Secretos Arcanos (relatos de El Secreto de tu Magia) [1.5]

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Secretos Navideños - Parte IV

Yo también pensaba que habíamos valido verga, en especial cuando los ojos de esa bestia se clavaron en los míos y luego acercó su hocico a mi cuello. Todo estaba rojo a nuestros alrededores, pues Rodolfo al parecer no era capaz de controlar el brillo de su nariz. La iluminación hacia que la sangre que comenzó a salir de mi hombro, por el apretón propocionado por el ser, se viera más oscura de lo que realmente es.

Él solo observaba y yo moría de la angustia, el miedo me consumía, pensaba que iba a desmayarme en brazos de aquel horrendo ser. Pero un ruido se escuchó y la jaula salió disparada en dirección al Krampus golpeándolo repentinamente y haciendo que la bestia saliera volada y chocara contra la pared. Krane flotó rápidamente hasta donde mi, sus ojos le brillaban y la electricidad poseía sus manos. Pero fue algo que no me lastimó en el momento en que se aseguró de inspeccionar mi estado

—¿Estás bien? —preguntó y con sus delgados dedos me acomodó el cabello con prisa. En el momento no supe que responder, pues el pánico se apoderó de mí, por ver a la criatura y luego por verlo a él luciendo de esa manera. Es el mismo mago que se enfrentó a Jiro Pendragon, con sus ojos en blanco, poseídos por algo más. Y me pregunté si de verdad tenía ya el control entero de sus poderes, al tiempo que recordé que llevaba conmigo el pendiente que me había dado,

—Sí… pero —respondí luego de titubear un poco—, ¡Ten cuidado! —exclamé al tiempo que la bestia lo tomó de sorpresa con una especie de orbe translúcida que lo golpeó por la espalda, haciendo que el cuerpo del mago se impulsara y chocase conmigo.

Una sensación dolorosa consumió mi espalda y casi pude jurar que se me habían roto las costillas al caer contra la helada pared con el cuerpo de Krane contra el mío.

—Lo siento —dijo, pero inmediatamente se dio la vuelta y se alejó de mi. Iba hacia la bestia y sus pies apenas tocaron el suelo, fue con rapidez y el horripilante ser también hizo lo propio. Ambos estaban dispuestos a luchar uno contra el otro y así lo hicieron.

El mago tan pronto se acercó a Krampus le propinó un golpe en el área del rostro, haciendo que el animal moviera su hocico violentamente y hasta se salivara producto del impacto recibido. La bestia lo tomó por el cabello, le dio la vuelta y lo arrojó contra la pared. Pero él no chocó, la punta de sus zapatos tocó ligeramente el hielo y el mago se impulsó de nuevo hacia Krampus, cayendo sobre él y tomándolo por los cuernos.

Yo estaba alejada observando la acción, mientras mantenía las manos en mi pecho pues sentía un leve dolor producto del impacto contra la pared. Alonso voló hasta mi hombro.

—Gatúbela, ¿estás bien? —preguntó ladeando su pequeña cabecita. También Rodolfo se acercó a mi. El palomo se alteró e intentó arrojarse sobre él estrujando las alas, pero el animal me empujó con el hocico, me llevó hasta la pared una vez más y su nariz brilló fuertemente.

—Si no desean que su amo muera, lo mejor es que le detengan —dijo y al mismo tiempo el dolor que yo sentía fue disminuyendo considerablemente.

—¿Nuestro amo? —fruncí—. Yo no soy una mascota —aclaré.

—Bueno, técnicamente lo fuiste —intervino Alonso.

—Gracioso. —Intenté espantarlo con la mano pero la paloma no se inmutó—. Nada nos asegura que esa cosa no lo lastimará —Coloqué mis manos sobre su pelaje y le acaricié. Mientras seguí observando aquella trifulca.

Krane sujetaba con fuerza al Krampus por los cuernos mientras él intentaba sacárselo de encima. En comparación el mago era mucho más pequeño que aquella criatura y eso fue lo que representó su ventaja en esta lucha.

—Parece un toro eléctrico. No pasará mucho para que veamos a Krane volando de nuevo.

—¿Tanta fe tienes en él? —pregunté enderezando la espalda, sintiéndome mucho mejor.

—Espero no se sorprendan cuando esta lucha concluya en algo desastroso para su amigo —dijo Rodolfo centrado dándose la vuelta para presenciar la acción que ocurría frente a nosotros—. No hay forma de derrotar a un ser inmortal.

—¿Inmortal? —El palomo y yo preguntamos al unísono.

—¿Has escuchado sobre la muerte de Nicolás? Nunca, ¿verdad? Es porque este no puede morir —explicó Rodolfo.

—Comprendo erudito —intervino Alonso—, pero estamos hablando acá de su esencia malvada… o es que…

—No, estoy con la completa seguridad de que ése es Nicolás, el real —dijo tranquilamente.



Dakkita

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En el texto hay: misterios, romance, aventuras

Editado: 31.08.2019

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