Rojo

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Capítulo 2

Capítulo 2

-Mirel, ¿Crees poder quedarte un par de horas más?

El lugar estaba hasta el tope de gente, hacía donde veía solo había personas pidiendo ser atendidas, esta es la hora donde las cosas se tornan más complicadas.

-Claro que sí, no podría dejarlos con esta cantidad de personas-respondí apresurándome a volver a colocarme el delantal.

Aunque eventualmente era muy tarde y se salía un poco de mi horario habitual de trabajo pero corresponde a un paga extra que no me vendrá nada mal, dado que ahora tengo cubrir los gastos de ese bonito vestido. Sin pensarlo más me dispuse a atender las mesas lo más rápido posible, ignorando comentarios de algunos viajeros, no puedo ser grosera con los clientes. Más de una vez se pasaron con los comentarios pero ni los demás empleados ni los dueños podían hacer algo realmente, no si quieren seguir teniendo un trabajo, esta no es la primera vez que tengo que tolerar esto y tampoco será la última.

En un momento dado tuve que alcanzar algunas bebidas a una mesa extra que tuvimos que agregar, aquellos sujetos no me eran conocidos y tampoco parecían poder controlar su bocota.

-Cómo dices que te llamas primor-dijo uno arrastrando las palabras a más no poder, ya no daba más y algo me decía que iba a terminar tirado atrás del bar.

Extendió su brazo para tomar el mío pero fui lo suficientemente rápida como para evitarlo, metiéndome de prisa en el local. Eso sí que dió miedo.

Ese fue primero de varios sucesos similares producidos por los mismos tipos, ya no de parte del ebrio sino de sus compañeros que parecían bastante lúcidos, un suspiro pesado se escapó de mis labios, esto se está volviendo muy peligroso tendré que decirle al dueño que ya no atenderé esa mesa.

Y así lo hice fueron apenas un par de palabras, pero las suficientes para darme a entender y ser entendida, el resto de la noche solo atendí mesas dentro del local no cambió mucho ya que seguían sueltos de boca pero al menos corría tanto riesgo, estaba a la vista del resto de mis compañeros y de los dueños.

 

Una par de horas más, con el amanecer ya pronto a caer las personas comenzaron a retirarse como podían mientras me encargaba de ayudar a cerrar.

-Ya puedes irte niña, es muy tarde y pronto tienes que ir a tu otro trabajo-la mujer me dedicó una sonrisa cansada pero sincera.

-De acuerdo, que tenga descanses-dije devolviendole la sonrisa antes de retirarme.

No sentía el cansancio aún, estaba demasiado despierta y eso sería un problema a la hora de dormir, bueno si es que puedo decir eso, sabiendo la hora que es tendría suerte si puedo descansar los ojos unos cuarenta minutos. Más allá de todo eso, me sentía bien fue día ajetreado y me espera otro igual, pero nada de eso podía sacarme la sensación tan bonita que me produjo aquel vestido, es un trozo de tela lo sé, pero hasta ahora nunca había tenido la posibilidad de comprarme algo bonito. Estaba demasiado concentrada en mis propios pensamientos, siguiendo el camino de memoria hasta la posada.

-¿A dónde vas tan distraída?-una voz a mis espaldas me sacó de mis pensamientos.

Al voltear note a tres de los hombres que estaban en el bar, no dudaría que los otros estuvieran escondidos en algún lugar. Inmediatamente empecé a correr sin dirección alguna, escuchando risas y palabras sin sentido a mis espaldas, el miedo recorría mi cuerpo impulsandome a seguir huyendo. No quería ni siquiera pensar en lo que podía ocurrirme si esos hombres me atrapaban, las piernas me dolían y ya estaba comenzando a quedarme sin lugares a los cuales huir… hasta que apareció la entrada al bosque. Alcancé a esconderme detrás de una casa que tenía el inicio de ese bosque como patio, podía escuchar todavía sus voces llamándome, mi corazón estaba desbocado y dolía demasiado.

De la forma en la que lo viera solo tenía una opción.

-No sirve de nada huir, Mirel-la forma en la que habló ese sujeto despertó algo en mí, más allá del miedo estaba muy cerca, demaciado.

Sin siquiera pensarlo, fui moviéndome poco a poco hacia el bosque procurando no hacer mucho ruido, en el momento en que pise aquellas tierras algo vibró dentro de mi.

No me detuve ni un solo segundo, por más que mi curiosidad llamaba no podía hacerlo, el miedo estaba instalado y solo pensaba en huir, lejos de esos hombres, lejos de ese pueblo, lejos de todo lo que conocía. Correr sin tener una dirección o mínima idea de hacia dónde ir definitivamente no es una buena idea, lamentablemente me dí cuenta muy tarde todo eso, el sudor frío caía sobre mi frente y poco a poco mi cuerpo comenzaba a resentir todo lo que había hecho durante el día. Tuve que parar a tomar un poco de aire, estoy demasiado cansada como para seguir además de que no tengo la menor idea de dónde estoy, este bosque es muy grande aunque una buena parte es bien conocida y usada como atajo para llegar a pueblos cercanos, nadie que sepa se tomo la molestia de terminar de recorrerlo. En pocas palabras estoy perdida, pero extrañamente no siento miedo, antes de solo verlo desde afuera me causaba temor aunque claro no es por el lugar en sí, sino por haberme perdido aquí una vez en mi niñez, sin embargo no recuerdo nada de ese momento a pesar de que fueron casi tres días. El no saber qué me ocurrió, cómo logré sobrevivir sola tanto tiempo y por qué me aparté del camino, es lo que me asusta, sigue siendo algo que me provoca terror aún estando aquí vagando sin tener un rumbo fijo.



Rosalba

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En el texto hay: romance celos, compromiso, romance drama

Editado: 17.05.2019

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