Sangre damphyr

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Capítulo 14

Conmocionada por la revelación del Profesor, Sarah le pidió permiso de salir a caminar y poder procesar lo que él le había comentado.

—No regreses tarde —fue lo que él respondió.

—No lo haré —aseguró.

Tomó su abrigo y salió de la casa, aún era temprano, las 05:30 de la tarde.

«Nicolav Báthory».

Ese nombre hizo eco en sus pensamientos.

«¿Cómo un hombre tan amable puede ser capaz de matar?», se repetía.

—¿Puedo realmente confiar en ti? —susurró.

Siguió caminando hasta que se encontró delante de una casa muy particular, ella la miró y soltó un suspiro. Su casa. Una brisa helada se deslizó entre sus piernas y subió hasta su cuello, rozando sus manos. Un mal presentimiento la inundó.

«No dejes que te encuentre...», l a voz de esa chica regresó a su mente.

El recuerdo del sueño que tuvo le hizo ver la realidad. Desde hace semanas ella ya la sabía pero se negó a creerla por miedo a volverse loca. Ahora, no le importaba más su cordura, estaba consciente de lo que sucedía. No había sido un sueño, fue como una premonición, no podía imaginarlo matando, quizá solo bebiendo sangre humana, pero no arrebatando una vida.

—Si no te hubiera conocido... —susurró al aire—, nada de esto hubiese sucedido.

¿Realmente lo pensaba?

Desde que era una niña había visto extrañas sombras a su alrededor y en sus sueños siempre escuchaba una voz que le hablaba. Si no se equivocaba, esa era la voz del vampiro que la había marcado, pero no era en nada parecida a la de Nicolav, no, esa voz era tan dulce y hermosa, pero a la vez tierna y cruel.

Mientras seguía observando la fachada de la casa recordó el motivo por el que no quería ir a Eslovaquia: un sueño.

× × ×

Todo a su alrededor era oscuro, se escuchaba la delicada brisa y una parvada de cuervos revoloteó entre los árboles. Ella vestía de rojo, un vestido largo de seda que hacía juego con su cabello. El sendero de un bosque se hizo presente y a su alrededor vio los majestuosos árboles que en la oscuridad lucían tenebrosos.

—Sarah... —escuchó una voz melodiosa hablarle entre la oscuridad. Ella se giró en su búsqueda pero no vio nada—. Aquí estoy...

Entre los árboles vio como de un banco de niebla se materializó un hombre de brillantes ojos marrones que le sonrio.

Sin pensarlo, ella hizo lo mismo y entonces él le extendió los brazos, ella corrio hacia él y lo abrazó.

—Estoy aquí para protegerte de Él... —le susurró al mismo tiempo en que besaba su cabeza.

—¿De quién?

—Sarah... —respondió ignorando su pregunta y se separaron mirándose a los ojos—. No vengas a Eslovaquia... —le acarició la mejilla—, Él te hará daño. No quiero que suceda.

—¿Quién es él? —volvió a preguntar.

Él desconocido estaba por responderle cuando el aullido de un lobo los sorprendió.

—Debes irte... —le dio un beso en la mejilla.

Todo se nubló y con dificultad visualizó a una criatura acercarse a ellos.

Un escalofrío recorrio su espalda y cerró los ojos con fuerza. Respiró profundamente y de manera mecánica comenzó a caminar. No necesitó abrir los ojos para darse cuenta de a dónde se dirigía. El olor a guardado se extendía por la habitación, el aire era húmedo y frío. Abrio los ojos y se encontró con lo que antes era la sala de la casa. Estaba oscura y parecía triste, no existía más ese ambiente familiar, a pesar de solo haber transcurrido tres días desde el homicidio.

Se acercó al interruptor y encendió la luz. Había polvo, una fina capa que cubría los muebles.

«Sal de ahí...», la voz de la chica le habló en su mente. Frunció el ceño al creerlo imposible, pero a estas alturas era más probable que fuera posible a que no lo fuese.

Su débil instinto vampírico le alertaba que tuviera cuidado, pero su parte humana le incitaba a quedarse. Se debatió unos segundos y terminó eligiendo el quedarse a revisar la casa antes de salir.

«No estoy sola», pensó. Subió las escaleras con paso firme y al llegar al primer piso se arrepintió de continuar.

—Vamos, Sarah —se dijo—. No seas una cobarde. Eres una damphyr, eres fuerte... —frunció el ceño—, y hablas sola.

Pasos se escucharon a su alrededor, se giró rápidamente pero no vio nada.

Comenzó a caminar por el pasillo abriendo las puertas que se encontraban en él: la habitación de huéspedes, vacía; el cuarto de baño, vacío; la habitación de sus padres, vacía y llena de un aroma a muerte y sangre; su habitación...

El ambiente cambió al entrar a su habitación.

—¿Hola? —dijo en voz baja. Forzó la vista para poder examinarla. El lugar se sentía extraño pero no veía nada.



Rebecca M. Nilsson

Editado: 11.08.2018

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