Salvando Nunca Jamás

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Capítulo XIX: Deudas y aliados inesperados

¡Hola! Tal como lo prometí, aquí está el capítulo 29 :) Espero les guste. Muchas gracias por leer, y no olviden comentar :D

¡Hasta pronto!

Besos,

Nikky Grey.

Editado el 02/08/15

Segunda edición 02/10/19

Capítulo XXIX:

Deudas y aliados inesperados:

─ ¿Cuándo comenzó? –preguntó Jane, mientras Seka los guiaba por el pasillo.

─ El día después del baile, al parecer. Pidió que nadie fuera informado de su condición, y Mae ha estado cuidándolo desde entonces. En un principio no pareció más que simple agotamiento, pero luego comenzó a mostrar los… Síntomas –No tuvo que preguntar para saber a qué se refería─. Como seguía insistiendo en no alertar a nadie, tuvo que esperar a que perdiera el conocimiento para decirme. Lo que fue hoy.

─ ¿Está inconsciente? –preguntó Peter.

─ No todo el tiempo, ─no se le escapó la pequeña pausa antes de que el príncipe añadiera─ pero no es el mismo. La fiebre lo hace alucinar, y parece haber perdido contacto con la realidad.

Se detuvieron frente a la puerta casi al mismo tiempo. Seka, delante de ellos, sujetó el picaporte con la mano, y con un suspiro resignado, giró la cabeza hacia Jane.

─ No tienes que hacer esto si no quieres –dijo, pero la chica negó con la cabeza.

─ Estaré bien –aseguró, aunque no estaba tan segura. El príncipe se dio cuenta, pero respetando su decisión, asintió, abriendo la puerta.

El aire dentro era pesado, sofocante como el ambiente cuando deja de llover. A pesar del calor dentro, Jane tenía escalofríos. Temblaba de pies a cabeza como una hoja, las lágrimas quemándole los ojos y formando un doloroso nudo en su garganta, incluso mayor que el de momentos antes, al saber que sus amigos corrían peligro.

La habitación era más estrecha que la suya en Londres, o quizás el que lo percibiera así se debía al no poder apartar los ojos de la cama en el centro, como si fuera lo único que hubiera dentro. La cabecera oscura se le hizo enorme, y las sábanas exageradamente blancas y delgadas.

En ella, encogido por la magnitud del espacio, yacía su tío.

Junto a la cama estaba una joven de cabello rosa, que supuso era Mae. Colocaba un trapo húmedo sobre la frente del enfermo, y al verlos se incorporó un poco, haciendo una ligera reverencia y paseando su mirada por los recién llegados hasta detenerla en Jane. Vio la compasión en sus ojos violetas.

─ ¿Cómo se encuentra? –preguntó Seka.

─ Estaba despierto hasta hace unos minutos, Alteza –respondió Mae, girando la cabeza hacia él, y bajó un poco la mirada antes de añadir─, pero su condición sigue siendo la misma.

Paralizada en el umbral de la puerta, Jane no pudo sino observarlo. Dormía. Sus ojos estaban cerrados, y sus párpados se movían, señal de que estaba soñando, pero no era un sueño tranquilo. Su respiración era pesada, ruidosa. Sus manos se movían sobre las sábanas, y murmullos casi inaudibles salían de sus labios agrietados.

Días antes, le había parecido más joven. Ahora, parecía incluso mayor que antes de salir de Londres: Su piel era amarillenta como el pergamino, y con el aspecto de ser igual de delicada. Venas azuladas surcaban su rostro, sus brazos y sus dedos, punzantes y torcidas como serpientes. Su cabello era completamente blanco, y había comenzado a caerse en algunos puntos.

Sentía las miradas de Seka y Peter sobre ella, y podía escuchar el batir de las alas de Campanita a su lado. Sabía que entenderían si quería marcharse, si no quería estar allí para ver como ocurría, pero era consciente de que tenía que hacerlo. Tomó aire, contuvo las lágrimas un tiempo más, y como si se preparara para saltar de un precipicio, dio el primer paso dentro de la habitación.

El camino hasta la cama se le hizo increíblemente largo, como si ante sus ojos, la habitación se alargara y se distorsionara, las formas adquiriendo aspectos surrealistas y monstruosos como en una pesadilla. Una horrible pesadilla…

Sacudió la cabeza, reprendiéndose por dejarse llevar, y al abrir los ojos otra vez, todo había vuelto a la normalidad. No que fuera por eso menos horrible.

Se sentó a su lado en la cama, y sujetó con cuidado su mano delgada y cubierta de pliegues y venas, temiendo hacerle daño si apretaba con demasiada fuerza. Él ni siquiera pareció notarlo.



Nikky Grey

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En el texto hay: piratas, hadas, magos y brujas

Editado: 18.10.2019

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