Seres Almáticos. Fuerza de Voluntad.

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Accidente.

 

“La muerte nos consuela, ¡ay!, y nos hace vivir;
es la meta de la vida, y única esperanza
que, como un elixir, nos eleva y embriaga,
[…]” Charles Baudelaire. La muerte de los pobres.

 

 

Era un día soleado de verano, ese día no había tenido clases y fuera de ello no había nada inusual aquella mañana, eran como las diez del día y yo me encontraba en uno de los sofás que tengo en el mini vestíbulo de mi enorme habitación, estaba leyendo uno de mis libros favoritos (animales salvajes), para entonces, ya había llegado a la sección de reptiles, y el cocodrilo me llamó mucho la atención por lo que leí con ansias de aprender más sobre este asombroso reptil. Cuando estuve a punto de terminar de leer esta sección, escuché la voz de mi padre – ¡Arielle! Baja cariño, tenemos visitas –.  Bajé a ver de quienes se trataba dicha visita y una vez en el vestíbulo decorado con las pinturas contemporáneas de mi madre, me di cuenta que se trataba de toda la familia que se había reunido para darme una sorpresa o eso fue lo que me dijeron, mis primos estaban en el comedor presumiéndose unos a otros las nuevas aplicaciones que habían descargado, o los juegos que están de moda que ya habían conseguido, mientras que mis padres y mis tíos estaban en la sala y por lo que vi los hombres estaban felices puesto que se les podía notar por la sonrisa de oreja a oreja que tenían, pero las mujeres estaban serias y pálidas como si hubieran visto un muerto, al ver semejantes caras, pregunté la razón. La cual, se trataba de que se organizó una salida a nadar – Empaca una pequeña maleta, con lo que vayas a necesitar en el viaje –. Obedientemente empaqué mis cosas en una pequeña maleta negra; una vez terminada bajé y no vi a nadie en el vestíbulo, así que supuse que ya estaban afuera y ¿qué creen? Así era, ¡todos estaban en sus respectivos automóviles! Mis tíos Víctor y Susana iban acompañados de mis primos Paúl y Yesenia en su volvo s60 color capuchino, mientras que mis tíos Roberto y Verenice tan sólo llevaban a mi primo Sam, ya que Jared se quedó en su casa haciendo una tarea, ellos usaban un auto más sencillo, un Mustang 2013 azul eléctrico, por último, mis padres y yo nos fuimos en nuestro jaguar XF 2013.

El camino se me hizo eterno, por lo tanto, decidí dormirme durante el transcurso del viaje y una vez que me quedé dormida tuve un sueño muy raro, soñé que estaba en la casa de mi tía Verenice con dos maletas enormes, ella junto con mis dos primos me miraban con ojos llorosos. Cuando desperté quise entender si había algún significado para este sueño, pero no lo encontré, fue muy extraño, ya que no es común que yo vaya a la casa de mi tía Verenice y muchísimo menos, que estén llorando enfrente de mí; mi tía Verenice es muy seria en mi presencia, no sé cómo sea cuando está

sólo con sus hermanos, pero, hasta dónde yo la conozco siempre ha sido así, mientras que mis primos, Sam es muy extrovertido, por él si creería que llorase…pero, ¿Por qué lloraría? Jared es muy orgulloso, así que debería de haber pasado algo muy grave para dejarse ver llorando.

Al llegar a dicho lugar, ya eran las seis de la tarde y empezaba a oscurecer, lamentablemente no era un balneario, sino que resultó ser una laguna. Cuando bajé de mi automóvil – ¡Ay, no! ¿Cómo se les ocurre? ¿No ven el peligro que hay aquí? – Exclamé alterada, lo cual, nadie comprendió por qué me comportaba así – Dramática, va a estar divertido. – Me contradijo Paul, él es el mayor de todos y el más atrevido.

Gracias a mi libro, yo sabía en donde había cocodrilos y que se encontraban totalmente escondidos, o bueno, eso creí. Había mucha gente nadando en aquel lugar, parecía que nadie se percataba del peligro hasta que, se escuchó un grito de dolor que provenía de una bella mujer de tan sólo unos veintidós o veintitrés años de edad, cabello rubio y ojos poco visibles. Ella gritó al sentir un mordisco en la pierna seguidamente por un jaloneo grotesco hasta que se sumergió y se vio en el agua un ligero color rojizo. Por mi parte, al escuchar semejante grito de dolor, me hinqué en el suelo, – A esto me refería... ¡¿ya ven?! Les dije que no era seguro nadar aquí. – exclamé, se me escapó una lágrima al ver cómo la gente salía lo más rápido que podía, luchando contra el agua para poder escapar del peligro. En ese instante, escuché otro grito, éste sonó muy familiar, uno de mis primos estaba en la laguna y había sido mordido, él estaba sujeto a un árbol cercano, intentando zafarse por sí mismo, sin embargo, al ver que no podía, pidió auxilio, el cuál fue respondido por mi padre y mi tío Roberto, quienes corrieron lo más pronto posible para ayudarle a salir.



Inari Masga

Editado: 22.05.2019

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