Si la vida te da limones, exprímelos a polvos

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Capítulo 29

MARTA


La jornada se me está haciendo muy larga y no puedo dejar de pensar en lo que le voy a decir a Marcos. No sé si os lo habré dicho, pero a pesar de su aspecto de chico duro y valiente es todo lo contrario. Las noticias fuertes hay que decírselas con delicadeza porque se altera demasiado y es capaz de darle un infarto. Alex, cuando tenía doce años, se tropezó mientras estaba corriendo y se estampó contra un muro de hormigón. Estuvo dos semanas la pobre con la cara hinchada y morada, parecía que le habían pegado una paliza. Bueno, el caso es que los padres de Marcos y Alex, le dieron la noticia a Marcos y acabó en una camilla al lado de Alex. Tuvo un ataque de pánico tan jodido que se desmayó con tal mala suerte que nadie pudo cogerlo a tiempo y se dió contra el suelo. 


Por suerte, Alex y Susana van a estar conmigo por si le pasa algo. He quedado con él a las tres de la tarde para comer en casa ya que Susana va a cocinar su plato estrella y mi favorito, espaguetis a la boloñesa. Que hambre me he entrado y encima no tengo nada a mano para llevarme a la boca. Ir a la cafetería está descartado, hace frío y tengo un montón de trabajo así que mejor me espero que queda media hora para salir. Entre tanto trabajo se me ha pasado el día volando, pero cada vez queda menos para darle la noticia a Marcos y me estoy poniendo nerviosa. Eso en mi caso no es nada bueno, así que hago los ejercicios de respiración que me enseñó la sicóloga y en menos de cinco minutos vuelvo a recuperar mi estado de relajación.


Suena el timbre y mis niños salen corriendo cómo si tuvieran un petardo en el culo, aunque antes de salir se despiden de mí. Son un amor y no soy consciente que en unos meses voy a tener uno. Ahora mismo sólo necesito que Marcos se lo tome bien y me pueda acompañar al ginecólogo mañana. Meto las cosas en el bolso y agarro mis libretas y papeles para ir a casa y ponerme cómoda.

Llego a casa en la mitad de tiempo que lo normal y haciendo malabares abro la puerta. Nada más abrir la puerta escucho a Susana correr y a Alex cantar y bailar por sevillanas. Por lo mal que canta, se nota que está borracha. Algo ha pasado para que Alex esté así y no ha sido nada bueno. Ella siempre ha defendido que hay que emborracharse en compañía, que beber sola es de perdedoras. Susana me ve y casi me come a besos.


-Ayudame a controlar a la fiera, que como siga así nos mandan a los GEO para que se calle.- Rápidamente, suelto las cosas en el suelo sin importarme nada más que mi amiga y cuando entro al salón no puedo evitar partirme de risa.


-¿Qué hace Alex con un traje de flamenca de niña de seis años con una flor del jarrón de la entrada y encima del sofá con un cucharón como si fuera un micrófono?- Susana también se ríe.

-Pues no lo sé, cuando he llegado del médico estaba así y le he preguntado pero nada. Supongo que será algo del trabajo porque ha tenido que ir a la oficina hoy.

-¿Pero no está de vacaciones? ¿No la pueden dejar en paz? Ese trabajo es una mierda, encima que la tratan como si fuera una esclava, le pagaban una miseria. Por cierto, ¿no hueles a quemado?

-Mierda, la comida.- Sale corriendo a la cocina y desde allí me grita.- Baja a Lola Flores del sofá y dale una ducha de agua fría a ver si se le pasa el colocón. Voy a prepararle un café.

-Eso será si puedo, porque lleva un colocón curioso.- Y es cierto, está muy muy borracha.- Alex, mi amor, ven conmigo.

-¡Miralá cara a cara que es la primera! ¡Oleeeeeeeee!- Y sigue bailando.

-Alex, baja. Venga. Que vamos a por una piruleta.- Le encantan, así que si funciona le compro diez. Y efectivamente, funcionó.

-Vale, ¿es de fresa?- Cuando se entere que no tengo, me mata.

-Sí, sí es de fresa.- Me estoy volviendo una mentirosa patológica, pero esto no cuenta, es una tontería. La llevo al baño e intento quitarle la ropa pero se está poniendo tonta y no me deja. Así que con la poca fuerza que tengo la meto en la bañera, con ropa y todo,  y le abro el grifo de agua fría.

-¡MARTA PON EL AGUA CALIENTE QUE TE MATO!- Ya vuelve a la vida. Apago el agua y le paso la toalla. Se mira al espejo y se intenta peinar.

-Parezco el pollo calimero recien salido del huevo.- Nos partimos de risa y salimos del baño. Ella va hacia su cuarto para cambiarse y yo voy a poner la mesa que a lo tonto, ya mismo viene Marcos.
Diez minutos después, llaman al timbre. Voy a abrir y me encuentro a Marcos, visiblemente nervioso.

-Hola cariño. ¿Cómo estás?- Le doy un beso y mientras le contesto hago gestos para que entre. Justo en ese momento, sale Alex. 

-Buenas hermanito, se te ve nerviosillo.- La cabrona está disfrutando.

-Yo por lo menos, no parezco un pollo. Ve y péinate anda.- Marcos tampoco se queda corto con el cachondeo. Justo en ese momento, sale Susana.

-Vamos a comer, luego te secas la melena.- A Alex no le hace falta más ya que siempre tiene hambre.

Mientras comemos estamos en silencio, sólo se escuchan los tenedores. Yo no levanto la mirada del plato, no paro de pensar en cómo le voy a decir a Marcos lo del embarazo. Cuando doy con la forma de decírselo, la pongo en práctica.



LittleLioness1

Editado: 15.02.2020

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