Seth Cook: La Historia Jamás Contada

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49: Él no es un asesino.

—¿Qué tan seguro estás acerca de eso? —le había preguntado su hija. Seth recientemente había salido de su oficina como si algo urgente hubiera ocurrido y Benjamin apenas y podía pensar—. Papá. Hey. ¿Estás escuchándome?

Benjamin Davis levantó la mirada de su escritorio y miró a su hija, parada frente a él, con las manos en la cintura y una expresión de enojo. Su cabello estaba suelto y las ondas de color azabache bajaban por sus hombros hasta por encima de la cintura, su iris como el color de las esmeraldas resaltaba en su mirada y esperaba a que su padre le diera una respuesta.

—Me tomé el tiempo para investigar —dijo, después de peinarse en cabello blanco hacia atrás—. Estoy muy seguro.

—Dios, papá… —Lady soltó un suspiro y caminó por la oficina—. No puedo creerlo. No puedes culpar a alguien sólo por un par de pruebas…

—Dije que me tomé el tiempo para investigar. Sé lo que hago, Lady —Benjamin se levantó, enojado y levantó la voz cuando continuó hablando—. Seth es culpable de algo dentro de las muertes de las personas relacionadas con él. Y hay dos opciones… es cómplice o los asesinó.

Se dio cuenta de que Lady no parecía querer escuchar lo que decía.

—Estoy consciente de lo importante que es Seth para ti y sé que quieres negar las posibilidades, hija… —el hombre soltó un suspiro, acercándose a la mujer de cabello negro con cierta calma— créeme, también lo anhelo. Pero los hechos indican directamente a él.

—¡Vamos, papá! ¿Qué ocurre contigo? —Lady estaba al borde de las lágrimas, más por el enojo que por otra cosa—. ¿Qué se ha metido a tu cabeza?

—Raciocinio —respondió con seriedad. A Lady se le crispó el rostro—. Algo que debes tener ahora mismo, agente Davis. No puedes estar cegada por lo mucho que quieres a Seth. En estos momentos espero que te comportes como la profesional que siempre has sido y pienses con cabeza fría.

Lady frunció el ceño y se enfrentó a su padre en un duelo de miradas por unos breves segundos.

—Razona todo lo que quieras, papá. Sabes perfectamente que no soy y nunca seré como Charlotte —le levantó el dedo índice, tocándole el pecho donde justo estaba su corazón—. Siempre seguiré lo que siento aquí. Y todo me dice que hay algo que no encaja. Seth puede ser todo lo bueno que imagines, pero, diablos, ¿un asesino?

Soltó una risa irónica.

—Debes estar loco para pensarlo.

Y se marchó, dejando a Benjamin con el pecho estrujado y sin palabras. Pero sin hacerle cambiar su decisión.

El resto del día estuvo haciendo órdenes y organizando a los hombres para la inspección de la casa de Seth, incluida su captura y estuvo ansioso hasta que el sol se ocultó, cuando, de un momento a otro, recibió noticias de que el agente Cook había logrado escapar y habían perdido su rastro.

—Cerca de Old Mill Creek, señor —le confirmaron.

El nombre lo llevó inmediatamente a uno de los peores momentos de su vida. El día que vio cómo se llevaban a su hija, a lo único que le quedaba, ser llevaba en medio de una tormenta, por culpa de un legado que él nunca había querido tener de su padre. Revivió el exacto momento en el que la vio, atada a una columna y recordaba como su pecho dolió cuando ella le pedía ayuda con la mirada.

—¿Qué ocurrió, agente? —preguntó Seth con ira, Benjamin sabía que estaba allí y que Matt lo acompañaba, pero todo lo que había ocurrido lo tenía con la mente en blanco—. ¿En qué malditas cosas está metido?

—Seth… —le llamó Matt, preocupado.

Se dio cuenta que lo ignoró.

—¿Pertenece secretamente a una pandilla? ¿Vende cosas ilegales a «gente importante»? ¿Debe una gran cantidad de dinero? —volvió a hacer preguntas, Benjamin sentía la mirada del chico sin despegarse ni un momento, pero él no se atrevía a darle la cara—. Por favor, Benjamin. ¡A Charlotte la asesinaron hace tres años! ¿Y ahora Lady?

—No había necesidad de mencionar a Charlotte… —susurró, la voz se le escuchó ronca, todavía con la vista rojiza pegada a la pantalla del computador.

—¿Está haciendo siquiera algo, agente Davis? —exclamó Seth.

Entonces Benjamin Davis por fin le miró, pero decidió mantenerse callado. No estaba ni siquiera enojado con el novio de su hija, sólo se sentía extremadamente cansado y quería escapar de todo. Seth, al contrario, había perdido la paciencia. Vio como estaba dispuesto a abalanzarse hacia él para hacerlo reaccionar o algo similar, pero Matt lo detuvo casi de inmediato, como si supiera lo que su amigo estaba a punto de hacer.



Gabs

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En el texto hay: doblepersonalidad, tid, secretos

Editado: 04.01.2019

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