Secretos Arcanos (relatos de El Secreto de tu Magia) [1.5]

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Secretos Navideños VI

—¡Es él! —exclamó Nicolás mientras la nariz del reno comenzó a iluminar la habitación con más fuerza. Alonso por su parte volaba de un lado a otro tan alarmado como nosotros. Los niños se refugiaron tras de mí como si yo fuese capaz de poder protegerlos, pero al igual que ellos, yo moría del miedo.

—¿Dónde rayos está Krane? ¿A dónde demonios fue a buscar a Emilia? ¿Por qué coño no se apresura en llegar? —preguntó el palomo repetidas veces.

Nicolás nos dio una última mirada antes de darnos la espalda y lanzarse a subir por las escaleras.

—No hay escapatoria, no hay —dijo uno de los chiquillos enredándose a mi pierna, muriendo del temor que le causaba saber que aquel ser malvado estaba tan cerca de nosotros. Llevé los dedos a su cabello, en un intento de apaciguarlo, pero mis manos también temblaban.

El reno se colocó frente a nosotros, mientras yo resguardaba a los niños muy cerquita a la pared. Ellos lloraban y rogaban por saber cuándo su nuevo amigo volvería por ellos. Yo les aseguraba, con la voz entrecortada, de que sería mucho antes de lo que esperaban. Pero los minutos pasaban y no sabíamos de Krane. Mis ojos se aguaban y la inseguridad poseía cada parte de mí.

—¿Se perdió? ¿Le habrá pasado algo? ¡Ay gatita!, ¿qué vamos a hacer? —Alonso hablaba muy rápido, aportando más a mi nerviosismo

—Confío que Nicolás hará lo imposible por protegernos —dije, tratando de demostrar suficiente seguridad para traspasársela a los niños.

Todos dimos brincos, y los chiquillos explotaron en llanto, cuando llegamos a escuchar un estruendo terrible, un alarido ahogado que casi nos explotó los oídos. Esto fue seguido por más ruidos que nos alarmaron de la destrucción que nos rodeaba y comencé a dudar de que saldríamos de allí con vida. En especial cuando el techo que nos cubría parecía dar señales de que se desprendería en cualquier momento.

Pequeñas piedrecillas comenzaron a caer sobre nosotros como prueba fehaciente de que la cosa estaba fea arriba y el mago no llegaba.

Hasta que finalmente todo se tornó aún más complicado, una explosión de rocas tras otra, hasta que la pared de la habitación se destruyó en miles de pedazos y un cuerpo robusto iba en dirección a nosotros.

Aunque sabía que cualquier golpe me destruiría, por instinto me quedé en el centro de los niños, como si con eso pudiera protegerlos.

Mi corazón dio un vuelco cuando el cuerpo pareció chocar con una barrera transparente que nos protegía a mí y a los demás. Pero, ¿qué me había cuidado? Inmediatamente comprendí que había sido el mismo Krane con sus constantes hechizos de protección que puso antes de irse.

—Parece que Krane no es tan bobo como parece —dijo el palomo, acercándose a mi hombro.

La versión malvada de Nicolás, aquel hombre robusto de abundante cabellera y barbas blanquecinas se puso de pie, se dio la vuelta y nos dirigió una mirada asesina, haciendo que los niños lloraran nuevamente y con más fuerza que antes.

En realidad verlo, era como encontrarse a los ojos con la maldad misma. Un brillo se apoderó de su mirada al igual que de sus manos, y él con una sonrisa asesina comenzó a golpear una y otra vez. Pero no le fue suficiente, Nicolás iba con cautela tras de él. Nuestra barrera sirvió como distracción suficiente para que el hombre cabra se aprovechara de eso y lo tomara por las greñas para arrojarlo hacia un lado.

El hombre no tuvo oportunidad de hablar, ni de quejarse ni nada pues también, de manera abrupta, un orbe multicolor pasó por mi lado y cayó sobre él. Al darme la vuelta, me llevé la sorpresa de ver a Emilia, mientras Krane se acercó a los chicos.

De manera inmediata comenzó a pasarlos uno tras uno por el portal hacia un lugar más seguro. Fue un alivio para mí ver a ese par.

Mientras tanto, las dos partes de un ser se batían en su contienda personal y con su lucha destruían lo que fue en un día el hogar de ambos. Eso hizo que Krane se aprovechara del momento para tomarme de la mano:

—Gatita, necesito que te vayas con los niños —dijo y aunque hubiera querido reprocharlo y decirle que quería permanecer con él, sabía que estorbaría.

—Mago, regresa vivo —le rogué y la voz me tembló, puesto a que no sabía si sería la última vez que lo vería.

Él se acercó a mí, unió sus labios a los míos, y me alejó de inmediato. Entendí que lo mejor sería irme. Así que luego de que Emilia traspasara la puerta mágica, yo le seguí, no sin darle una última mirada al mago, con la intención de grabar su rostro y sus brillantes ojos en mi memoria, para no olvidarlos, solo por si acaso.



Dakkita

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En el texto hay: misterios, romance, aventuras

Editado: 31.08.2019

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