Saga Elemental I: El Legado

Tamaño de fuente: - +

STELLA

 

 

La noche era oscura, sin luna, solo estrellas. El viento helado hacía remolinar nuestras capas. Las tumbas nos rodeaban. El enemigo estaba cerca. Podía sentirlos moverse por entre las ruinas en las que vagábamos constantemente.

Se escuchaban pisadas por la tierra húmeda, seguidas de aullidos y gruñidos. Por lo que nos agrupamos en círculo, dándonos las espaldas.

— ¿Están cerca? —preguntó Sofía, observando a su alrededor en señal del enemigo.

—No lo sé —contestó Elizabeth que también mantenía la guardia—. ¿Cómo pudieron atravesar la barrera?

— ¿Cuántos son? —quiso saber Sofía.

—Como una docena —contesté yo, que en ese momento me había agachado y apoyado una mano en el suelo, de esta manera podría sentir las vibraciones.

—Perfecto —respondió Sofía con un bufido, justo cuando un enorme lobo gris saltó de detrás de un árbol y nos gruñía ferozmente.

Nos pusimos en cuclillas listas para defendernos, cuando otro lobo arremetió por el costado a Sofía echándola al suelo, mientras ella gritaba por la sorpresa. Elizabeth le lanzó una de sus dagas derribándolo hacia un lado. Sacó a Sofía del suelo antes de que otro lobo la volviera a tumbar.

Viendo que el enemigo nos superaba en número, decidí que lo mejor sería que nos retirásemos antes de que nos eliminaran del mapa.

Le hice una seña a Elizabeth para que nos fuéramos. Pronto nos hallábamos corriendo, Elizabeth, Sofía y yo, seguidas de cuatro lobos al que pronto se sumaron dos más.

Apenas podía respirar debido a la carrera mortal que estábamos haciendo. Teníamos que escapar del enemigo, pero nos estaban pisando los talones. El viento me susurraba ferozmente en los oídos mientras el sudor corría por mi frente. Estábamos en una situación difícil; si nos deteníamos corríamos el riesgo de morir despedazadas, y si no nos deteníamos, sufriríamos un castigo por haber rompido las reglas al salir del Instituto a altas horas de la noche. Peor aún, nos podrían expulsar si traspasábamos la línea que estaba a unos cuantos cientos de metros más al frente.

Estaba convencida de que moriríamos allí, cuando de repente…

—Ahhh —se escuchó el grito resonante de Elizabeth a mis espaldas, me arriesgué a echar un vistazo sobre el hombro. Y lo que vi fue suficiente para congelarme en el lugar. Una de las bestias de dos patas tenía a Sofía en sus garras. Malditos perros, habían traído refuerzos.

En ese momento estaba segura de que era nuestro fin definitivo. Elizabeth no podía usar su poder para ayudar a Sofía, ya que si lo hacía correría el riesgo de que le aplastaran con un golpe.

Estábamos completamente perdidas… hasta que de la nada, surgió una ráfaga de viento que hizo volar a la bestia que sujetaba a Sofía en sus garras, causando su caída. Elizabeth corrió a ayudarla a levantarse.

Cuando me di vuelta vi a Jonathan, pero no nos estaba mirando a nosotras, sino a otra bestia que estaba detrás de Sofía y Elizabeth. Esta bestia era diferente al resto de las que habíamos visto antes, porque era blanca.

—Jonathan… __comencé, pero él no estaba oyendo, su atención estaba fija en la criatura de dos patas semejantes a una mezcla de lobo-hombre y oso a la vez. Apenas pude notar que estaba corriendo hacia la bestia y la bestia hacia él enfrentándose ambos como en una batalla frente a frente, batiéndose en duelo.

Sofía, Elizabeth y yo los estábamos viendo en silencio, pues las palabras se negaban a salir de nuestras bocas.

La bestia era mucho más grande que Jonathan, pero no por eso se dejaba ganar. Además, él tenía algo a su favor: podía controlar el viento y usarlo en su defensa como lo estaba haciendo en ese momento.

Al observar a nuestro alrededor vi que el número de bestias había aumentado notablemente, y no podía decir si era a causa de la pelea que había entre aquella cosa blanca y Jonathan, o porque intentaban rodearnos para luego atacarnos mientras estuviéramos distraídas.

—Chicas ¿ven lo que yo veo? —pregunté, mientras la distancia de las bestias y nosotras se hacía cada vez más corta a nuestro alrededor.

Nos agrupamos uniendo nuestras espaldas para no tenerla al descubierto.

Elizabeth lanzó una pequeña llamarada a modo de advertencia, pero aun, así las bestias no retrocedieron ningún milímetro… luego se esparcieron a nuestro alrededor como papel al viento. Al levantar la vista, vi a Jonathan dirigir una rápida mirada hacia nosotras.



J. N. García

#5586 en Fantasía
#2490 en Personajes sobrenaturales
#7741 en Otros
#1163 en Aventura

En el texto hay: poderes, suspenso, acción

Editado: 16.12.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar