Rey de Dragones

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Capítulo 1. Rey de dragones

La situación era por demás ridícula. Elegantes gardenias colgaban a través de los espaciosos salones del palacio como si fueran hierba y se deslizaban como enredaderas por la estructura cubriéndolo todo; clavando sus raíces a las columnas que lo sostenía en pie. No demoraría en derrumbarse. Las paredes comenzaban a agrietarse por las pulsantes espinas y la absorción de lo que uno creería semejante a la vida en un ser inanimado, crecía a pasos acelerados. Lo que había comenzado como un disimulado intento de darle color al salón con arbustos de hojas verdes profundas y numerosas, se alzaba ahora como una invasión inescrupulosa del más puro y rudo galanteo visto por la realeza.

Uno creería que era un paisaje sumamente hermoso como aterrador si no fuera porque al final del recorrido por el que danzaban sus ojos, en la cima del trono de un reino caído frente al gran ventanal que daba al jardín principal, se encontraba un joven de cabellos cenizos junto a la más espesa y roja mirada similar a la sangre derramada, sentado sobre el lomo de un gran dragón. Sus piernas estaban cruzadas mientras su mentón descansaba sobre un puño en una postura de desinterés que desmentía la intensidad de su mirada. Y Yoshimi Aída sabía el porqué.

Miró por última vez lo que había sido su hogar y el último intento de su pueblo por conseguirle marido.

Desde que tenía capacidad de pensar por sí mismo, se encontró frente a un camino trazado por sus progenitores y el hecho de que no era una opción el dejarle elegir su sexo por voluntad propia. Se le sentenció a tomar la forma definitiva como una mujer hermosa y sumisa que esperase desposada en sus aposentos por el pomposo heredero del reino vecino.

"Garantizarás la prosperidad y protección de tu gente" era la justificación a tan arbitraria disposición. A Yoshimi no le agradaba la idea. Nacer con esa particularidad biológica solo era un contratiempo a sus planes. Su vena ávida de conocimiento estaba ahí y nadie le detendría de explorar el mundo.

Fue paciente y aguardó hasta la mayoría de edad y a esa ostentosa fiesta de compromiso donde se realizaría la ceremonia de neutralización de sexo. No era ni hombre ni mujer antes de esa noche.

Su cuerpo se adoptaba a su versatilidad emocional, oscilando sin un género definitivo, gracias a su linaje maldito. Por ello, se encontró en el centro de todo y poco a poco fue rodeado por oscuras intenciones. Su voluntad sería apuñalada en cuanto la primera estrella asomara si no era capaz de hacer algo al respecto, así que sin permiso de nadie se colocó las vestimentas que el mismo confeccionó y se lanzó hacia los brazos de aquel imponente hombre.

Una vez alzó la cabeza tras el salto, los ojos de la bestia brillaron en aprobación. Frente a él, el cuerpo de ese ser particular comenzaba a destellar vestigios de su elección en forma de flamas verdes y frondosas como los pastos de la más fina montaña bosqueada en su mejor época y tembló por la anticipación. Su pareja al fin dejaría de ser preso de su sangre y sería libre. Le adoraba tal cual era y no importaba si fuese un hombre o una mujer.

Los gritos de la nobleza fueron silenciados tan pronto como entendieron que ya no podrían revertirlo. Yoshimi Aída había elegido la forma del hombre contra todos los pronósticos porque si bien podían entender que se negase a tomar la femenina si sus gustos eran los de un hombre con respecto a gustos románticos; sus esperanzas habían resurgido en segundos, al notar que se lanzaba sin convicción hacia la representación de la masculinidad en persona. Hacia quien lo resguardaba entre su cuerpo para evitar que una lanza le diese de lleno al pequeño de ojos grandes y cabello alborotado con constelaciones en sus sonrojadas mejillas que lo volvían capaz de pararse por si mismo y les rugía con fiereza a la par con su dragón de escamas inaccesibles.

Esperaban una estabilidad más lenta sin embargo y lo que se les entregaba era a un omega masculino con la determinación en su mirada, brillando como dos fuertes orbes jade y la inexplicable sensación de orgullo que transmitía el otro joven a su lado.

"El que algo quiere, algo le cuesta" fue el lema de su país natal cuando la ciudad fue fundada por la fuerte voluntad de una familia de sangre azul. Sacrificarían todo por poder, aunque eso significara condenar a un miembro por generación al igual que Yoshimi sacrificaría la estabilidad de una región entera por una vida sin ataduras. Esas personas podrían arreglárselas por sí mismas en su opinión.

"Oh mi gran señor, si carece de paciencia, es mejor que olvide a esta hermosa planta. Hay otras mucho más fáciles de tratar. Las gardenias en particular, son verdaderamente problemáticas"- Sisearon los nobles en un nuevo intento para hacer flaquear la evidente devoción y lo que recibieron como respuesta fue una cara que demostraba cuanto se estaba divirtiendo a juego con palabras afiladas- "Cuidarte de los pétalos de tu gardenia carece de sentido cuando eres completamente suyo. Y yo Rey de dragones me he entregado con gusto." Aclararlo no haría la diferencia, pero sus labios picaban por poder decirlo al fin. Soportó por tres largos e interminables años. Hizo acopio de toda su paciencia y esperó por la señal de su amante. No es que se quejara después de todo porque como decía su madre: "Toda tortura dulce recompensaba al final."



Kimiko

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En el texto hay: medieval, omegaverse, dragones

Editado: 15.08.2019

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