Saga El ángel

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Capítulo 2: “La presentación”

Castiel

Abel, luego de decir que encuentre mí envase se hizo luz, una luz muy potente de un poderoso color blanco con destellos azules claro, casi no se notaban pero se podían sentir impregnando en mí gracia. Su luz era muy potente, pero no tanto como la gracia de Dios, Dios... Mi padre era el mejor ser celestial que cualquier ángel o cualquier criatura pudieran ver. Era el único Dios, él había creado a otros dioses a su semejanza para alegrar a los seres humanos y que sigan su vida por medio de una fe. La persona podía elegir a quien entregarle su fe.
Abel, chasqueó sus grandes y delgados dedos y ya no estaba presente, ya se había ido al cielo. O adónde fuera que se debía ir, nunca se sabe con certeza en donde se podría escabullirse ese ángel.
Decidí emprender el viaje hacia mí nuevo envase. Hacia esa persona que me dejaría utilizar su propia carne por el bien común.
Recuerdo las palabras de Abel antes de irse —: No eres digno de entrar en un cuerpo sin ser autorizado por el hombre —Me informo cosas que ya sabía, como siempre pero luego agrego —: Debes usar tú ingenió para que él acepte.
Recuerdo con claridad que observé Abel levantando una de mis cejas—Muy bien, ¿Cuánto tiempo tengo? —Eso si era algo que realmente no tenía idea.
—Tú lo sabrás créeme.
Esas palabras no me ayudaron en lo absoluto, se supone que debería ser ahí cuando abra su boca y comencé a hablar sobre lo que realmente importa.
Recuerdo sus palabras, esas palabras que no me habían ayudado para nada, debo hallar ese cuerpo. Esa alma que me hará todo mucho más fácil y capaz de mejorar todas las situaciones horribles que había vivido aquí, en la tierra. Era un buen momento para cambiar, era un momento para dejar el pasado y comenzar a ver hacia adelante, necesito hacerlo por mí.
Lentamente me doy vuelta y veo un joven llorando, lloraba tanto que cualquier ángel podría oírlo, no entiendo cómo no vienen a ayudar a éste hombre, él se encontraba rezando a Dios por su familia, para que todo mejore en su vida y la de sus hermosos seres queridos que tanto están sufriendo.
Como ningún ángel tomo parte de la situación decidí que lo mejor sería ayudar, entonces me acerqué y le dije —: Joven, Dios atenderá tus plegarías, por eso estoy aquí. Estoy aquí para compensar todo el mal que sucedió.
Dejadme entrar en tú cuerpo para ayudarte, luego de salvar a tú familia y cumplir mí misión dejaré tú cuerpo como estaba, nada habrá diferente. Nada cambiará.
El joven me miraba asustado sin decir ni una palabra, sus ojos azules me observaban, claramente tenía sangre angelical porque podía ver mí verdadero yo y podía oírme con claridad. Él no dejaba de verme completamente asustado, sabía y sentía que así era como se encontraba. Era joven, parecía de unos treinta y cuatro años de edad, su cabello negro hacía un gran contraste con esos ojos azules, parecía un joven contador, por su extraño atiendo. Llevaba puesto unos pantalones azules, una camisa blanca y arriba tenía puesta una gabardina de un color claro, parecía un marrón claro.
El joven no dijo nada aunque luego de unos pocos minutos sólo se escucha salir de su boca —: Acepto, si tú puedes ayudarme. Lo acepto con mucho gusto.
Yo había prometido que lo ayudaría y cumpliría mí palabra con mucho gusto, lo haría. Sé que así será.
Luego de eso me hago luz y entro en su cuerpo, lamentablemente al poseer un cuerpo recuerdas toda su vida, todos sus errores como aciertos. Debía acostumbrarme a ser este hombre de ahora en más.
Camino a encontrar mí misión, la orden que Dios me encomendó. Debía encontrarla.
—Hijo mío, debes hallar a Rubby Ebay, ella será tú misión.
Escucho las palabras de Dios y me dispongo a encontrar a esa joven.
Camino por todas las calles de la ciudad "Villarreal", viene una niña gritando —: Papi, papi...
Era una hermosa niña, su cabello era rubio y largo con pequeñas ondas en su hermoso cabello, era muy largo. Sus pequeños ojitos eran de un color más claro que el de mí envase, eran celestes. Era una niña de estatura baja, era muy flaca, tenía un pijama de oso panda gigante que la hacía verse completamente adorable a la vista de cualquier ser humano.
Le tocó su cabeza, para parecer algo agradable con la niña y le dije —: Querida, no soy tú padre —Dije sabiendo que eso a la niña la afectara demasiado en algún momento de su vida.
Lentamente me fui sin dudarlo.
Me encontré una capilla del señor, estaba algo deteriorada, pero no importaba, tenía por siempre y para siempre el mismo efecto, es tierra sagrada y por lo tanto siempre quedará de ese modo, me adentre y fui a orar, ore por el hombre en el cual estaba.
—Oh mi padre, ayuda a esté simple creyente, dale las fuerzas para seguir adelante con la vida. Ayúdalo a encontrar su camino, yo sé que tiene mucho para dar a esté mundo...
—Claro que si —Oigo con claridad la voz de mí padre.
Dios, envía unas herramientas para ayudar al señor.
Salgo de la capilla y encuentro a unos jóvenes tratando de robar algo a una joven les digo lo primero que mi mente pensó en ese momento tan desesperado —: Disculpen, suelten a esa joven.
—Mira idiota, mejor te vas si no quieres ser herido. Porque podemos matarte aquí mismo y eso sería algo mucho más divertido que robar a está zorra —Dijo el joven.
—Tú serás él que se irá.
Chasqueo mis dedos y mando a los jóvenes a otro sitio. Mejor dicho a un país muy lejano, ellos sabrán cómo tratar a ese tipo de personas tan maleducadas.
La joven me mira a los ojos sin poder creer lo que sus propios ojos habían visto hace unos pocos segundos y me dice —: ¿Quién eres tú?, ¿Qué acaba de suceder?, ¿Cómo lo hiciste? —Me preguntó completamente asustada.
Su labio inferior comenzó a temblar sin parar en ningún momento, su piel se volvió como una pequeña hoja de papel, estaba tan pálida que me producía algo en mí interior, sé que quería una respuesta. La joven no tenía por qué pasar un momento tan desagradable como este, pero hice lo mejor que pude. Siempre trato de hacer lo mejor, si hago algo mal no es con intención.
Esos jóvenes le habían hablado de una manera muy vulgar, no me gusta para nada ese tipo de vocabulario obsceno y menos a una mujer.
La joven parecía de unos diecisiete años de edad, su cabello era marrón oscuro con ondas pequeñas, sus ojos tenían el mismo color pero contenían un brillo especial en su mirada y se encontraban completamente pintados de colores llamativos. Su atuendo no era para nada agradable, poseía ropa tan corta y ajustada que podía ver con claridad más de lo que debería estar viendo en estos momentos de mí vida, si es que podía llamar a esto vida.
—Castiel, un ángel del señor —Decidí que responder sería lo mejor y eso fue justamente lo que hice.



Byther

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En el texto hay: angeles y magia, dios, oscuridad y luz

Editado: 13.02.2019

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