Sacrificio- Serie Warriors #1

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Capitulo 19

(MARCUS)

Una de las puertas al infierno no estaba muy lejos, lo podía sentir. Una vez dentro solo teníamos que coger un desvió y estaríamos en Kolasi. La caminata iba a ser dura una vez en el infierno pero lo lograríamos, nada nos iba a impedir llegar a nuestro destino.

- Llegamos – una vez aparcado la Range en medio de un terreno desierto, bajamos para explorar. La entrada estaba cerca pero estaba oculta a la vista de cualquier ser, vivo o muerto.

- Aquí esta – la voz de Adriel llego desde el otro lado del terreno. Aun siendo un mortal, por el hecho de ser un caído, él era la llave para poder abrir la puerta. Todos nos acercamos.

La puerta estaba frente a él. En realidad no era una puerta, sino una roca gigante que estaba oculta por la maleza que había crecido en ese lugar, pero en esta se podía ver signos solo visibles para los que tuvieran sangre celestial. Para una persona común y corriente esta seria solo una gran roca en un terreno baldío.

Adriel dijo unas palabras en un idioma perdido que nunca antes había escuchado hablarlo, solo había sabido su existencia pero ningún antiguo lo hablaba frente a los demás. Se hizo un corte en la palma de su mano y la colocó sobre la roca. Ésta hizo un sonido y se partió en dos, luego cada pedazo comenzó a deslizarse en dirección contraria, mostrando la entrada a una cueva.

- Muy bien – dijo Adriel, mientras se daba la vuelta para mirarnos – aquí esta… la puerta al Infierno.

Nos miramos unos a otros. Luego asentimos. Señal de que estábamos listos, no podíamos perder tiempo, mañana sería luna llena y el camino hasta Kolasi nos llevaría varias horas.

- Vamos – Adriel tomó la delantera. Los demás le seguimos. Él conocía mejor estos terrenos que nosotros – Una vez dentro, solo miren al frente. Lo que verán no les gustará. Tendrán la necesidad de ayudar. Pero recuerden que quienes están en el Infierno es por que se merecen estar aquí y su castigo es por una razón.

Todos asentimos en silencio. La cueva era como un pasillo de roca con una oscuridad total, la única iluminación era la de la espada de Adriel. Caminamos por varios minutos hasta que en el fondo se pudo ver una luz. Esa era la entrada.

- Recuerden lo que les dije  - dijo Adriel con su voz llena de seriedad.

Continuamos caminando. La vista al frente. Solo mirando el camino y salimos de la cueva. La luz que nos dio la bienvenida era diferente a la de la Tierra. Una luz rojiza como si estuviéramos en un eterno atardecer, rodeaba todo el terreno.  Mirando al horizonte, parecía que el lugar no tenía fin. Y de seguro así era.

 Unos minutos de caminata después, el silencio comenzaba a ser desplazado. Lamentos, llantos, susurros se podían escuchar a lo lejos, y con cada paso éstos se hacían más fuertes. El ambiente comenzaba a ser pesado, el aire ya no era tan limpio, parecía como si estuviéramos en las cloacas de la ciudad. Pero no, esto era el olor de la descomposición, de la avaricia y la perdición.

- Por favooooor, nooooo

- No maaaas

- Noooooooooo

- Ayudaaaaaaaaa

Las palabras eran demasiado fuertes y algo se rompía en mí ser. El instinto de ayudar, de querer dar protección a quienes gritaban con tanto sufrimiento y dolor me jalaba a los límites. Todos comenzamos a movernos inquietos, queriendo mirar hacia donde las voces pedían ayuda.

- No los escuchen – la voz de Adriel parecía venir desde muy lejos – No miren a los lados, solo al camino.

Nadie dijo nada pero luego de unos segundos un grito de horror nos paralizó a todos.

(LYON)

El grito había sido mi límite. En ese momento levante mi mirada y mire a un lado. Todo a mí alrededor se tambaleó. No era un terreno, estábamos encima de una especie de puente. A los lados no había nada. Era la nada absoluta. Pero los lamentos y gritos estaban ahí.

- ¡No mires más! ¡Mira al frente! – los gritos de Adriel llegaron, parecía venir desde muy lejos aunque en realidad estaba a solo unos pies. Traté de mirar de nuevo al frente. Pero los gritos me hacían ver hacia abajo. Y lo que vi me lleno de terror.

Un mar rojo se extendía por debajo del puente en el que estábamos. Miles de rostros se veían. Sus bocas abiertas en gritos, algunos silenciosos, otros audibles. Manos y brazos salían de allí en señal de auxilio queriendo aferrarse de lo que sea, sin encontrar nada.

Lamentos, llantos, gritos. El castigo eterno era lo que estaba frente a mis ojos. La respiración se me paró y sentí desvanecerme. Había llegado mi hora. Me uniría a ellos y no podía detenerlo.



E.P.Rod

Editado: 30.04.2019

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