Sarah

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Capítulo 9. Sonambulismo

Kieve no decía nada. Él sonreía al momento en que caminaba con sigilo por el alumbrado pasillo, por su parte, su pelirroja acompañante jugueteaba con los dedos procurando no mirar al excéntrico hombre. Las paredes permitían el acceso sólo a aquellos que tuvieran algún poder en el Palacio de Wolonda, y Kieve no era la excepción, por algo, era la mano derecha de Missir.

La joven procuraba no decir palabra alguna para evitar un momento de incomodidad, aunque el silencio hablaba mejor de la situación que estaba viviendo.

Las palabras de Missir permanecían en su mente, jugándole con sus pensamientos de la peor manera que se pudiera imaginar. Ella no estaba del todo consciente de lo que sucedía, pero de algo estaba segura y era que, aquel ser denominado por sus subordinados como El Gran Missir, no era una persona de confianza, podría asegurar incluso que estaría engañándola para cumplir algún oscuro propósito o simplemente estaría soñando.

Sarah negó con la cabeza, tratando de no sucumbir ante tal idea, rechazaba soñar, no debía, no quería, no podía. Intentarlo sería su ruina al final de día.

No podía recordar nada de lo acontecido. Ese era el problema principal. Ni siquiera sabía cómo es que había llegado a ese lugar en primera instancia. ¿Qué estaría ocurriendo en Beckov? ¿Y con sus padres?

Tan pronto como las preguntas invadieron su mente, un golpe seco retumbó por las paredes. Kieve se detuvo, poniendo su mano frente a la jovencita de cabello de fuego, quien reaccionó frunciendo el ceño ante tal acto y, con el oído bien dispuesto, escuchó pasos a sus espaldas.

Kieve se irguió lo suficiente para mostrarse aún más alto e imponente, aunque su extrema delgadez no le ayudaba en absoluto.

—¡Ignis, preciosa! —pronunció ladeando una sonrisa perversa.

Sarah permaneció en silencio, observando y escuchando con atención.

—¿Quién es esta? —Una voz femenina estremeció a la joven.

Algo que ninguna de las dos mujeres vio, fue la sonrisa de Kieve, parecía victoriosa, orgullosa y perversa… él sabía algo, ¡obviamente lo hacía!, la mano derecha de Missir siempre estaba al tanto de la situación en el Mundo Mortal, Inferis, Passburg y Wolonda.

Esta —habló Kieve haciendo énfasis en la palabra—, es nuestra Reina —puntualizó.

Entre las sombras, una atractiva mujer con cabello pelirrojo como las llamas del infierno hacía su dramática aparición, alta, curvilínea, vestida de negro e increíblemente hermosa, levantaba la ceja derecha sin dejar de mirar de arriba hacia abajo a la adolescente frente a ella.

—¡Qué bajo ha caído! —gruñó la dama—. Esa humana jamás podría gobernar los Cuatro Reinos. ¡Impensable! —exclamó.

Kieve sonrió.

—Yo jamás subestimaría las órdenes de Missir, él ha hecho la elección, tú en cambio… no eres nada Ignis, nada.

Sarah escuchaba consternada, no entendía en absoluto, ¿a qué se refería la dama con los Cuatro Reinos?

Ignis, la mujer más deseada de Wolonda, frunció el ceño y prefirió dar media vuelta, dejando que su hermosa cabellera se agitara en el aire. La joven pelirroja rodó los ojos.

Kieve soltó una carcajada al ver a la dama de Wolonda salir echando humo por las orejas. Se encogió de hombros y se dirigió hacia la pelirroja que lo veía con cierta confusión reflejada en su rostro.

—Vámonos ahora, Majestad —pronunció mirando el reloj que había sacado del bolsillo de su pantalón.

Sarah apenas pudo reaccionar cuando Kieve guardó el objeo, tomándola del brazo la condujo por el pasillo hasta atravesar una puerta plateada que irradiaba una luz cegadora para los ojos de la mortal. La joven apretó los ojos con fuerza, siendo bañada por esa luz, acto seguido, al verse envuelta por la oscuridad y al no sentir el tacto del hombre, abrió los ojos.

Ahora se encontraba en el bosque, uno tan familiar para ella, estaba segura de que se trataba de Beckov, había regresado. Dio un paso cuando sintió un objeto de metal frío tocando su pecho, al percatarse de una cadena que rodeaba su cuello, se llevó la mano derecha hacia el colgante, observando con dificultad la forma que tenía… era una llave, la llave que Missir le había entregado antes de marcharse.

Todo resultaba tan confuso para ella. Aparentemente nada había sido un sueño, sin embargo, se dio cuenta que sólo existía una posibilidad tan pequeña de que todo fuera una verdad a medias… ¿podría ser posible que apareciera de la nada en el bosque cuando estuvo dentro de un elegante palacio tan solo momentos antes? Ella deseaba explicaciones.



Rebecca M. Nilsson

Editado: 07.09.2019

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