Saga Elemental I: El Legado

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ELIZABETH

 

 

Acababa de despertar y ya me estaba enterando de las cosas que habían pasado mientras estaba fuera de juego. Jonathan me había agradecido por haberle salvado la vida, el único problema era saber lo que le estaba pasando a Stella y por qué había dicho que Erick no estaba muerto…

—Iré a hablar con Stella —dije poniéndome en pie.

— ¿Tú irás y vestida así? —preguntó Sofía.

Al bajar la mirada, noté que tenía puesto una especie de vestido blanco. Miré hacia Julieta.

— ¿Dónde está mi ropa?

—En la habitación continúa —dijo, señalándome la puerta que había tras ella.

Cuando terminé de cambiarme, me acerqué a la habitación de Stella y la golpeé una vez, y cuando iba a hacerlo por segunda vez, ésta se abrió y Stella apareció. Lucía cansada como si no hubiera dormido, sus ojeras parecían más profundas que las habituales.

— ¿Estás bien? Los chicos me informaron que no te han visto ni en el comedor.

—Estoy bien, diles que los veré en el lugar de siempre en media hora.

A continuación volvió a cerrar la puerta.

Faltando cinco minutos para el encuentro, estábamos reunidos esperando a Stella.

— ¿Creen que vendrá? —preguntó Julieta, que aguardaba muy nerviosa.

—No lo sé, ¿cómo la viste cuando la fuiste a buscar?

—Lucía cansada como si no hubiera dormido en semanas…

Me quedé en silencio cuando vislumbré su sombra en la oscuridad. Caminaba tan despacio que podría darme un infarto.

Cuando llegó donde nos encontrábamos, se detuvo y nos observó atentamente, como si tratara de reconocernos entre la penumbra. Su mirada se hallaba distante.

—Dinos algo de una vez —la apresuré—. ¿Cómo es eso de que Erick no está muerto?

Stella suspiró cansada.

—Porque lo he visto…

— ¿Que tú qué? —se apresuró a interrogar Julieta.

—Lo he visto —repitió Stella con cansancio—. Pero ya no es quién solía ser.

— ¿De qué estás hablando? Escúpelo de una vez que me estás volviendo loca —la interrumpí una vez más.

—Lo haré si dejan de interrumpirme a cada segundo —nos reprendió Stella, antes de tomar aliento y dirigirle una extraña mirada a Julieta—. ¿Qué tanto harías por Erick? —preguntó.

—Lo que sea, si tan solo pudiera abrazarlo una vez más.

—Acompáñenme —pidió Stella, antes de pasar por la grieta y darse la vuelta hacia nosotros—. ¿No estaban ansiosos por saber lo que le había pasado a Erick?

Poco a poco fuimos despejando la expresión de asombro para luego seguirla por el bosque. No estábamos seguros de lo que ella nos mostraría, pero la anticipación nos estaba volviendo los pelos de punta.

Caminamos por el silencioso bosque sin atrevernos a preguntar hacia dónde nos dirigíamos, Stella se veía muy seria al frente de la marcha, caminando muy segura hasta que se detuvo frente a una cueva.

— ¿Esta no es…?

—Sí —dijo Sofía respondiendo a mi pregunta.

Stella se acercó a la cueva, justo cuando una enorme bestia en forma de lobo salía de ésta y se acercaba a ella lentamente deteniéndose a tres pasos de ella, luego, como si sintiera nuestra presencia se volteó hacia nosotros mostrándonos los dientes.

—Stella ¿por qué nos has traído aquí? ¿Creí que eras nuestra amiga? —dije con el aliento atragantado.

—Y lo soy.

— ¿Entonces por qué nos has traído en la cueva de la bestia…? —me detuve cuando vi que la bestia se acercaba a Julieta. La forma en la que la miraba, con tanto cariño y ternura.

—Ahh —gritó Julieta, al notar a la bestia cerca de ella.

—Julieta —dijo Stella, levantando las manos para tranquilizarla—. Él es Eric…

— ¡No!

—Julieta, por favor, escúchame.



J. N. García

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En el texto hay: poderes, suspenso, acción

Editado: 16.12.2018

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