Selbstmord

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Puntos de Vista

Salí de Storville en busca de más información que me ayudara a encontrar las piezas faltantes con respecto a la vida de Timmy. Ahora tocaba analizar todo respecto a sus padres, saber que fue de ellos después de que Timmy se fue. Saber que era de ellos cuando Timmy estaba, pues, era necesario para poder resolver el rompecabezas… ¿rompecabezas?... “cada cual elige que rompecabezas armar”. Retumbó esa frase en mi cabeza como el disparo de un cañón, ese hombre extraño en el bar las había pronunciado aquella vez que nos conocimos, pero, ¿Qué significaban aquellas palabras?, ¿acaso decía que no debía meterme en esto? Eso era absurdo, pues, no hacía nada malo en buscar respuestas, a nadie había dañado, tampoco a mí mismo, así que decidí tomármelo tan solo como las palabras de un viejo borracho, que en su subidón de alcohol le dio por ser un filósofo reprimido de los cuales hay muchos.

Debía dirigirme a Mestër, que era una localidad a cien kilómetros de Storville, en donde, según Alice, había vivido Timmy. Conducía deprisa pues era menester llegar lo más rápido posible. Pasó la hora y media y ya había llegado a Mestër, el lugar era obviamente más grande que Storville, un aire urbano se metía por los sentidos a donde fueras a mirar: edificios medianamente grandes de 5 hasta de 6 pisos, carreteras pavimentadas, plazas con pasto artificial, tiendas y comercios de todo tipo, era muy diferente a lo que incluso yo estaba acostumbrado. No se podía considerar la ciudad más moderna del mundo, pero dentro de los lugares que yo había logrado conocer, sin duda Mestër, se llevaba la flor ganadora. Fue cuando llegué que saqué la hoja que me dio Alice, escrita estaba la dirección de los padres de Timmy, Calle Gürnie – 234, “búscalos y si no logras encontrarlos te darán información ahí”.

- Que raro – pensé – tener que pedir información para encontrar a dos personas, pero… pensándolo bien, me parecía raro solo porque me había acostumbrado a lo pequeño de Storville, Mestër era mucho más grande, así que era obvio que habría que pedir ayuda para encontrarlos.

Obviamente vuestro anfitrión no conocía el lugar, el proceder lógico en esta situación fue la de preguntar a las personas del lugar la ubicación exacta a la cual me dirigía la dirección escrita, todos ahí eran muy amables y todos respondían:

- Tranquilo, te dará cuenta cuando llegues ahí – y así fue que estuve conduciendo por casi media hora, buscando aquello que debía ser tan obvio a mi vista que, a pesar de la amabilidad local, nadie me decía exactamente qué es lo que me iba a encontrar. Después de hacer ese recorrido lo entendí y fue comprensible todo, había llegado a uno de los lugares más grandes del lugar, después de ese tiempo me di cuenta de que todos los comentarios que recibí después de cada ayuda estaban bien fundamentados en la burla de sus respuestas. Estaba ya a media cuadra del lugar y el lugar no pasaba desapercibido, y no creo que en alguna parte del mundo pase desapercibido el cementerio general de la comunidad, y no pude evitar quedarme atónito, Alice obviamente sabía aquello, y nunca me lo dijo, bueno, al menos no me lo dijo de frente, y aquello fue lo que me impresionó.

Al pasar por la puerta principal entendí claramente que sería empresa perdida el ponerme a buscar a dos personas específicas por mi cuenta en un lugar tan grande. Lo mejor era acercarse a informaciones para pedir la ubicación de los féretros, caminé hacia una puerta que tenía el nombre de “Informaciones”, entré a recepción, y una anciana mujer me recibió, sus cabellos eran blancos como la nieve, y sin embargo en sus ojos aún se notaban la más hermosa candidez de la esperanza, a la vez que mantenía una hermosa sonrisa en su rostro.

- ¿En qué puedo ayudarlo? – en vez de responder pensé por un momento en lo triste de la situación, me encontraba ahora frente a una anciana mujer, tan solo para aceptar mi derrota ante la muerte y el destino, aceptando que la empresa de armar ese rompecabezas de la naturaleza tan solo fue un proyecto vacío y sin futuro de avanzar. Tenía que aceptar el hecho de que el rompecabezas que quise armar ya no sería armado, no podía quedarme callado, debía responder a su pregunta, por lo menos estando ahí movería mi última pieza en este juego para que el destino, orgulloso como siempre, se dé el placer de derribar a mi Rey en este desequilibrado juego de poder.

- Buscaba la tumba de los señores Lindeyway, no sé exactamente la ubicación de sus féretros, pero es esencial que pueda encontrarlos – la señora me miró fijamente, parecía que trataba de escudriñar mi espíritu atormentado.



Antonio Bustillos

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En el texto hay: viajes, locura, suicidio

Editado: 26.11.2018

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