Seres Almáticos. Fuerza de Voluntad.

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Sábado 4 de Julio 5:30

Al despertar me encontraba en una cama, recordé que estaba en el hospital cuando escuché a alguien hablando de religión y vi a una persona escuchándole  en otra cama como la mía, observé mi ropa, traía una bata de un color azul pastel,  las sabanas me cubrían hasta el ombligo, así que me destapé  para ver mi pierna, el dolor se había desvanecido, seguramente se debiese a la anestesia. Mi pierna estaba enyesada desde la rodilla hasta el tobillo, moví los dedos del pie y no sentí dolor; miré por la ventana, el cielo estaba anaranjado, pronto amanecería, decidí levantarme, no pude sostenerme en ambas piernas, más eso no me impidió que intentara caminar con mi pierna sana, recorrí una cortina que estaba enfrente de mi cama color turquesa, me asomé y vi a una enfermera – Buenos días joven ¿Cómo se siente? ¿Le duele la pierna? – ella me observó, sonrió al percatarse que me sostenía de una pierna y la varilla del suero – hmm… no me duele, pero tampoco la siento – ocultó una risita con mi respuesta – la anestesia dura de ocho a diez horas y usted ha estado dormido alrededor de seis horas – ¿Dormí toda la noche? ¿Y mis padres? ¿Y Arielle? ¿Mis tíos? Me entró pánico, no sé cómo pero la enfermera se percató y colocó ambas manos en mis hombros – Tranquilízate, tus padres están en la sala de espera junto al resto de tu familia — en el instante, eso me tranquilizó y me distraje al escuchar a mi estómago ronronear, la enfermera sonrió  quitó sus manos de mis hombros – ¿Qué  le parece  si se recuesta, le traigo su desayuno mientras que habla con sus padres? – me relajé, no le respondí pero regresé a mi cama, supongo que entendió porque se fue. Poco tiempo había pasado cuando entró mi madre corriendo y me abrazó llorando – ¿Cómo está mi bebé? – Me preguntó entre sollozos – estoy bien, mami, ¿ya comieron algo? – Pregunté únicamente por curiosidad – sí, hijo, ya comimos, pero cuando te den de alta iremos  desayunar, porque dudo que te den un buen desayuno… – Disculpe le he traído algo para comer – mi madre tuvo que quitarse para que colocaran una pequeña mesa. Mi madre me acompañó mientras comía  y cuando finalicé, ella fue a hablar con el doctor, mi padre entró a ayudarme a cambiarme de ropa.

 

 

 

Cerca de las once de la mañana ya nos encontrábamos pagando la cuenta del restaurante, mi madre pasó  al tocador mientras que mi tío Víctor y mi papá me ayudaban a subir al auto, mi prima Arielle estaba seria e inexpresiva, como si no fuera  ella, mi tía Veatriz fingía que no pasaba nada, Paúl se la pasaba enojado y distante conmigo, Yezenia me quería explicar pero mi tía Susana se lo impidió. En la carretera mi padre hacía algunas llamadas mientras que mi madre conducía, el camino sería más largo que ayer porque mi madre no quiere acelerar, sin embargo, ahora que no está mi tío Eduardo,  Arielle tendrá que conducir y ella sí acelerará; después de pasar por la caseta, mi madre se estacionó, mi papá fue al baño mientras mis tíos y mi madre hablaban,  Paúl se quedó en el coche al igual que Arielle, Yezenia vino a  acompañarme – ¿Qué paso mientras estaba dormido? – ella tomó la bolsa de las bolitas de queso que tenía cerrada, la abrió y comió – pues tú, entraste a urgencias, tus padres hablaron con los doctores e hicieron formatos y después de un rato salieron las enfermeras a preguntar cómo había sucedido, tu mamá les contó, las enfermeras lloraron en la parte de la pérdida de mi tío Eduardo, y luego…. Ah, sí, las enfermeras abrazaron a Arielle – Yezenia intentó ocultar sus lágrimas mirando a todas partes mientras hablaba con la boca llena de las bolitas de queso – ¿por qué mi madre se molestaría en contarles lo sucedido? – Yezenia se secó las lágrimas con la mangas de su sudadera rosa y me miró sorprendida – No…. No lo sé, no me había puesto  pensar en eso, Paul está molesto, triste y demasiado mudo, creo que él se echa la culpa de tu herida y bueno, Arielle lo culpa de la muerte de su papá – ella miraba en dirección a su coche – ¿Cómo está ella? – La interrumpí y ella me miró cínicamente — ¿Cómo quieres que esté? Ambos sabemos lo que mi tío Eduardo representaba en esta familia, yo aún no puedo entender el cómo pasó, pero Arielle  lo vio todo… Bueno, luego hablamos – Yezenia  tenía razón, mi tío Eduardo era el confidente de todos, era divertido, nos cuidaba y sabía cómo ayudarnos en todo, el protegía mucho a Arielle y fue él quien le enseñó todo, gracias a él Arielle ama los libros, el arte y la música, por otra parte, él era el esposo de mi tía Veatriz, quien es la hermana menor de mi mamá, ella se había marchado a París, poco después lo conoció, vinieron a mi nacimiento un mes después  de que nació Arielle, yo soy el penúltimo de la línea familiar, ya que Yezenia es menor que nosotros por dos años. Me pregunto cómo podré ayudar a mi prima que es mayor que yo, pero más sensible…



Inari Masga

Editado: 22.05.2019

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