Sangre damphyr

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Capítulo 10

Diario de Campo de Abraham Gernot

26 de abril del 2009

Tres semanas han transcurrido desde que obtuve mi primera sospecha. Ahora, gracias a Alfred puedo concluir y verificar que mis hipótesis fueron acertadas, lamentablemente por más que traté de salvarlas no pude. Marianne Antoni ha desaparecido la noche anterior y con ella, se han ido también Desirée Lasarre y Caroline Thorne.

Durante los últimos días, tanto Alfred como yo hemos tratado de ayudarlas sin éxito alguno y, aunque Alfred era el que estaba con ellas, no logró hacer algo exitoso. El chico es inteligente, pero no fue por él que no avanzamos. Alfred les ofreció a cada una un crucifijo de plata que al instante rechazaron y durante varias noches logramos escabullirnos en los balcones de sus habitaciones y depositamos flores de ajo y rociamos con agua bendita las ventanas, pero fue un fracaso, las chicas los quitaron y limpiaron para seguir dejando entrar al vamphyr.

Me prometí ayudarlas y fracasé. Aunque Él no puede triunfar, no ha podido obtener la victoria… al menos no por ahora.

 

El Nosferatu es fuerte y ya había creado el lazo de conexión entre él y las chicas. Lamentable fue no verlo antes y saber que tres almas han pagado las consecuencias de impunes y crueles actos

…Los periodicos anuncian los posibles secuestros o desapariciones de estas niñas.

Sarah está destrozada al igual que su amigo Edward, ¡y qué decir de los padres! Posiblemente dentro de algunos días ellas volverán y entonces Alfred y yo estaremos preparados para salvar las almas de las víctimas de Báthory.

¡Moriría si la historia se repite!...

 

El Profesor Gernot dejó el bolígrafo sobre la mesa y con la misma mano con la que había escrito aquellas líneas se frotó los ojos. Él hizo todo lo que estuvo a su alcance para salvar a esas niñas en cuanto Alfred le informó que no solo era Marianne la posible víctima de Báthory, sino también Desirée y Caroline. Se alarmó, pues lo que menos quería era lidiar con novias vampiro que, según su mentor Elías Van Helsing, son las más peligrosas de la especie.

Van Helsing.

Todo lo que Gernot había aprendido se lo debía al nieto de Abraham Van Helsing, que le enseñó todo cuanto sabía, incluso los amarillentos documentos mecanografiados por Mina Harker en 1897 que aún conservaba celosamente dentro de una caja fuerte, y que le impedía a Alfred leerlos.

«¿Por qué me trata así, Profesor?», recordó aquella ocasión en la que su alumno se sintió menos y le reprochó.

Aunque para Gernot era entretenido molestar a su alumno, no lo hacía solo por diversión, sino que con eso él pensaba enseñarle que no debía tomar los comentarios ajenos muy personales y que, al contrario, debería usarlos a su favor para ser mejor, no solamente en sus misiones, sino también en su día a día.

El Profesor se levantó de la silla y comenzó a caminar por toda la habitación tratando de despejar su mente. Se pasó la mano por el cabello castaño y tras un profundo respiro caminó hacia a la puerta y atravesó el umbral.

× × ×

El clima en Londres predecía la llegada de una tormenta. Nicolav sonrio. Todo estaba a su favor o casi todo. Cogió el periodico que mantenía bajo su brazo y leyó la noticia que consideró más importante:

«Tres desapariciones en una noche»

Era increíble lo que decía aquella nota, casi imposible que haya ocurrido, aunque no hay que dudar de lo imposible porque todo es posible.

Nicolav arrugó el papel con las manos y arrojó la bola de periodico en un bote de basura que estaba a su lado. Después caminó con paso firme por las calles, su expresión era de inmensa preocupación mezclada con la ira. A cada paso que daba, las nubes se volvían más grandes y cada vez más oscuras, de gris se tornaron a negro. La delicada brisa primaveral se convirtió en un vendaval de furia que predecía la posible muerte de algún inocente.

Caminó durante un rato, cuando sintió la presencia de algo que lo seguía muy de cerca. Esa sensación tan conocida lo alertó para estar preparado a enfrentar el posible peligro que le acechaba.

No tuvo miedo.

Él jamás sentía miedo, ni culpa, ni amor, solo el llamado de la sangre fresca y pura.

«Sangre», saboreó esa palabra, cada letra era un elixir que excitaba su imaginación.

La sensación Klenaeció por algunos segundos antes de desaparecer. Miró sobre su hombro en busca de algo que delatara a su perseguidor pero lo único que detectó fue el aroma de un tipo de sangre muy peculiar.

Se pasó la lengua por los labios humedeciéndolos, imaginando el sabor de aquel líquido valioso que tanto le atraía. No se dio cuenta del momento en el que le salieron los colmillos hasta que se mordió el labio inferior y una gota de su propia sangre resbaló por su barbilla.



Rebecca M. Nilsson

Editado: 11.08.2018

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