Pero no me gustaría tener que explicar tu suicidio involuntario.



Tess Ah

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En el texto hay: adolescencia, amnesia, suicidio

Editado: 08.05.2018

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