Salvando Nunca Jamás

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Capítulo XXI: La guerra de los alquimistas

¡Hola! Estoy bastante contenta con cómo resultó este capítulo, y espero les guste. Muchas gracias por leer y comentar, me motivan a seguir escribiendo.

Love,

Nikky Grey.

Editado el 29/07/15

Segunda edición: 25/09/19

Capítulo XXI:

La Guerra de los Alquimistas:

─ Capitán ─saludó Seaweed, tan pronto llegó al camarote.

El monstruoso rostro de Garfio era macabramente iluminado por la única vela de la habitación, y su boca sin labios se estiró en una sonrisa.

─ Oh, Seaweed, has vuelto ─dijo, con calculadora emoción─ ¿Me traes noticias?

─ Sí, capitán. Los hemos traído, tal como pidió.

─ ¿A quiénes has traído, específicamente?

─ A los amigos de la chica ─respondió el pirata peliverde, preparándose para cualquier reacción de parte de su interlocutor─. Ni ella ni el muchacho se encontraban en el lugar que nos indicó El Informante, capitán.

Silencio. El capitán apoyó los codos en la mesa, entrelazando la mano iz quierda en torno al garfio que le daba su nombre.

─ Entiendo ─dijo, hablando despacio─ Bueno, eso no cambia nada. La chica vendrá tan pronto se entere de que tenemos a sus amigos prisioneros, y Pan, siendo el héroe idiota que es, vendrá con ella.

─ Hay algo más, señor ─Seaweed se había debatido durante todo el viaje si debía decirle o no del pasillo, pero al final, concluyó que sería peor si descubría que le había ocultado algo─ No conseguimos a Pan y a la chica, pero sí el lugar donde habían estado escondiéndose ─vaciló, antes de añadir─. La bruja los estaba protegiendo, señor.

Hubo una pausa. Tan larga, que Seaweed pensó en irse, pero Garfio retomó la palabra antes de que pudiera hacerlo.

─ ¿Qué bruja?

─ Kase, capitán.

─ Kase está muerta.

─ Su hechizo permanecía en la casa... Era la casa donde ocurrió, capitán.

─ Sé qué casa era ─replicó Garfio desdeñosamente, y recostó la espalda en la silla─ Los hechizos que hayan sobrevivido a esa bruja no deberían traernos ningún contratiempo. Después de todo, la mayoría están en este barco.

Seaweed se abstuvo de comentar al respecto, y en su lugar, añadió:

─ Pero señor, el hechizo hubiera permanecido inactivo a menos qu—

─ Dudo, Seaweed, que puedas decirme algo sobre brujería que no sepa ya ─lo cortó el capitán, y el peliverde dejó la frase incompleta, otro pesado silencio cayendo en el sofocante camarote─ Bien, si no tienes nada más que añadir, te agradecería que te retiraras.

Seaweed asintió, recordando luego que no podía verlo.

─ Sí, capitán ─dijo entonces, dándose la vuelta y emprendiendo el camino de regreso.

─ Oh, y dile a Nightfall que venga a verme.

...

Cuando Jane regresó a su habitación, se encontró sobre la cama un hermoso vestido violeta, con mangas de encaje del mismo color y patrones de hilo plateado que formaban flores y mariposas sobre su corpiño. A un lado de este, un antifaz negro, con los mismos motivos plateados y un aro de plumas negras alrededor.

─ Un baile de máscaras.

Jane asociaba los disfraces a gritos y risas de niños, que corrían de una casa a otra pidiendo dulces. Lo asociaba a sus primeros años de vida, cuando su madre la disfrazaba cada año de una princesa de cuento de hadas diferente.

Pero los antifaces, los antifaces eran una cosa completamente diferente. Los antifaces eran para bailes, para salones de piso de mármol y vitrales de cristal. Los relacionaba con gente de alta sociedad, con perlas, tacones altos, labios color carmín, música, risas y copas de brillante champaña. Adultos que escondían sus preocupaciones y jugaban a ser otras personas.

Jamás pensó, en sus casi diecinueve años de vida, que sería invitada a una fiesta de ese tipo, y ahora iba como invitada de honor. ¿Estaba mal que se sintiera emocionada? Se preguntó, la culpa atenazándole el estómago.

Sí, le dijo su propia conciencia, porque no es sólo una fiesta, es la fiesta de la mujer que mató a la hermana de Seka, quien te ha estado ayudando a sobrevivir desde que te metiste en este problema. Está mal porque deberías estar ayudando a Campanita a salvar Nunca Jamás, y así detener a Garfio y a sus piratas, y en su lugar vas a bailar con un montón de desconocidos. Está mal porque no deberías sentirte tan contenta de estar en un país extraño del que sólo sabes su nombre.



Nikky Grey

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En el texto hay: piratas, hadas, magos y brujas

Editado: 18.10.2019

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