Secuestrada Con El Amor

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Capítulo 1


—Scarlett, baja a desayunar—Escuché la voz de mi nana.

Suspiré.

Me levanté de la cómoda cama y me dirigí al cuarto de baño de mi habitación.

Me di una corta ducha, me puse mi toalla y miré mi reflejo en el espejo.

Lo limpié con la manga de la toalla ya que estaba empañado por el vapor del agua caliente.

Al observar mis ojeras debido al constante insomnio por mis pesadillas bajé la mirada.

Me puse la ropa interior dentro del cuarto de baño, fui a mi armario y saqué el uniforme del instituto.

—Solo faltan dos meses—Murmuré poniéndome el uniforme.

Me hice una cola de caballo y puse un poco de corrector en la parte de abajo de mis ojos para disimular mis ojeras.

Tomé mi mochila y mi móvil.

Un día igual al otro, solo que con menos animo que los anteriores.

Entré en la cocina y estaba mi nana, el mayordomo, mamá y papá.

—Hola—Saludé por educación.

—Hija—Sonrió mi madre, pareciera que esta mujer nunca deja de estar feliz, todos los días con la misma sonrisa, yo no lo soportaría, probablemente tendría arrugas si no se hiciera sus típicos cuidados en la piel.

Me senté a desayunar la deliciosa comida de mi nana.

— ¿Te gusta? —Preguntó mi padre riendo.

—Igual de delicioso que siempre—Contesté frustrada.

—Parece que la señorita gruñona no soporta la monotonía—Bromeó mi nana.

—Ya me acostumbre a la rutina—Puse mi plato vacío en el lavavajillas.

—Tal vez si fueras más positiva no sería una rutina para ti—Aportó mamá.

Solté un largo suspiro.

—Llegare tarde—Agarré las llaves de mi auto y salí de mi casa.

Ya el chofer había traído mi coche a la entrada, entré en el y conduje a casa de mi mejor amiga Natalie.

Toqué la corneta y ella salió corriendo de su casa.

—Mi madre está loca—Dijo al entrar.

Yo reí por primera vez en el día, esta chica siempre tiene un nuevo cuento.

— ¿Ahora que paso, Naty?—Pregunté conduciendo al instituto.

—Quería que le reventara un grano de la espalda y yo le dije, madre eso es asqueroso y ella me dijo, yo fui la que te di la vida... Ya sabes lo típico, y llegaste y me salvaste la vida—Reí de nuevo.

Estacioné el auto al llegar, nos dirigimos a la entrada del instituto y fuimos a nuestros casilleros, el de ella estaba a tres casilleros del mío.

—Hola, chicas—Saludó mi amigo Mason.

—Hola, Mason—Lo saludamos.

Saqué mis libros de historia y cerré el casillero.

—Hoy será la final ¿Vienen? —Preguntó Mason.

—Claro que sí, mariscal de campo—Le contestó Natalie.

—Deberías superar que soy mariscal, ya yo lo superé—Puso su mano en su hombro.

—Sabemos que no, Mason—Reí.

—Chss—Me calló.

Sonó el timbre de la primera clase y me dirigí al aula de historia de último año.

Me senté en los asientos del medio y abrí mi libro.

Empecé a oír a la voz de la profesora y una que otra voz de mis compañeros, pero no les estaba prestando atención y así estuve hasta el último timbre de salida.

Me dirigí a mi coche y Natalie subió después que yo.

— ¿Me pasas buscando para el partido? —Preguntó.

—Está bien—Contesté y la dejé en la entrada de su casa.

Me dirigí a mi casa y paré en un semáforo.

Era una calle por la cual a esta hora no transita mucha gente.

Lo siguiente que veo es como me apuntan con un arma fuera de mi ventana. Miró a la persona que me apunta y tiene el rostro cubierto.

Pisé el acelerador pero dispararon en mis neumáticos dejándome en el medio de la calle.

Salí del auto e intente correr, mi casa no esta tan lejos.

Varios chicos lograron atraparme y yo forcejeé.

— ¡Suéltenme! —Exigí— ¡Pueden llevarse el auto!

Nadie me respondía, lo siguiente que sentí es cuando ponen un paño en mi nariz y el fuerte olor invade mis fosas nasales, todo se vuelve negro y dejo de luchar.

 

Despierto somnolienta y adolorida, no veo bien las cosas pero intento levantarme, pero caigo de nuevo al piso.

Estoy atada, vi las cadenas amarradas en un palo de metal.

Miro a mí alrededor y hay varias personas hablando en el gran salón.

—Despertó—Escuché una voz masculina.

— ¡Auxilio! —Grité.

—Chss, Chss—Se acercó un chico riendo—Nadie te va escuchar, no gastes tu energía, porque la vas a necesitar.

— ¡Auxilio! —Intenté de nuevo y me dio una bofetada.

— ¿Eres tonta? —Preguntó y miré a los chicos y chicas que estaban atrás de él.

—No toques el trabajo­—Entró una persona a la habitación.



Maripilij

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En el texto hay: secuestro, estocolmo, amor

Editado: 09.09.2019

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