Seth Cook: La Historia Jamás Contada

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17: Soy tú.

1995.

El trece de febrero del siguiente año, Seth se levantó como una mañana habitual. Se puso las gafas, hizo su rutina de estiramiento y, por último, tomó su toalla y cepillo de dientes, dirigiéndose a la puerta de su habitación, tomando el pomo y abriéndola.

Sorpresivamente se encontró con Matt frente a él, descamisado como toda usual mañana, Seth levantó las cejas y observó la expresión del rubio, parecía indeciso, pero lo ocultó con una de sus habituales sonrisas honestas. Se pasó una mano por la nuca, mostrando nerviosismo.

—Bueno, estuve a punto de tocar tu puerta para averiguar si estabas despierto… —murmuró, observando a su compañero—. Y lo estás —soltó una risa seca—. Buenos días.

—Buenos días, Matt —le respondió el pelinegro, sonriéndole.

—Y feliz cumpleaños —continuó.

La sonrisa de Seth se extendió, mostrando sus dientes. Se acomodó las gafas, ocultando la emoción que apenas subía por todo su rostro.

—Gracias —movió la cabeza en un asentimiento y señaló las cosas que llevaba en su mano—. Iré a ducharme… ah, ¿te veo en el comedor?

Matt asintió y dio unas palmadas en el hombro izquierdo amigablemente.

—Claro, hermano.

Seth le ofreció una última sonrisa y caminó por los pasillos de aquella planta hasta llegar a las duchas. No había nadie dentro, raramente, aunque Seth no le prestó mucha atención. Se metió a uno de los cubículos, cerró la puerta, colgó la toalla y apoyó sus gafas en el muro donde se ubicaban los jabones y el champú, asegurándolas en aquel pequeño muro. Abrió la llave y dejó que el agua recorriera todo su cuerpo, cerró los ojos y levantó el rostro, sintiendo aquel líquido esparcirse y dejándole una sensación de tranquilidad. Cuando bajó su cabeza y abrió los ojos, se encontró con el color rojo; el agua de pronto se había vuelto sangre y él estaba bañando en ella. Su corazón dio un salto y exclamó un sonido de pánico.

—¿Qué… qué está pasando? —susurró, totalmente espantado.

Podía oler el hierro de la sangre cubierta en todo su cuerpo y cerró la llave como si le tuviera pavor, se alejó unos centímetros, con el rostro completamente atemorizado. Sus ojos se llenaron de lágrimas. Tragó en seco y se miró las manos, su respiración estaba agitada y tenía ganas de gritar, pero el nudo de su garganta no le dejaba. Intentó restregarse el cuerpo, pero fue inútil, no quitó nada, sólo lo empeoró. Comenzó a temblar.

—¿Por qué estás tan asustado? —dijo alguien.

Seth se giró con un grito ahogado, encontrándose con algo muchísimo más perturbador que lo que estaba viviendo. Se quedó sin habla, no podía creer lo que estaba frente a sus ojos.

—Santa madre de…

Sus orbes se abrieron por la sorpresa, era él mismo. Estaba parado frente a él, también desnudo, sólo que sin sangre en todo el cuerpo. Sólo estaba mojado. Seth dio un paso atrás, horrorizado. La persona frente a él podía tener sus mismas características, como un perfecto gemelo y hasta su misma voz, pero había algo totalmente diferente en lo que sea que fuera él. Algo más oscuro y tenebroso, algo altivo y hambriento.

—Hola —volvió a hablar y sonrió, pero esa sonrisa no hizo nada más que incomodar a Seth, era tan vacía.

—¿Quién eres? —preguntó, agradeció poder hablar a pesar de todo el pánico que invadía su cuerpo.

—Soy tú —respondió el muchacho idéntico a él—. O al menos… una parte de ti.

—Esto no es real —murmuró Seth, observando sus manos y brazos, todavía bañados en sangre—. Nada de esto es real.

El chico lo tomó del brazo con fuerza, manchándose la palma con el líquido rojo.

—¿Continúas creyendo que es una fantasía? —la azul mirada se posó en Seth fijamente, convenciéndole de todo.

Tragó en seco y apartó el brazo, todavía asustado.

—¿Qué quieres de mí? —preguntó, esa vez con un poco más de seguridad.

—Sólo quiero ser tu amigo —soltó una risa seca—. Podemos llevarnos muy bien.



Gabs

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En el texto hay: doblepersonalidad, tid, secretos

Editado: 04.01.2019

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