Selbstmord

Tamaño de fuente: - +

Sui Generis

La señora Lauren había muerto, el primer caso de homicidio del grupo delictivo, nunca se les pasó por la cabeza que una persona mayor sería más delicada, y que el golpe que le dieron, aunque no fue fuerte, provocó que se desmayara instantáneamente y producto de la caída se golpeara la cabeza provocándole un traumatismo, su cerebro terminó inundándose de sangre. Los asaltantes eran muchachitos que al enterarse de la muerte de la señora Loaren, cometieron suicidio en masa. Tan solo querían vivir una vida que fue demasiado para todos ellos. La herencia de la señora Loaren pasó a mis manos, administre el lugar, me mude lejos, una y otra vez, los inquilinos se fueron y vinieron otros, siempre recibía dinero de ellos, las pagas eran justas y además me ayudaba a vivir, me mudaba siempre, pronto la soledad acabó conmigo, perdido en un infierno de prostitutas y callejones sin salida perdía dinero en borracheras y clandestinas droguerías de la ciudad, en cada pueblo, por muchos años. Luego, llegué a Storville, la soledad acababa conmigo, hasta que la vi, en el mercado comprando cosas para su hogar, era Alice, algo me llamó la atención de ella, ella era gentil con todos, pero la mayoría la trataba mal, aun así, ella sonreía, ¿por qué? Era mi imaginación, seguramente, pero me daba la impresión de que le gustaba estar sola, yo lo había intentado y no podía hacerlo, pero ella, ella era mucho más fuerte, eso me llamaba la atención.

Pasaron los días y mis enfermas investigaciones sobre ella arrojaban comentarios acerca de su labor diaria. Al parecer Alice Morë, hija de Albert Morë, y Louis Sprêrker, era prostituta. Había llegado al pueblo por razones desconocidas, se creía que estaba metida en problemas legales, se rumoraba que era ex novia de un peligroso delincuente; sin embargo, el comentario más estúpido que escuché fue dicha por un grupo de personas que, aunque se jactaban de ser la imagen de la sabiduría y la moralidad de la ciudad, demostraban con su tan poca coherente imaginación que aquellos títulos que ellas se otorgaban tan solo tenían valor social en su mundo imaginario. Las viejas chismosas de la parroquia local comentaban que ella era un ¨súcubo¨, que había llegado al pueblo para poner en tela de juicio la moralidad de la comunidad ante los ojos de Dios. Nadie era capaz de darme información real, a excepción del nombre de sus padres, que era lo único que sabían de ella de manera cierta, el resto de las cosas tan solo eran especulaciones.

Fue esa noche en la que la vi, caía la noche en velo oscuro y frío, yo regresaba a casa después de haber pasado toda la tarde en el bar, decidí tomar una ruta diferente, siendo un hombre de rutina diaria, tomar esa decisión debió ser señal de un profundo aburrimiento en mi vida, así que acerqué mi auto a donde estaba ella, sentía que no podía dar crédito a lo que estaba viendo. Si bien había estado habituado a las palabras de los habitantes, verlo por mis propios ojos fue algo sorprendente, ¿Dónde estaba su dureza?, aquella mirada tan penetrante, ¿Dónde había desaparecido?, ahora solo se veía tristeza, dolor, frustración, humillación, no era la Alice que había visto con anterioridad.

- Serán treinta pesos la hora, no cumplo con todas la filias, el pago es por adelantado, si me siento incómoda con tus asquerosos juegos me largo, tengo un arma así que no intente molestarme - ¿Quién era esa chica?, no era la misma que le deseaba los buenos días a la gente del mercado con tanta alegría, ella era una Alice diferente, era una Alice que me daba miedo, ¿era verdad?, ¿Era yo o Timmy quien tenía miedo?

- Por supuesto… ¿sabes?, sube, calcula tu precio por toda la noche.

Conduje hasta mi casa, en el camino fui ideando alguna manera de descubrir si verdadera identidad, de descubrir cuál en realidad era la máscara que ocultaba a la verdadera Alice; si era la Alice matutina la real o acaso la dueña del deseo mundano de la noche profunda. Tenía que hacerla sentir cómoda, yo no la había contratado bajo los fines comunes de su rubro, no pensaba tener con ella, me fascinaba la idea de llegar a conocerla, eso era lo cierto, su presencia, aun sin saber nada absoluto de ella, a excepción de lo que se comentaba en el pueblo, provocaba una especie de paz en mí y quería saber por qué. Llegamos a casa y ella salió del coche, se notaba que esto era rutinario para ella, una especie de ritual diario que tenía que repetir con mucha cautela, esperó en el portón a que le abriera y luego entró en casa, se quitó la chaqueta; hasta ese momento yo no había notado que ella llevaba puesta una minifalda, que a causa de su diseño no dejaba mucho a la imaginación. Era brillante y de color rojo, sin duda alguna su manera de vestir estaba inspirado en el típico estereotipo de la prostituta de una novela parisina, también llevaba un top, este era negro, pero era semi-transparente, la elección fue a propósito, suponía que al dejar ver su silueta y la forma de su sostén atraería más clientes, lo cual era estratégicamente aceptable. Su sostén era de color negro, era fácil de notar que se trataba de una chica esbelta, su delgadez era natural, y por ello si uno tomaba atención podía ver que se notaban pequeñas acumulaciones de grasa en su abdomen, no era de forma exagerada, sin embargo, era notable con la atención adecuada. Hasta ese momento no me había dado cuenta de que en realidad ella era una chica bastante sexy y también, hermosa.



Antonio Bustillos

#928 en Detective
#442 en Novela negra
#6159 en Fantasía

En el texto hay: viajes, locura, suicidio

Editado: 26.11.2018

Añadir a la biblioteca


Reportar