Revelaciones

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Luna Llena

─¿Cómo te encuentras? ─preguntó Leandra mientras observaba el líquido dentro de un vaso de precipitado. La ciencia y la magia no son tan distantes como la mayoría de las personas quieren creer.

─Supongo que mejor. ¿Vas a decirme de una vez que fue lo que encontraste en las pruebas de Melissa o continuarás observando ese frasco?

    Leandra depositó el vaso en la mesa y se giró para mirarme.

─No descubrí nada que no supiera ya ─masculló.

    Al menos eso explicaba ese horrendo olor a decepción que provenía de ella.

─Sin embargo, sí pude deducir el tiempo de gestación y, por lo tanto, puedo predecir el nacimiento del pequeño. Por supuesto, también tuve la oportunidad de probar si alguno de nosotros es inmune al poder de ese bebé y creo que te agradará saber que... No. Sin importar de qué especie seas, si hay poder sobrenatural en ti la sangre de ese bebé neutralizará las moléculas inmortales. ─Fruncí el ceño al escucharla decir eso─. Me refiero a que nuestros poderes serán neutralizados. 
»Si tan solo tuviéramos a la chica, podríamos usarla para completar la profecía. En fin. Por el momento debo decirte que tenemos dos meses, aproximadamente, para descubrir cómo trabaja el poder de esa criatura.

    Sonreí. Dos meses, el bebé nacerá el mismo mes que yo.

─De acuerdo...

─Necesito más sangre de Melissa y, por supuesto, del bebé ─me interrumpió.

─¿Del bebe? ─Mi pregunta estaba cargada de confusión. Leandra abrió uno de los cajones de su escritorio y tomó una aguja que, a mi parecer, era gigantesca─. De ninguna manera usarás eso en ellos ─gruñí. 
─Es usada en los hospitales, Ebryan, para realizar pruebas en el líquido amniótico. No le hará daño si es usada adecuadamente. ─No pude evitar gruñirle por lo bajo, lo que sorprendió a Leandra.

─No olvides nuestro trato ─dijo y volvió a guardar la aguja en su escritorio─. Tú tendrás tu venganza y a tu destino y yo tendré al bebé ─siseó por la bajo.

─Debo ayudarla… necesito hacerlo ─dije para explicar mi acalorada reacción.

    Leandra me miró y caminó hacia mí.

─Ebryan, no permitas que la presencia de esa mujer altere nuestros planes. Ella será tuya, pero primero debo tener a su bebé. ─Mis ojos se clavaron en la bruja.

─¿Por qué te interesa tanto ese niño? Temes a su habilidad, ¿no es verdad? ─Leandra sonrió y acarició mi cabeza con la punta de sus dedos.

─Por supuesto que no. Temo que aquellos que una vez intentaron matarte vengan por el pequeño al sentirse amenazados. Ya conoces cómo piensan esos retrógrados burócratas, nada importará de quién sea hijo. Lo asesinarán.

─No lo permitiré ─siseé.

    Leandra sonrió complacida.

─Yo tampoco lo haré, querido. Dejaremos que Melissa dé a luz y, una vez que el bebé esté bajo mi protección, tienes mi palabra de que haré lo necesario para ayudarla.

     Salí de la habitación de Leandra y regresé a mi propia habitación. En el pasillo se encontraban Emir y otros dos de los chicos de la manada de Laster. Al observarme caminar hacia ellos hicieron una reverencia a modo de saludo. Los licántropos de mi tío eran mucho más controlados de lo que cualquiera esperaría.

─¿Qué demonios ocurre aquí? ─dije al observar cómo se empujaban unos a otros para observar algo más de cerca.

─Ellos... ─Escuché a Samantha balbucear, me abrí paso entre los cachorros y entré en la habitación. Sammy intentaba proteger a Melissa, quien se encontraba aterrada hecha un ovillo en una orilla de la cama.

─¡Largo de aquí! ─grité.

─Solo queríamos saber si los rumores eran ciertos ─explicó Emir.

    Saqué las garras y él retrocedió. Nathaniel observaba todo desde la ventana del pasillo.

─No puedes quedarte con todas las hembras del sitio, Eb.

    Emir gruñó en dirección a Nathaniel, pero el interpelado solo sonrió y comenzó a caminar hacia su habitación. Miré por el rabillo del ojo al resto de los presentes y todos comenzaron a irse lentamente. Entré por completo en la habitación cerrando la puerta tras de mí, me acerqué a Melissa e intenté colocar mi mano en su hombro, pero ella se hizo aún más ovillo y comenzó a negar con la cabeza.

─No... No ─jadeó.

    Apreté los ojos y me retiré un poco, ella levantó el rostro y pareció calmarse. Sus delirios parecían ir y venir, habían pasado tres días y no veía ninguna mejora, aunque tampoco empeoraba. La situación de permanecer de pie en el mismo sitio comenzaba a ponerme de los nervios. Leandra había prometido ayudar a descubrir la razón de sus desvaríos, pero no era su prioridad. No al menos como lo era estudiar al bebé. 

    Me senté en la silla frente al escritorio, mientras observaba a Samantha ayudar a Melissa a recostarse. La niña tomó por sí misma una toalla limpia y una muda de ropa.  Chise había ido con ella a comprar algunas prendas que le quedaran bien.



Ana L. Roman

Editado: 20.10.2019

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