Secuelas del pasado

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prólogo

La casa de Alison era un tanto grande para ella y el profesor, el jardín con una fuente ya no era lo mismo desde hacía tres años, las tardes de té se habían cancelado porque al señor de ojos rasgados no le gustaba, pese a que su nacionalidad dijese lo contrario y los fines de semana eran rotundamente aburridos. La biblioteca ya había sido terminada en su totalidad, libros ojeados y revistas leídas y algunas recortadas, el despacho de mamá y papá permanecían cerrados porque nadie más que el matrimonio contaba con llave y aunque Alison quería husmear para encontrar alguna posible pista, no podía.

Vivir en una casa grande es un privilegio que pocos gozan, sin embargo no es lo mismo una casa que un hogar. Cinco habitaciones disponibles y sólo dos personas habitando todo es muy solitario a decir verdad y Alison sabía de sobra lo que significa. Una adolescencia sin padres, considero que es algo doloroso, y mucho más, no saber si tus padres viven o ya no.

 

El profesor se había mudado hacía más de diez años, cuando Alison iniciaba el preescolar, la amistad con el padre de Alison era más de hermanos que de mejor amigo, y después de que este mencionó que su padre era un mafioso que lo abandonó de pequeño en la ciudad capital para protegerlo de sus enemigos y jamás volvió a saber nada de él más que por escasas cartas, y la última que recibió fue para darle indicaciones de una cuenta bancaria, le envió un abogado para protegerle y anexó que jamás se verían el detective Evans, el padre de Alison, le tomó un mayor afecto al profesor. Los años siguientes fueron pasando deprisa y en menos de lo que el profesor se esperaba le tocó devolver el favor al detective Evans cuidando de su hija.

Uno no suele darse cuenta de los años a menos de que no frecuentes algo, la casa en un principio era blanca, ahora, con un tono chocolate le daba un aspecto más viejo, y Alison era de las personas que detestan el amor a distancia, decía que el amor se representa por el blanco porque es puro aunque hay quienes prefieren rojo, después por chocolate y al final un tono negro tan lúgubre. Ella sólo deseaba que el color de su casa no fuese el reflejo de lo que sentía, pero, ¿quién podría decir lo contrario?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 



Gerardo Domínguez

#683 en Detective
#389 en Novela negra

Editado: 19.02.2018

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