Rompiendo las reglas de las galaxias

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Capítulo II

Me desperté antes de que la alarma sonara.

Me dirigí al baño y tome una buena ducha, aún seguía teniendo esa marca en el cuello.

Me puse unos jeans con una blusa negra que hacia resaltar más mis ojos grises y mi piel blanca, agarre mis Converse y me los empecé a poner.

Me dirigí a la cocina agarrando mi cabello en una cola alta, cuando entre vi a Kylan de espaldas sirviendo el desayuno.

-Buenos días- dije sentándome.

-Buenos días- dijo Kylan con entusiasmo.

Me puso el plato adelante y empecé a comer.

Me quede pensando si decirle a Kylan sobre la marca que tenía en mi cuello, pero decidí no mencionarlo hasta que fuera el momento oportuno.

Mire la hora y llevaba el tiempo encima, agarre el pan que estaba en el plato y me dirigí a la puerta, tomando mi mochila.

-Adiós!!- dije con bocado en la boca.

-Adiós, no te duermas en clase!!

- Eso espero- dije riendo.

Entre a mi salón, por suerte solo habían cinco alumnos, cada quien estaba su mundo.

Me dirigí a mi asiento, saque un libro de mi mochila y me coloque mis audífonos.

Empecé a sentirme rara, decidí guardar el libro, ya que no me podía concentrar; al mismo tiempo vi entrar a Dylan con una cuarta parte del salón atrás de él. “aquí vamos” pensé.

Al verme cambio de dirección dirigiéndose donde me encontraba yo.

Se veía impotente, al verlo acercarse a mi sentí un escalofrió recorrer mi cuerpo. Se paró frente mí, con su mirada molesta.

-Qué tal monja- dijo con sarcasmo, haciendo que todos los presentes voltearan a verme.

No me quede callada, odiaba ese apodo que acababa de ponerme.

-Que tal tu miembro- dije sacando una carcajada.- lo cual hizo a los chicos reírse. Al ver que a Dylan no le causaba gracia se callaron de inmediato.

-Esto no se va a quedar así.-dijo acercando con los puños cerrados.

-No te acerques a mí si no quieres perderlo.- le dije burlona, refiriéndome donde le había pegado el día ayer.

Los chicos trataban de no reírse.

Ya toda la clase estaba atenta a nuestra discusión.

-Tú no eres nadie para decirme lo que tengo que hacer.

Ya estaba a unos centímetros de mí. No lo pensé dos veces lo empuje con mucha fuerza causando que la chica de atrás que era su supuesta novia se cayera.

-Mira lo que has hecho- dijo empujando hacia la pared con más fuerza con la que yo lo había empujado, me pegue en la cabeza y caí al suelo. Me retorcí de dolor al sentir una punzada en mi cabeza.

-Que te quede claro que conmigo nadie se mete.- me dijo volteándose. Todo el salón estaba en completo silencio.

Me pare como pude acercándome le di una cachetada por detrás.

Él se voltio con la mano en su mejilla, sin pensarlo dos veces me devolvió el golpe, pero yo me agache con una rapidez asombrosa, haciendo que su mano pasara rosando mi cabello.

Él tenía cara de asombrado, pero recobro la cordura y con la otra mano trato de hacer lo mismo pero yo detuve el golpe atrapando su mano en el aire, la cara de todos era un verdadero poema y la mía también, realmente no sabía que me pasaba. Rápidamente se soltó de mi agarre.

El trataba de darme golpes pero yo los esquivaba todos. Él se abalanzo cayendo sobre mí, se disponía a darme un golpe en la cara cuando se escuchó la voz del profesor

-¿Qué está sucediendo aquí?- dijo dirigiéndose al círculo en donde se encontraba la pelea.

Todos los chicos fueron a sus lugares Dylan se paró he hizo lo mismo, la única que estaba en el suelo era yo.

Me pare rápidamente pero todos ya estaban en sus lugares.

-Señorita Avril, está suspendida por una semana.

-Pero yo no…

-No quiero explicaciones, fuera de aquí.

Recogí mis cosas y salí sin antes darle una mirada a Dylan, quien tenía la cabeza agachada.

Di un portazo y camine fuera del instituto y fui al parque, parándome cerca del lago.

-Todo esto es la culpa de ese imbécil- dije pateando un árbol.

-Debo de admitir que tienes mucha fuerza.- escuche una voz detrás de mi.- y sí, soy un imbécil.

Me gire para encararlo.

-Ahora que vas a hacer- le dije molesta- regresa a tu clase niño consentido!!

-También me suspendieron- dijo encogiéndose de hombros.

-Creí que tendrían compasión de ti -le dije sarcástica.

-Oye, no siempre se hace lo que yo quiero.-respondió defendiéndose.

-A no!!-le dije gritándole.- todo mundo te obedece y dices que no.

-Estas muy equivocada.

-Por favor, estás bromeando cierto.- dije rodando mis ojos.

-Tú no me obedeces.

-Claro que yo no voy a obedecer a alguien como tú, te crees el rey de la escuela, eres un niño consentido, que hace lo que quiere y se…

-¿Qué es eso que tienes en el cuello?-pregunto acercándose a mí.

-¿Qué?-pregunte confundida, pero de pronto me acorde y trate de cubrirlo con la mano.

-No es nada me lo pinte con una pluma negra.-dije nerviosa.



Ximena Salazar

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En el texto hay: verdades, amor odio, suspeso

Editado: 31.05.2019

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