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Capitulo 2

El tiempo pasaba y en cada estación del año se perdía mi esperanza de volver a verlo. Navidad estaba cerca, faltaba apenas tres días, las decoraciones estuvieron listas desde la semana pasada.

Rosa María, mi ama de llaves me ayudaba en las últimas preparaciones de la pequeña reunión que se daría hoy por la víspera de noche buena.

Los que vendrían serian amigos de marcos, mi esposo. Él estaba muy emocionado por todo esto y deseaba que todo estuviera perfecto para él.

 

–Julia, amor ¿sabes dónde está mi casaca?– preguntó marcos llegando a la cocina y sentándose en la silla de madera.

 

Lo miré sonriente mientras me acercaba a él depositando un tierno beso en sus labios.

Complacido con eso tomo mi cara nuevamente y volvió a besarme mientras susurraba un “te amo” en las comisuras de mis labios.

 

Sus besos y cariños, desde el día que se fue él de mi vida, se volvieron más apetecibles y confortantes para mí.

 

Le explique que su casaca la tenía Rosa porque la había lavado en la mañana y debía tomarla del tendedero.

 

–ya aprendió amarlo, señora– habló Rosa.

 

Asentí de manera complaciente haciéndole saber que tenía razón.

 

Le conté todo a Rosa María unos días después de la boda. Ella me vio llorando una mañana. Desde ese momento ella se volvió como mi madre y me ayudaba en todo lo que podía, me escuchaba y comprendía.

 

Después de unas horas me comencé a arreglar para recibir a los invitados. Mi larga vestimenta de un color carmesí estaba decorado con algunos lazos en el faldón y encajes en la parte superior del mismo, las mangas llegaban hasta mis codos. Mi cabello fue peinado hacia atrás y recogido con una delicada peineta de plata y cristales de colores.

 

Después de mirarme por unos minutos en el espejo decido bajar.

 

Había algo que me inquietaba un poco desde el momento en que Marcos me dijo de su reunión. La posibilidad que él llegara me rondó la cabeza por varios días. No le había preguntado a Marcos si tenía contacto con él o si lo había invitado, no quería que mi curiosidad por saber de él me delatara.

 

Parte de mi guardaba la esperanza de verlo y la otra se negaba a caer nuevamente en su mirada.

 

La idea de que él hiciera presencia esta noche desistió de mí al instante que marcos entró en la habitación.

 

–Estás preciosa, mi vida– una sonrisa de oreja a oreja se formó en rostro

 

No podía negar que sus palabras causaban fervor en mi ser. Sus atenciones y halagos me hacían sentir cada vez más segura y atraída hacía él.

 

–tú estás muy guapo, cielo– me acerqué a su cuello y lo besé de manera tierna.

 

Sus manos abordaron mis caderas estrujándolas hacia su cuerpo. Observé sus ojos marrones llenarse de calor. Bajé la mirada a sus labios.

De repente una de sus manos subió a mi rostro, acarició con su dedo índice mis pómulos, cerré los ojos como reflejo y suspiré. Podía sentir como sus latidos se aceleraban y su respiración se entrecortaba, aun con los ojos cerrados sabía que me estaba observando a detalle. Su tacto seguía recorriendo y trazando líneas en mi semblante, cuando llegó a mis labios mi cuerpo se estremeció, separé mis labios muy lentamente y besé sus dedos repetidas veces.

En un segundo sus brazos me tenían envuelta provocando que por la diferencia de altura mi cabeza quedará en su pecho. Mi frente fue abatida por varios besos mientras susurraba una y otra vez:

– ¡te amo, te amo, te amo!



TerraZ

Editado: 11.05.2018

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