Sarah

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Capítulo 12. La carta

Bistrița, Rumania

El muchacho le entregó la carta al joven de castaños rizos al momento de abrir la puerta de la habitación. Ni siquiera le dejó hablar ni suspirar. La carta le fue entregada en mano y tan pronto como fue recibida, el cartero echó a correr por el pasillo. Tenía más pendientes y no podía perder tiempo.

El joven levantó la ceja derecha en señal clara de confusión y cerró la puerta tras de sí. Con su café matutino y sentado a la mesa, abrió el sobre con ayuda del abrecartas que descansaba junto al plato con frutas. Ni siquiera se molestó en revisar el remitente, pues la letra era reconocible para él, dando un sorbo a su café, leyó el contenido de la carta:

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4 de marzo de 2009

Aaron Boisseu

Desde la última vez que nos vimos, los acontecimientos que presencio son cada vez más terroríficos. Como bien sabes, nos encontramos en Beckov, un pequeño pueblo eslovaco en donde las leyendas de vampiros no son simples cuentos para hacer dormir a los niños a buena hora.

Y hablando de cuentos para dormir, ¿recuerdas cuando te presente al pequeño Alfred Klena de tan solo seis años de edad? Tan asustadizo pero audaz, tal como tu lo eras en un pasado no tan lejano. A pesar de su profunda sensibilidad, ha logrado con éxito superar sus miedos, aunque temo que las pesadillas continúen con el pasar del tiempo.

Ustedes eran inseparables, jugaban todo el día a ser cazadores y nunca peleaban, me pregunto, ¿porqué entonces has decidido seguir tu propio camino? Supongo que se debe a que no quieres permanecer junto a este viejo mentor que a duras penas puede preparar una sopa instantánea sin que le quede cruda. Pero, a pesar de todos los malos ratos que pasamos los tres estando en Budapest, debo admitir que, en esta ocasión, te necesitamos.

Este caso es uno de los más difíciles en mi carrera, no lo puedo hacer solo y Alfred… bueno, Alfred es Alfred, aún tiene mucho que aprender.

Te voy a pedir un pequeño favor, espero que seas capaz de cumplir con el encargo: en cuanto recibas esta carta, necesito que llegues a Beckov aunque tengas que volar si es necesario. Tengo mis sospechas y razones para desconfiar de todos aquí, nada es lo que parece, eso debes recordar y, puede ser, que este caso sea el más importante en tu carrera, porque, lo diré una sola vez… el enemigo al que nos enfrentamos es más poderoso que aquel al que nuestros antepasados destruyeron años atrás.

Pero no puedo decir nada más, no al menos por carta; también tengo un secreto que debo confiarles tanto a ti como a Alfred, una promesa de protección que espero entre los dos amigos puedan cumplir.

Sin más, me despido y espero puedas llegar pronto a este recóndito pueblo rodeado por un aura maligna.

Abraham Gernot

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Aaron, era el nombre del muchacho de rizos castaños y brillantes ojos chocolate. Él recordaba a su mentor con mucho cariño, la decisión que había tomado e ir por su propio camino de vez en cuando le pesaba, pero al recordar el porqué, se le pasaba la nostalgia y la melancolía.

Terminó su café, no comió su fruta y solamente cogió la maleta de emergencia que siempre guardaba dentro de su clóset. No tenía tiempo de descansar ni disfrutar de su delicioso desayuno, tenía que “volar” hacia Beckov lo más pronto posible. Después de todo, él estaba siempre disponible a las peticiones del profesor Abraham Gernot.

El tiempo corría, Aaron no iba a permitirse desperdiciarlo en cosas banales para él. Cuando se trataba de la caza, no le importaba si estaba durmiendo o en el baño, él debía cumplir con su deber a cualquier precio, incluida su vida.

Estaba en deuda con el profesor, no lo iba a decepcionar… al menos no otra vez.



Rebecca M. Nilsson

Editado: 07.09.2019

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