Resina Azul (tf#1) © [en físico]

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Capítulo 4

Karla pasó la lengua por sus secos labios en un intento de sanarlos. También movió el cuello dolorido de un lado a otro; llevaba demasiado tiempo en la misma postura en el sofá. Miró hacia la ventana y escuchó el sonido de la lluvia repiqueteando contra las ventanas y el tejado. El agua no había cesado de caer en toda la noche, y en lo que llevaban de mañana también.

Karla había entrado en una especie de universo de tristeza, de desesperación y desolación, al igual que sus padres. Sin embargo, peor. Y aunque Leize y Daniel no dormían bien, comían más de lo que estaba comiendo Karla. Estaba enfermando. Pero sus padres estaban demasiado preocupados por Emma y sumidos en su propia tristeza como para darse cuenta de ello.

Habían pasado varios días desde la desaparición de su hermana, y de lo ocurrido en la comisaría. No había noticias de Emma. No había noticias del paquete misterioso de la bolsa de plástico. No había noticias de nada. Sin embargo, en ese mismo instante, en el telediario de las mañanas, estaban emitiendo una noticia de última hora.

Al parecer, una bomba casera acababa de detonar en un polideportivo. Justo en el polideportivo del pueblo que se encontraba a un par de kilómetros de la pequeña ciudad donde Karla vivía. Era uno de los polideportivos públicos de la mancomunidad. Si no hubiese sido por estar zapeando en aquellos instantes, Karla no se hubiese enterado. Los pensamientos abrumaron su mente. Eso había sido un atentado terrorista. Justo después de que Karla sacara esa conclusión en su mente, la reportera de la tele pronunció esas palabras.

—… lo que ha sido finalmente denominado por las autoridades un atentado terrorista, aquí, en un centro deportivo en esta pequeña localidad de la Comunidad de Madrid. Aún sabemos poco, pero les podemos informar de que, aunque no se sabe el número exacto, ha habido un buen número de heridos, sin que haya muertes confirmadas en estos momentos.

Karla se inclinó un poco más hacia delante en el sofá. Apoyó la cabeza entre sus manos, aterrorizada. Aterrorizada y frustrada. Sabía, de forma instintiva, que aquel ataque en el polideportivo tenía algo que ver con el contenido de la bolsa de Carretlón, la que había tenido que llevar desde la comisaría a la plaza de la iglesia. Y quizás con la persona que estaba reteniendo cautiva a su hermana. O, probablemente, solo había demasiada paranoia en su interior en aquellos instantes como para ver las cosas con claridad. Con objetividad. Pero ella era objetiva. Debía centrarse en eso. Debía aislar cada resquicio de sí misma para no dejarse influir por nada. Aislarse del nerviosismo que le provocaba no saber si su hermana estaba sana y salva, o siquiera viva. Aislarse del estrés que le suponía el estar siendo controlada por alguien, que, según era obvio, tenía malísimas intenciones. Que suponía un peligro, ya fuera para ella, o para cualquiera de los miembros de su familia. Y para todo el mundo en general. El polideportivo.

Apagó con el mando a distancia la televisión, pero se quedó aún así mirando su negra pantalla. Al cabo de unos segundos, decidió lo que tenía que hacer. Estaba a unos diez minutos en coche del polideportivo siguiendo una sola carretera. Y a veinticinco minutos corriendo. Ella y Emma solían correr los domingos por esa zona, les gustaba correr. Mejor dicho, les gustaba las endorfinas que se liberaban en su cuerpo una vez terminadas sus carreras. Se reían de esa adicción a las endorfinas que tenían. ¡Ay!, las competiciones que hacía con su hermana. Que solía hacer.

Se levantó de un salto y salió de la sala corriendo. Subió al piso de arriba avanzando entre escalones de dos en dos y mientras entraba en su habitación se quitó la camiseta del pijama y la tiró en la cama. Abrió el armario de golpe y se deshizo de los pantalones del pijama también, dejándolos caer en el suelo. Les dio una patada mientras cogía su ropa interior y se la ponía. Cogió también unos leggins y camiseta negros y se los enfundó igualmente. Le gustaba la ropa sencilla. Al cabo de cinco minutos estaba saliendo de casa de forma apurada, y dirigiéndose a la salida del pueblo, vía polígono industrial. Corrió velozmente por la superficie negra grisácea durante varios minutos antes de pararse a recuperar el aliento. Miró su reloj de pulsera. Eran las doce y media de la mañana. Si hubiera ido al instituto... estaría en la hora de empresariales. Según ella, aunque a principios de curso hubiera parecido una asignatura prometedora, ahora era un absoluto aburrimiento. Entonces se dio cuenta de que hoy uno de los cursos del instituto tenía una excursión. Ese día, quince de marzo, se celebraba la reunión deportiva anual de todos los institutos de la mancomunidad. En aquella "reunión" -que en realidad era una competición muy poco amistosa- todos los centros hacían unas pequeñas olimpiadas en las que los deportistas eran los alumnos. Así que todos los alumnos de su instituto estaban... en el polideportivo. En el polideportivo de las noticias.



Henar Tejón

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En el texto hay: misterio, adolescentes, atentado

Editado: 13.01.2019

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