Sangre damphyr

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Capítulo 15

Sarah bajó las escaleras adolorida por la noche que había pasado después del bautizo de sangre. Caminando notó que sonreía con satisfacción, segundos después cuando dobló la esquina borró esa sonrisa al escuchar las voces de sus amigos en la cocina. Aunque se encontraba a varios metros de distancia podía oír con claridad la conversación.

«¿Será qué?», pensó.

—¡No es posible! —gritó Alfred furioso—. ¿Cómo pudo permitirlo?

El joven se pasó una mano por su cabello en señal de frustración. Se sentó en una de las sillas y se recargó en el asiento. Resopló.

—Las cosas suceden por algo —respondió el Profesor posando una de sus manos sobre el hombro del muchacho—. Sarah es fuerte a pesar de todo.

—Ella no es fuerte —murmuró apretando los puños—. Si lo fuera, no se hubiera dejado seducir por ese, ese… monstruo.

Detrás de la puerta, Sarah escuchaba atentamente todo lo que decían, no importaba si susurraban, ella los escuchaba con claridad. El dolor que sintió al escuchar a Alfred llamarle débil le hizo sentir como el estómago se le estrujaba. Sin embargo, no sintió nada emocionalmente, como si fuera de piedra y las emociones no le afectaran. Algo le sucedía.

No abrio la puerta y en cambio volvió sobre sus pasos hasta sentarse en el sofá. Miró sus dedos en silencio hasta que escuchó como la puerta de la cocina era abierta. Con el oído agudizado se percató de la presencia de Alfred junto a ella.

—¿Estás molesto conmigo? —le preguntó sin dejar de mirarse las manos.

—No, Sarah, no contigo —se sentó a su lado y pasó su brazo alrededor de ella. Al sentir su tacto, Sarah se estremeció y lo miró—. Estoy impactado, pero no molesto.

—Sé que no es fácil nada de lo que estamos pasando, pero debes comprender que…

Alfred se acercó a ella y acarició su mejilla.

Las palabras se le atoraron en la garganta y ya no supo que decir.

Ambos se miraron por algunos momentos sin decir palabra alguna, sus ojos eran más expresivos de lo que pensaban. La preocupación que denotaban era superior al amor que se tenían.

—Creo haber dicho algo con respecto a las demostraciones de afecto —la voz del Profesor los asustó. Alfred se levantó rápidamente y lo miró algo avergonzado.

—No me obligué a dormir en el jardín, Profesor —suplicó juntando sus manos.

—¿Dormir en el jardín? —repitió Sarah confundida—. Profesor, ¿Alfred dormirá afuera?

—No, si deja de tocarte en mi presencia.

Ella rio.

—Entendido —se dirigió a su novio—. Alfred, no vuelvas a tocarme o dormirás en el jardín —sonó divertida.

El Profesor asintió y se retiró a su habitación.

Los chicos le veían con una sonrisa en sus rostros, sin duda él les daba un segundo de felicidad en los momentos adecuados a pesar de ser un hombre muy solo.

Volvieron a sentarse en el sofá y comenzaron a platicar banalidades hasta que timbró el celular de Sarah, al ver el mensaje palideció más de lo que ya estaba.

—¿Qué sucede? —preguntó Alfred preocupado.

—Edward —fue lo único que salió de sus labios. Sin poder hablar más, le mostró el mensaje y de inmediato, el chico subió a su habitación trayendo consigo minutos después su mochila negra.

Se acercó al llavero y cogió las llaves del Jeep negro del Profesor Gernot y le hizo un ademán a Sarah para que fuera con él. Tal como él le había señalado, ella se levantó del sillón y salieron juntos de la casa. Al ver el vehículo, ella se sorprendió de que pudiera ser el mismo que Alfred habría averiado en el bosque eslovaco.

—¿Esta es su camioneta? —preguntó sin dejar de mirarla—. ¿Qué modelo es? Porque quiero uno.

—Es un Grand Cherokee 2005, el Profesor lo ama como si fuera un bebé —desvió la mirada—. Me lo prestó con la única condición de que no se averiara otra vez.

Ella sonrio y luego entró en el asiento del copiloto seguida de Alfred quien, una vez adentro, puso en marcha el vehículo dirigiéndose al East End específicamente a Whitechapel.

Klenaecieron en silencio gran parte del trayecto hasta que Alfred habló:

—¿Qué hace él en ese lugar?

—No lo sé, pero… —dio un respiro profundo y agudizó su oído. Había algo muy cerca de ellos—, es mejor que estemos preparados para lo peor.

Él asintió y con la vista fija al frente condujo pensativo. Sin tener que preguntar, ya sabía a lo que ella se refería.

× × ×

Él había estado toda la noche observando el 14 E de Lauriston Gardens, al parecer no había más movimiento que el de los tres cuerpos cálidos a los que ya consideraba sus enemigos.



Rebecca M. Nilsson

Editado: 11.08.2018

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