Seres Almáticos. Fuerza de Voluntad.

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Viernes 3 de julio 07:00.

Viernes 3 de julio de 2015 07:00.

Estoy ansioso, saldremos de viaje dentro de un par de horas; no sé qué hora es, pero el sol ya empezó a colarse por las cortinas verdes de mi habitación.

Aún me encuentro medio dormido, arropado con mis cobijas azul cielo con detalles negros, en eso escucho ruidos provenientes del pasillo, lo más probable es que sean mis padres preparando los últimos pendientes del viaje; pensé en levantarme, pero la verdad, la flojera me dominó. Intenté abrir los ojos, pero mis parpados no respondían, supongo que se debe a que me acosté muy tarde anoche, no lo sé, no ha de tardar en venir mi madre a despertarme.

Abrieron la puerta de mi habitación, escuché unos pasos acercarse, al poco tiempo sentí la mano fría de mi madre, me revolví en mi cama y poco a poco logré despegar los ojos; observé a mi madre, tenía el cabello pelirrojo atado en una coleta, pero tenía algunos rizos cayendo a los lados; llevaba puesta una blusa blanca y pantalón de mezclilla, sus ojos grandes color chocolate me observaban con ternura – Buenos días, mi amor, ya es hora de levantarte – pasó sus dedos sobre mi cabello mientras me saludaba, sonreí – Buenos días, mamá, ¿Ya nos vamos? – correspondí el saludo a la par que me estiraba – Pues, si te levantas y te arreglas rápido, yo creo que sí – sugirió alegre, me senté sobre mi cama y la abracé antes de ponerme de pie, amo que venga a despertarme, lástima que no sea tan seguido. Sin pensarlo, tomé de mi armario la ropa que usaría, entré al cuarto de baño, puse mi ropa sobre una mesita y salí a darle un beso a mi madre, que seguía sentada en mi cama, mirándome.

Al entrar nuevamente en el cuarto de baño, me quedé admirando mi reflejo, mi cabello castaño caía en rizos, mis ojos café claro contrastaban con mi piel clara, tenía un lunar muy llamativo en mi cuello. Me mojé la cara y me desvestí para meterme a la regadera, el agua estaba tibia.

No tardé mucho en bañarme, salí a cambiarme al mismo tiempo que preparaba mi maleta, llevé la misma mochila que uso para la escuela ya que es pequeña y no estorba.

Una vez que terminé, tomé mi tableta y su cargador, el cual, guardé en los bolsillos de mi pantalón. Bajé a toda prisa por las escaleras – ¡Nos vemos el lunes! – me despedí de Jared mientras salía por la puerta principal, en el auto mi madre guardaba las mochilas en la cajuela  – Cuídense mucho – dijo Jared recargado en el marco de la puerta, mamá cerró la cajuela, me subí en los asientos traseros – Adiós, hijo – se despidió mi papá de Jared antes de subir al auto – Adiós, Jared – se despidió mi madre antes de cerrar la puerta del copiloto. Jared sonrió y entró a la casa.

Mientras nos dirigíamos a la casa de mis tíos Eduardo y Veatriz, me quedé observando el camino, no había tráfico, aún era temprano, escasamente las ocho y media de la mañana; el camino a la casa de mis tíos era bastante largo, muchas vueltas. Me estaba durmiendo cuando vi que pasábamos el último semáforo, al poco tiempo doblamos en una esquina y enfrente, a lo lejos, se podía apreciar la reja de la casa; mi papá se detuvo y tocó el claxon dos veces, unos segundos después se asomó un hombre de cara robusta, mi madre le mostró su credencial y éste sonrió, unos instantes más tarde, se abrió la reja muy lentamente, mi padre agradeció al portero con un ademán y entramos, como siempre, tuvimos que recorrer el camino rodeado de paisajes que tanto le gustan a mi tía, después de pasar por la fuente, nos detuvimos en la puerta, a un lado del jaguar de mis tíos.

Nos recibió Carla, una de las muchachas de la limpieza y nos dirigió al vestíbulo, en el cual se podía apreciar el gran talento artístico de mi tía; mis padres se acomodaron en el sofá café bronce que estaba junto a un pequeño librero. Mientras que yo me senté en el sofá de enfrente, saqué mi tableta y  jugué. Al poco tiempo escuchamos el timbre y unos pasos acercándose a donde nos encontrábamos, eran mis tíos, Víctor y Susana en compañía de mis primos Paúl y Yezenia, me levanté a saludar a mis tíos para luego irme al comedor con mis primos, ellos sacaron sus respectivos celulares y me mostraron sus últimas descargas; Paúl me mostró una aplicación que cambiaba la voz, él cree  que es perfecto para hacer bromas, en mi opinión le vería otro uso, pero no lo contradije, no quería discusiones. Sonaron unos pasos acercándose, mis tíos Eduardo y Veatriz nos saludaron uno a uno  – ¿ya están listos? – Preguntó mi tía después de saludarme – claro – respondí alegre – ¡sí! – Me secundó Yezenia – por supuesto, ¿a qué hora nos vamos? – Andaba inquieto Paúl, derrochaba mucha energía – en un rato nos vamos, sé paciente Paúl – le exhortó mi tío Eduardo.



Inari Masga

Editado: 22.05.2019

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