Revelaciones

Tamaño de fuente: - +

Prefacio

La luna llena brillaba en lo alto del cielo aquella noche rodeada por un halo de luz. El astro indicaba que el frío arreciaría. El viento frío proveniente del norte comenzaba a rugir a través de los árboles y hacía oscilar mi cabello. Suspiré un par de ocasiones más y me puse de pie. Tomé mi capa del pasto y la sacudí, pasé el pedazo de tela sobre mis hombros y amarré los listones en un moño sobre mi pecho. Comencé a caminar por la vereda de regreso a casa.

 

   Me topé con un rostro conocido a mitad del camino.

 

─ ¿Pudiste relajarte? ─preguntó Soumitch con una sonrisa burlona en su rostro.

 

   Asentí con desgana y el llanto de Ebryan nos interrumpió.

 

─Ha estado inquieto desde que te fuiste... Supongo que te echa de menos.

 

  Caminé hacia el pequeño y lo tomé entre mis brazos. Ebryan se acurrucó contra mi pecho y dejó de llorar. Sonreí por su ternura.

 

 ─Eleonora no dejará de buscarte... Lo sabes, ¿cierto?

 

   Ignoré a mi hermano y comencé a tararear para que Ebryan se durmiera.

 

─Lucilla, hablo en serio. No podemos continuar esperando a que Alexander vuelva, debemos movernos o ella nos encontrará.

 

  Sonreí al pequeño, que bostezaba antes de cerrar sus pequeños ojos, y miré a mi hermano, fulminándolo con la mirada.

 

─Lo sé. Lo sé Soumich.

 

  No es que no quisiera escuchar sus palabras, y mucho menos que no supiera la razón que encerraban, pero no podía irme. No sin él. No sin Xander. Pensar en una vida sin él hacía que se me encogiera el corazón. Es curioso que después de haber vivido tantas cosas que deberían hacerme odiar a los vampiros, hubiese terminado perdidamente enamorada de uno.

 

 



Ana L. Roman

Editado: 20.10.2019

Añadir a la biblioteca


Reportar