Revelaciones

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Alma

Subí a la habitación donde Alec esperaba sentado en la cama. Lucía cansado, si es que eso es posible. Caminé hacia él y me senté en sus piernas. Se sorprendió al verme y después me sonrió. Coloqué mis brazos alrededor de su cuello y recargué mi cabeza en su pecho. 

─¿Te encuentras bien? ─preguntó. 

    Asentí como respuesta y me acurruqué aún más junto a él.

─Supongo que salió mejor de lo que esperábamos ─dije en tono bajo─. Mis padres me pidieron que volviera a confiar en ellos y en este momento sigo preguntándome a mí misma si es posible que haga eso. Hace mucho que ya no estoy molesta con ellos, pero en el fondo sigo dolida por sus engaños y sus mentiras ─murmuré. 

    Desearía poder tener la capacidad de llorar como cuando era humana. Es gracioso lo mucho que se extrañan las cosas más pequeñas y sin sentido, sobre todo en momentos en los que a la mente le parece crucial derramar una lágrima o dos para relajar el alma.

─Tus padres te aman, Is, jamás olvides eso.

─¿Y tus padres también me amarán?

    Mi pregunta hizo que buscara mis ojos.

─Es distinto. Ellos dejaron de ser humanos hace mucho tiempo, nuestro modo de amar es distinto al de los humanos, creo que ahora que eres como nosotros lo comprendes mejor.

    Asentí. 

─No hay apego ─musité.
─Lo hay, somos posesivos hasta la médula, pero no somos tan inseguros como los humanos. Nuestro amor es más profundo, más detallado, jamás olvidamos a la persona amada porque somos eternos.

    Sonreí ante el romanticismo que encerraban sus palabras. Y rocé sus labios con los míos.

─Es literalmente un amor eterno, no cambia, no muere. Se convierte en parte de uno, como un brazo o una pierna. Eso es lo que hace que sea tan diferente al amor que sienten los humanos. El amor humano cambia, se transforma, se puede dejar de sentir, puede crecer o disminuir. El amor inmortal es más profundo y no tan volátil.

    Alguien tocó a la puerta. Me puse de pie y Alec caminó hacia ella y la abrió. Vannia estaba al otro lado. Entró sin decir palabra alguna y caminó hacia mí.

─Es hora de cenar ─dijo en tono seco. 

    Miré a Alec, quien se encogió de hombros, le sonreí y salí detrás de Vannia. 

─A partir de hoy, y hasta que Allen y Raven encuentren a los gitanos, debes comer seis u ocho veces al día. Es la única forma en que no correrás el riesgo de atacar a alguien.

─Alec no puede soportar alimentarme con esa regularidad ─dije aterrorizada de solo pensar en ello.

    Vannia carraspeó.

─No beberás solo sangre de Alec, ordené que trajeran suministros. Tendrás que soportar la sangre fría, no es suculenta, pero saciará tu sed el tiempo suficiente para que el bebé crezca y tú recuperes tu alma.

    El tono de Vannia era tan seco y falto de emoción que me resultaba difícil interpretar sus verdaderos sentimientos al respecto.

─¿Por qué está ayudándome si le molesta tanto la situación? ─pregunté. 

      Vannia se detuvo en seco y se giró para observarme. Sus claros ojos azules centellaron. Llevaba la rubia melena atada en un chongo alto.

─Porque mi hijo te ama ─gritó.

      Su arrebato me hizo retroceder. Sus ojos se tornaron escarlata y los colmillos asomaron por sus labios, había tal magnificencia en su porte que no pude hacer más que retroceder.

─Escucha ─dijo intentando retomar la compostura─. No tengo nada contra ti, te conozco desde que eras un bebé, te vi crecer, así como lo hice con tu madre y con el padre de tu madre, he conocido a la mayor parte de tu familia, Senya y yo compartimos muchas cosas, éramos amigas. Siempre he estimado a los de tu sangre, admiro el valor que demuestran tener ante el mundo sobrenatural y a los de mi especie, soy consciente de que eres más que solo el destino de mi hijo. Deseo ayudarte y lo haré, pero no puedo perdonarte que convencieras a mi hijo de ocultarnos tu embarazo.

─Ella no me convenció de nada en absoluto madre. ─La voz de Alec nos sobresaltó a ambas─. Sabía que el bebé correría muchos riesgos y ese fue mi motivo para ocultarlo. Voy a proteger a mi hijo y a su madre de todos y de todo.

     Sonreí al escucharle decir lo mismo que yo les había dicho a mis padres.

─¿Crees acaso que Garance o yo seríamos capaces de herir a Melissa o a tu hijo? ─La pregunta de Vannia encerraba dolor. Tomé a Alec del brazo intentando darle soporte, no estaba segura de si lo necesitaba o no, pero al menos a mí su tacto me tranquilizó.

─¿Acaso no votaron ustedes por la ejecución de Ebryan? ─Mis ojos se dirigieron hacia Vannia, quien ocultó el rostro. 

─Este bebé es el primero en su clase. Melissa no era solo una humana común cuando fue concebido, ella era una vigilante, y eso le da a nuestro hijo un poder mucho más grande del que siquiera pudieron imaginar en Ebryan ¿Cómo podía simplemente decirles? Lo siento, madre, pero ellos son mi familia ahora.

     Una lágrima roja rodó por la mejilla de Vannia, quien levantó el rostro,  sonrió y tomó mi mano.



Ana L. Roman

Editado: 20.10.2019

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